En plena pandemia, mientras el mundo se detenía, un grupo de paleontólogos trabajaba entre los vientos fríos de Santa Cruz, en busca de huellas del pasado. Cuatro años después, llega el momento de revelar qué descubrieron en aquel rincón de la Patagonia. Argentina vuelve a estar en el centro de la paleontología mundial.
Un viaje al final de la era de los dinosaurios
El hallazgo se remonta a 2020, cuando un equipo del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) emprendió una expedición en Estancia La Anita, a 30 kilómetros de El Calafate. En ese suelo helado, entre capas de roca y sedimentos, emergieron piezas que permiten reconstruir cómo era la vida hacia el final del Cretácico, hace 70 millones de años. Allí aparecieron fósiles de dinosaurios, pero también rastros de aves, mamíferos, reptiles y plantas que muestran la complejidad de un ecosistema entero.
Ciencia en tiempos de incertidumbre
La campaña coincidió con los primeros meses de la llegada del coronavirus a la Argentina. Pese a las dificultades, más de treinta investigadores —paleontólogos, geólogos, sedimentólogos y geofísicos— unieron esfuerzos. Incluso especialistas del Museo Nacional de Tokio viajaron para sumarse. Las condiciones fueron duras, pero el resultado fue excepcional: se logró obtener una fotografía detallada de la diversidad de la región en aquel remoto periodo.
Un anuncio que genera expectativa
El próximo jueves 28 de agosto en Río Gallegos, Fernando Novas, uno de los paleontólogos más reconocidos del país, será el encargado de dar a conocer oficialmente los detalles. La presentación se realizará en el Complejo Cultural Santa Cruz y estará abierta al público. Ese mismo día, el trabajo será publicado en una revista científica, lo que incrementa la expectativa en la comunidad académica internacional.
El Calafate, tierra de fósiles
La Patagonia argentina se ha convertido en uno de los escenarios más fértiles para la paleontología mundial. Cada hallazgo en Santa Cruz no solo suma piezas al rompecabezas de la prehistoria, sino que también reafirma a El Calafate como un punto neurálgico en el estudio de los ecosistemas del Cretácico. Lo que se revelará ahora podría cambiar de nuevo nuestra visión sobre los últimos capítulos de los dinosaurios y la vida que coexistía con ellos.