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Ciencia

New Horizons acaba de despertar a 9.500 millones de kilómetros de la Tierra. Tras 321 días en hibernación, la sonda se prepara para estudiar la frontera donde el dominio del Sol comienza a debilitarse

New Horizons ha completado la hibernación más larga de toda su misión a unos 9.500 millones de kilómetros de la Tierra. La histórica sonda de Plutón se encuentra en perfecto estado y comenzará una nueva campaña para estudiar el hidrógeno, el plasma solar y el polvo en las regiones exteriores de la heliosfera.
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Una señal de radio atravesó 9.500 millones de kilómetros de espacio vacío antes de llegar a una estación de la Red del Espacio Profundo situada cerca de Madrid. Habían pasado exactamente ocho horas y 52 minutos desde que salió de New Horizons, una pequeña nave que lleva más de dos décadas alejándose de la Tierra.

El mensaje no contenía imágenes espectaculares de un planeta ni anunciaba el descubrimiento de un mundo desconocido. Simplemente confirmaba que la sonda de la NASA había despertado correctamente después de pasar 321 días en hibernación.

A semejante distancia, saber que una nave sigue funcionando ya es una pequeña hazaña.

Según informó la NASA, los controladores del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins confirmaron el despertar el 23 de junio de 2026. New Horizons ejecutó de manera autónoma unas instrucciones que habían sido cargadas en su ordenador principal el año anterior y salió en buen estado del periodo de hibernación más prolongado de toda su misión.

Ahora deberá transmitir los datos acumulados mientras permanecía aparentemente dormida y comenzar una nueva campaña científica en una región donde la influencia del Sol se mezcla progresivamente con el entorno interestelar.

Una nave dormida que nunca dejó de trabajar

New Horizons entró en hibernación el 7 de agosto de 2025. El procedimiento no equivale a apagarla por completo: gran parte de sus sistemas queda desactivada, la nave mantiene una rotación estable y su ordenador de vuelo vigila constantemente cualquier anomalía.

De acuerdo con la NASA, esta estrategia permite reducir el desgaste de los componentes, ahorrar energía y disminuir el coste de las operaciones terrestres durante los largos periodos en los que no existe un objetivo cercano que sobrevolar. Desde 2007, New Horizons ha entrado en hibernación en 23 ocasiones, aunque ninguna etapa anterior había durado tanto.

Una vez por semana, la sonda enviaba una baliza muy sencilla para comunicar su estado. Alice Bowman, responsable de operaciones de la misión en Johns Hopkins APL, explicó que todos los informes recibidos durante esos 321 días aparecieron en verde, una señal de que los sistemas se encontraban funcionando con normalidad.

La hibernación tampoco detuvo por completo la actividad científica. Tres instrumentos continuaron recogiendo información durante las 24 horas del día: el detector de plasma Solar Wind Around Pluto, el espectrómetro de partículas energéticas PEPSSI y el contador de polvo Venetia Burney.

Esos equipos registraron el entorno de partículas cargadas procedentes del Sol y la presencia de polvo en el Cinturón de Kuiper. Los datos permanecieron guardados a bordo porque, durante la hibernación, los controladores no envían instrucciones ni descargan información científica.

El primer gran trabajo de New Horizons tras despertar consiste precisamente en enviar todo ese material a la Tierra. No será un proceso inmediato: la enorme distancia limita la velocidad de transmisión y obliga a coordinar cada contacto con la Red del Espacio Profundo.

Una misión que comenzó apuntando hacia Plutón

New Horizons fue lanzada el 19 de enero de 2006 a bordo de un cohete Atlas V. Salió de la Tierra a unos 58.500 kilómetros por hora, la mayor velocidad de lanzamiento alcanzada hasta entonces por una nave espacial respecto a nuestro planeta.

Tras recibir un impulso gravitatorio de Júpiter en 2007, llegó a Plutón el 14 de julio de 2015. Fue la primera nave en observar de cerca el planeta enano, sus lunas y una superficie mucho más dinámica de lo que los científicos esperaban.

