Una misión que ya superó con creces su objetivo original
Cuando New Horizons despegó en 2006, su gran objetivo era llegar hasta Plutón y estudiar de cerca un mundo que hasta entonces apenas conocíamos como un pequeño punto lejano. La nave completó esa misión con éxito en 2015 y reveló un planeta enano mucho más activo y complejo de lo que los científicos esperaban, con enormes llanuras heladas, montañas y una superficie geológicamente dinámica.
Pero la historia de la sonda no terminó allí. Después de Plutón continuó avanzando por el cinturón de Kuiper y, en 2019, sobrevoló Arrokoth, un pequeño objeto formado por dos lóbulos situado a miles de millones de kilómetros de la Tierra.
New Horizons seguía funcionando correctamente, por lo que los investigadores encontraron un nuevo objetivo para ella: aprovechar su posición excepcional para estudiar las regiones exteriores del sistema solar y, especialmente, la heliosfera.
El problema no está en la nave, sino en la financiación
A diferencia de otras sondas veteranas que han tenido que apagar instrumentos por falta de energía, New Horizons todavía se encuentra en buenas condiciones. El problema está en la Tierra. Según la información disponible, la NASA habría retenido alrededor de 2 millones de dólares de su presupuesto anual, una cantidad necesaria principalmente para mantener al equipo científico encargado de procesar e interpretar los datos enviados por la nave.
Esto genera una situación bastante inusual: los instrumentos pueden seguir funcionando y obteniendo información, pero sin suficiente personal científico esos datos no pueden analizarse correctamente.

Por ese motivo, dos de los instrumentos más importantes de la misión podrían apagarse a partir de octubre.
Los dos instrumentos que permiten estudiar el límite del sistema solar
Los dispositivos afectados serían PEPSSI —Pluto Energetic Particle Spectrometer Science Investigation— y SWAP, siglas de Solar Wind Around Pluto.
PEPSSI mide partículas energéticas y permite detectar, entre otros fenómenos, los llamados iones de captación, partículas procedentes del medio interestelar que terminan interactuando con el viento solar.
SWAP, por su parte, fue diseñado específicamente para estudiar ese viento solar, el flujo constante de partículas cargadas que emite el Sol y que se extiende por buena parte del sistema solar.
Juntos permiten analizar cómo cambia este entorno a medida que New Horizons se aleja cada vez más de nuestra estrella.
New Horizons se acerca a una región especialmente valiosa
La importancia del momento está precisamente en dónde se encuentra la nave. La heliosfera puede imaginarse como una gigantesca burbuja creada por el viento solar alrededor del sistema solar, que ayuda a proteger nuestro entorno frente a parte de la radiación procedente del espacio interestelar.
Entre 2027 y algún momento de la década de 2030, New Horizons debería adentrarse en regiones donde el viento solar comienza a ralentizarse al interactuar con el medio interestelar.
Voyager 1 y Voyager 2 ya exploraron estas zonas, pero New Horizons dispone de instrumentos más modernos y específicamente diseñados para medir partículas y viento solar. Por eso, mantener activos PEPSSI y SWAP permitiría obtener información difícil de repetir durante muchos años.
Estos datos también pueden tener aplicaciones más cercanas: comprender mejor cómo interactúa la radiación cósmica con el entorno solar resulta relevante para evaluar la exposición que podrían sufrir los astronautas durante futuras misiones prolongadas lejos de la Tierra.
Una campaña intenta evitar que los instrumentos sean apagados
La posibilidad de perder esta oportunidad científica ya ha generado movimientos dentro de la comunidad espacial. El antiguo científico jefe de la NASA James L. Green impulsó una petición pública para reclamar que se mantenga la financiación de New Horizons. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, también ha señalado que se están buscando alternativas.
La paradoja es que New Horizons no está llegando al final de su misión porque haya dejado de funcionar. Al contrario: la sonda continúa operativa y se dirige hacia una de las regiones más desconocidas del sistema solar.
Después de recorrer miles de millones de kilómetros durante dos décadas, el mayor obstáculo para continuar explorando podría encontrarse mucho más cerca de casa: unos pocos millones de dólares necesarios para seguir escuchando lo que la nave tiene para contar.