Mucho antes de que los fenicios dominaran las rutas comerciales del Mediterráneo y de que los griegos construyeran sus grandes flotas, un pequeño barco mercante navegaba frente a las costas de la actual Turquía. Transportaba recipientes de cerámica, posiblemente con productos agrícolas, y se dirigía hacia el oeste cuando algo interrumpió definitivamente su viaje.
La embarcación terminó hundida y desapareció bajo el agua. Allí permaneció durante milenios, hasta que un equipo de arqueólogos submarinos identificó su cargamento a unos 30 metros de profundidad, cerca de la isla de Kekova, en la provincia turca de Antalya.
Los investigadores creen que podría tratarse del naufragio más antiguo documentado hasta ahora, con una antigüedad estimada de entre 4.400 y 4.700 años. Una fecha que lo sitúa aproximadamente en la época en que los antiguos egipcios levantaban sus primeras grandes pirámides.
El hallazgo fue presentado por Hakan Öniz y Ceyda Öztosun, de la Universidad de Akdeniz, en un estudio publicado en Journal of Maritime Archaeology el 24 de julio de 2026. La investigación ofrece una nueva mirada sobre las redes comerciales que conectaban distintas sociedades del Mediterráneo durante la Edad del Bronce Antiguo.
Un naufragio de hace miles de años que perdió su barco, pero conservó su historia

El yacimiento fue identificado durante una campaña de exploración realizada en 2024. En el fondo marino, sobre una superficie parcialmente arenosa y rocosa, los arqueólogos encontraron numerosos recipientes cerámicos dispersos y varias anclas de piedra.
La madera de la embarcación no sobrevivió. Esto representa una dificultad considerable: sin restos del casco, no es posible reconstruir directamente su diseño ni determinar su antigüedad mediante datación por radiocarbono de la estructura. Sin embargo, los objetos transportados proporcionaron pistas esenciales.
El equipo documentó más de 30 recipientes de almacenamiento y tres anclas de piedra, dos de ellas perforadas con tres agujeros y otra con una sola perforación. Los investigadores señalan que todavía no se ha demostrado que todas las anclas pertenecieran necesariamente al barco.
Los recipientes presentan características asociadas con la cerámica levantina del Bronce Antiguo, especialmente sus bases planas, asas laterales y determinados patrones decorativos. Al comparar esos elementos con materiales encontrados en Egipto y el Mediterráneo oriental, los arqueólogos propusieron una cronología situada aproximadamente entre el 2700 y el 2400 antes de Cristo.
Unas vasijas podrían revelar cómo comerciaban las primeras sociedades mediterráneas

La importancia del descubrimiento no reside únicamente en su antigüedad. También ofrece indicios sobre las mercancías y las rutas utilizadas por los navegantes de aquel periodo.
El análisis preliminar indica que la embarcación era relativamente pequeña, posiblemente de unos diez metros de eslora, y que navegaba desde el Mediterráneo oriental hacia el occidental cuando se hundió. Su cargamento incluía recipientes semejantes a los utilizados para transportar productos agrícolas como vino o aceite de oliva. No obstante, todavía no se ha determinado con certeza qué mercancías contenían las vasijas de este naufragio.
Los especialistas recuperaron inicialmente dos recipientes, uno en 2024 y otro en 2025, para estudiar sus características técnicas, su composición y sus posibles funciones. Algunas piezas conservan restos de materiales que podrían aportar información adicional mediante futuros análisis.
Las semejanzas de la cerámica con producciones del Levante apuntan hacia una red comercial que conectaba las costas de Anatolia con regiones situadas más al sur y al este del Mediterráneo. El equipo considera posible que el barco se dirigiera hacia centros comerciales del Egeo, aunque no existen pruebas suficientes para identificar su destino exacto.
El Mediterráneo todavía conserva capítulos desconocidos de su historia

Hasta este descubrimiento, uno de los naufragios más antiguos documentados era el de Dokos, cerca de la costa griega, fechado alrededor del tercer milenio antes de Cristo. Si la cronología propuesta para Kekova se confirma, el yacimiento turco podría desplazar ese precedente y convertirse en una de las evidencias más antiguas de navegación comercial conservadas bajo el mar.
Pero los investigadores mantienen cierta cautela. La identificación se apoya principalmente en comparaciones tipológicas de cerámica, y todavía queda por excavar parte del yacimiento. Además, la desaparición del casco obliga a distinguir entre la antigüedad de los objetos encontrados y la datación definitiva del naufragio.
La investigación continúa bajo la supervisión de las autoridades culturales turcas. Los materiales recuperados están siendo conservados y se prevé que formen parte de una futura exposición de arqueología subacuática en Antalya. Lo que hace extraordinario este descubrimiento es que permite observar un momento muy temprano de la navegación mediterránea, cuando el intercambio de productos ya conectaba territorios separados por cientos de kilómetros de mar.
El barco desapareció, pero su cargamento permaneció en el fondo durante casi cinco milenios. Ahora, esos recipientes podrían ayudar a reconstruir una parte de la historia comercial que hasta hace poco apenas podía estudiarse mediante restos encontrados en tierra firme