El mundo despide al primer Papa argentino, Jorge Bergoglio, con una mezcla de dolor y gratitud. Su muerte, ocurrida este lunes de Pascua, deja un vacío profundo tanto en los pasillos del Vaticano como en los corazones de millones de fieles. El papa Francisco no solo fue un líder religioso, sino también un símbolo global de esperanza, inclusión y justicia social.
El anuncio que paralizó al Vaticano

A las 7.35 de la mañana, el cardenal Kevin Farrell confirmó en el canal de televisión del Vaticano el fallecimiento del papa Francisco en su residencia de la Casa Santa Marta. Tenía 88 años. “Queridos hermanos y hermanas, con profunda tristeza debo anunciar el fallecimiento de nuestro Santo Padre Francisco”, expresó Farrell, visiblemente conmovido.

La noticia corrió como un rayo por todo el mundo. En su comunicado oficial, el Vaticano resaltó que Francisco dedicó su vida “al servicio del Señor y de su Iglesia”, destacando su compromiso inquebrantable con los valores del Evangelio y su entrega a los más necesitados. El mensaje final fue una plegaria: “Encomendamos el alma del papa Francisco al infinito amor misericordioso del Dios Uno y Trino”.
Una salud frágil que no apagó su espíritu

La salud del pontífice se había deteriorado en los últimos meses. Desde el pasado 14 de febrero, Jorge Bergoglio permanecía internado tras ser diagnosticado con neumonía bilateral, afección que se complicó por problemas respiratorios, una insuficiencia renal y una infección polimicrobiana. El tratamiento incluyó transfusiones, oxígeno y cuidados intensivos.

Pese a lo delicado de su situación, el papa experimentó una lenta recuperación y fue dado de alta el 23 de marzo. Durante sus últimas semanas, bajo vigilancia médica constante, logró retomar algunas funciones propias de su cargo como obispo de Roma, aunque en un formato reducido. Su aparición pública más reciente fue tan sorpresiva como emotiva: ante miles de fieles que no sospechaban que sería la última.