Las imágenes revelaron glaciares de nitrógeno, montañas de hielo de agua, neblinas atmosféricas y la gigantesca región con forma de corazón conocida como Sputnik Planitia. Según recuerda la NASA, el conjunto de datos obtenido durante aquel encuentro tardó más de 15 meses en transmitirse por completo debido a la distancia y a una velocidad de envío de apenas uno o dos kilobits por segundo.

La misión volvió a hacer historia el 1 de enero de 2019, cuando sobrevoló Arrokoth, un pequeño objeto rojizo del Cinturón de Kuiper situado unos 1.600 millones de kilómetros más allá de Plutón. Ninguna nave había estudiado anteriormente un objetivo tan remoto.

Desde entonces, New Horizons ha dejado de ser exclusivamente una misión planetaria. Su posición la convierte en un observatorio privilegiado para estudiar las regiones exteriores de la heliosfera y los objetos helados que permanecen como fósiles de la formación del Sistema Solar.

La próxima tarea será observar el hidrógeno

New Horizons acaba de despertar a 9.500 millones de kilómetros de la Tierra. Tras 321 días en hibernación, la sonda se prepara para estudiar la frontera donde el dominio del Sol comienza a debilitarse
© NASA.

Unas tres semanas después de su despertar, el espectrógrafo ultravioleta Alice comenzará a estudiar la distribución del hidrógeno en la heliosfera exterior.

La heliosfera es una enorme burbuja creada por el viento solar, el flujo de partículas cargadas que el Sol expulsa continuamente en todas direcciones. Dentro de ella, el entorno espacial está dominado principalmente por nuestra estrella. Más lejos, esa corriente comienza a frenarse y a interactuar con el gas y el plasma del medio interestelar.

El hidrógeno neutro procedente del espacio interestelar puede penetrar en la heliosfera e interactuar con las partículas solares. Observar cómo se distribuye y cómo emite radiación ultravioleta permite reconstruir la estructura de esta burbuja y comprender mejor la relación entre el Sol y su vecindario galáctico.

Mientras Alice realiza estas observaciones, los instrumentos SWAP, PEPSSI y Venetia Burney seguirán midiendo el viento solar, las partículas energéticas y el polvo. El equipo terrestre también comprobará el funcionamiento general de la nave y continuará actualizando el software utilizado para controlarla.

New Horizons opera ahora con nuevas rutinas autónomas preparadas para compensar la reducción gradual de la energía disponible y el aumento constante del tiempo que necesitan las señales para viajar entre la nave y la Tierra.

Todavía no está en el espacio interestelar

La región que investiga New Horizons suele describirse como la frontera del Sistema Solar, aunque existen varios límites distintos y conviene no confundirlos.

El primero es el choque de terminación, donde el viento solar, que hasta ese momento se desplaza a velocidades supersónicas, se frena abruptamente al encontrar la presión del medio interestelar. Más lejos se encuentra la heliopausa, considerada la verdadera frontera exterior de la heliosfera.

Las sondas Voyager 1 y Voyager 2 ya atravesaron ambas regiones y entraron en el espacio interestelar. New Horizons todavía no ha llegado hasta allí y no existe un paso inminente anunciado por la NASA. Su importancia reside en que está reuniendo información desde una trayectoria y con instrumentos diferentes, lo que permite comparar cómo cambia la heliosfera dependiendo de la dirección y del ciclo de actividad solar.

A diferencia de las Voyager, lanzadas en 1977, New Horizons incorpora sensores de partículas, plasma y polvo desarrollados varias décadas después. Sin embargo, las misiones no son directamente intercambiables: Voyager cuenta con instrumentos capaces de detectar campos magnéticos que New Horizons no posee, mientras que esta última aporta mediciones complementarias y observaciones ultravioletas especialmente valiosas.

La sonda se aleja de la Tierra y del Sol a un ritmo aproximado de 483 millones de kilómetros por año. También produce cada vez menos electricidad porque su generador termoeléctrico de radioisótopos pierde potencia lentamente con el paso del tiempo.

Pero sigue viva. Veinte años después de su lanzamiento, mucho más allá del mundo que la convirtió en una misión histórica, New Horizons continúa recogiendo señales de una zona que ninguna nueva nave visitará en décadas. Ya no busca únicamente otro Plutón: ahora intenta comprender hasta dónde llega realmente el Sol.

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