Si no sabes exactamente dónde está, puede que ni lo veas. Pero desde el aire (o desde Google Earth) es imposible no darse cuenta: un enorme agujero de 23 metros de profundidad que lleva abandonado en mitad de la ciudad de Chicago desde que estalló la crisis financiera en 2008.

El lugar donde está ubicado este agujero es justo el sitio donde, en plena burbuja inmobiliaria en el 2007, una promotora planificó un gran rascacielos que se llamaría The Spire. Iba a ser el edificio más alto de EE.UU. y el segundo del mundo. Su coste iba a superar los 1.000 millones de dólares y el arquitecto español Santiago Calatrava estaba detrás del diseño. Pero estalló la crisis financiera y se llevó consigo el suelo del Spire, igual que el de muchas otras promociones inmobiliarias.

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Ahora que la crisis ya casi ha quedado atrás (al menos en EE.UU.), los propietarios de la zona se enfrentan a una gran pregunta: ¿qué hacer con este enorme agujero, el proyecto y el terreno? Aún no se ha tomado una decisión, pero una revista local, Chicago Magazine, ha pedido a los arquitectos locales que aporten ideas. Y no tienen desperdicio.

De zona de construcción a ruinas

A mediados de 2008, la zona de construcción, donde ya se habían creado los cimientos, no era más que un lugar desierto y silencioso.

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Durante estos últimos 7 años, el futuro del proyecto ha estado ligado a procedimientos legales de millones de dólares. El diario Chicago Business lo explicó muy bien el mes pasado, señalando que aunque el caso de bancarrota de los dueños del terreno ya estaba aclarado, “lo que ocurre con el agujero en el suelo más famoso de Chicago no se decidirá en absoluto pronto”.

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Los cimientos aún en construcción en el 2008. Foto superior: AP /Shelbourne, Brian Kersey. Foto inferior: Marcin Wichary/CC

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Desde entonces, la zona del agujero ha permanecido prácticamente inalterada. Si pasabas cerca en coche, probablemente lo confundirías con un terreno abandonado con vallas alrededor piedras y maleza. Es solo desde el aire cuando te das cuenta de que en realidad es un enorme agujero, incluidos los cimientos de acero y hasta los andamios abandonados que te permiten descender hasta el fondo.

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La zona en el 2010, desde el suelo y vista desde Google Earth. Foto superior: Scott Olson/Getty Images.

El debate ahora es qué hacer con el agujero. ¿Debe simplemente cubrirse y eliminarse, como si nada hubiera pasado? ¿Debería albergar un nuevo edificio de las mismas dimensiones y diseño que el Spire? ¿Se debería resucitar exactamente el proyecto inicial?

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Las ideas

Ian Spula, de la revista Chicago Magazine, hizo esta misma pregunta a un grupo de arquitectos locales. Sus propuestas, que puedes ver al completo aquí, iban desde instalar un centro de datos en el agujero a convertirlo en un anfiteatro.

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Martin Felsen y Sarah Dunn, de UrbanLab, propusieron convertir los cimientos en una especie de enorme piscina a la que los ciudadanos de Chicago podría acudir en verano para darse un baño. Funcionaría con la propia agua filtrada y purificada del Lago Michigan. Según los diseñadores, los bordes del agujero serían de arena, e iría de menos a más profundidad según te acercabas al centro, donde el agua mantendría los 23 metros de profundidad.

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Imágenes de Martin Felsen ySarah Dunn, de UrbanLab, cortesía de Chicago Magazine

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Otra idea del arquitecto Michael Day, de VOA, consiste en instalar una planta hidroeléctrica dentro del agujero (imagen debajo). La propuesta sería también filtrar el agua del lago, pero a la vez generar electricidad para el vecindario.

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El arquitecto de paisajes Peter Schaudt, del estudio Hoerr Schaudt, imaginó crear una especie de santuario para pájaros dentro del espacio, utilizando una especie de red elevada a modo de nido gigante donde podrían vivir pájaros de todas las especies.

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Imagen de Peter Schaudt, del estudio Hoerr Schaudt’s, cortesía de Chicago Magazine

La intención de la revista Chicago Magazine parece que no era crear propuestas “realistas” para la zona. Más bien es un intento de generar debate sobre el agujero y desencallar la situación, en lugar de aportar un plan concreto. Y es un buen comienzo.

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De momento, el que iba a ser el segundo edificio más alto del mundo seguirá siendo solo un punto vacío junto al Lago Michigan. Aunque no sirva para otra cosa, ya vale para algo: recordar las consecuencias que pueden tener proyectos inmobiliarios excesivamente optimistas en época de vacas gordas. Ahora habrá que ver si volvemos a caer en la misma trampa. O agujero.

Puedes leer la historia completa de Ian Spula en Chicago Magazine aquí.

Foto de portada: Forgemind ArchiMedia/CC

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