Más de seis décadas después del primer vuelo espacial de una mujer, una pregunta básica de la medicina espacial sigue sin respuesta: ¿cómo afecta la microgravedad a la menstruación?
Para intentar resolverla, las ingenieras e investigadoras Manju Bangalore y Priya Abiram participarán en Operation Period-01, una misión suborbital prevista para 2027 en colaboración con Virgin Galactic y el laboratorio Redshift. El objetivo será realizar el primer estudio específicamente diseñado para analizar el comportamiento del ciclo menstrual en condiciones reales de microgravedad.
Aunque alrededor de un centenar de mujeres han viajado al espacio desde que Valentina Tereshkova lo hiciera en 1963, la mayor parte de los conocimientos disponibles procede de experiencias individuales y registros históricos, no de investigaciones científicas controladas.

Un vacío científico que lleva más de 60 años
La medicina espacial ha estudiado durante décadas cómo la microgravedad afecta a los huesos, los músculos, el sistema cardiovascular, el sueño o la salud mental de los astronautas. Sin embargo, la menstruación prácticamente quedó fuera de esas investigaciones.
Las responsables de Operation Period consideran que esa ausencia representa una importante brecha en el conocimiento sobre la salud femenina durante las misiones espaciales.
Lo que sí se sabe es que varias astronautas han menstruado en el espacio sin sufrir problemas operativos. No existen evidencias de que el ciclo menstrual impida realizar las tareas habituales de una misión. Sin embargo, el reducido número de casos hace imposible extraer conclusiones sólidas sobre cómo responde el organismo en microgravedad.
La principal incógnita está relacionada con el comportamiento de los fluidos corporales. La microgravedad modifica la distribución de líquidos dentro del cuerpo y los investigadores quieren comprobar si ese fenómeno puede influir en el flujo menstrual o en otros procesos fisiológicos asociados al ciclo.
La misión intentará obtener datos por primera vez
Antes del vuelo, el equipo ya realizó experimentos en laboratorio para simular algunos efectos de la microgravedad. Sin embargo, Operation Period-01 permitirá obtener datos en un entorno real durante un vuelo suborbital.
Aunque la duración de la microgravedad será de apenas unos minutos, las investigadoras consideran que será suficiente para observar el comportamiento de distintos procesos biológicos y validar los modelos desarrollados en tierra.
El proyecto también pretende mejorar la planificación de futuras misiones de larga duración, especialmente aquellas con destino a la Luna o Marte, donde cada aspecto relacionado con la salud de la tripulación cobra una importancia mucho mayor.

Los prejuicios acompañaron a las primeras astronautas
Durante muchos años existieron temores infundados sobre la posibilidad de que la menstruación representara un problema en el espacio.
En la década de 1970 algunos médicos llegaron a plantear que la ausencia de gravedad podía provocar un flujo retrógrado hacia el abdomen y aumentar el riesgo de enfermedades como la endometriosis. Con el tiempo quedó claro que esas preocupaciones carecían de evidencia científica.
Otro ejemplo conocido ocurrió en 1983, cuando Sally Ride recibió la pregunta de si 100 tampones serían suficientes para una misión de apenas una semana. La anécdota terminó convirtiéndose en un símbolo de lo poco que se conocía sobre las necesidades específicas de las astronautas.
Actualmente muchas mujeres optan por suprimir temporalmente la menstruación mediante anticonceptivos hormonales durante las misiones espaciales. Una de las razones es que los sistemas de reciclaje de agua funcionan mejor cuando no deben procesar sangre menstrual, aunque técnicamente la menstruación puede manejarse de forma similar a como ocurre en la Tierra.
Un estudio que también podría beneficiar a la medicina
Las responsables de Operation Period-01 esperan que los resultados permitan a las futuras astronautas decidir con mayor información si desean mantener o suprimir su ciclo menstrual durante una misión.
Pero las aplicaciones podrían ir mucho más allá de la exploración espacial. Comprender cómo responde el organismo femenino en condiciones extremas también podría aportar nuevas pistas para investigar enfermedades como la endometriosis o el síndrome de ovario poliquístico, además de mejorar el conocimiento sobre la fisiología del ciclo menstrual.
Si la misión se desarrolla según lo previsto, Bangalore y Abiram no solo realizarán el primer estudio de este tipo en microgravedad, sino que también se convertirán en dos de las mujeres de origen surasiático más jóvenes en viajar al espacio.
Más de 60 años después del vuelo de Valentina Tereshkova, la exploración espacial sigue respondiendo preguntas fundamentales. En este caso, una que nunca debió esperar tanto tiempo para ser investigada.