Saltar al contenido
Ciencia

Ocho países europeos hundieron 200.000 barriles radiactivos en el Atlántico y nadie los había visto desde 1985: el submarino Nautile acaba de descender a 4.700 metros para examinarlos

Entre 1950 y 1990, ocho países europeos arrojaron más de 200.000 barriles de residuos nucleares en las llanuras abisales del Atlántico Noreste, a 4.700 metros de profundidad y 600 km al oeste de Galicia. La misión NODSSUM del CNRS acaba de completar su segunda expedición, del 27 de mayo al 28 de junio de 2026, con 20 inmersiones del submarino Nautile a esa profundidad. Las primeras mediciones no detectaron contaminación alarmante, pero sí encontraron barriles deteriorados y una vida marina inesperada colonizando los contenedores
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

Entre 1950 y 1990, ocho países europeos tenían una solución para sus residuos nucleares de baja y media actividad: llevarlos al mar. Reino Unido, Bélgica, Francia, Suiza, Países Bajos, Alemania, Suecia e Italia cargaban barriles de chapa de acero rellenos con residuos solidificados en cemento y betún, navegaban hasta un punto fijo de la llanura abisal del Atlántico Noreste y los hundían desde la cubierta. Durante 40 años, lo hicieron 200.000 veces. El área elegida está a 600 kilómetros al oeste de Galicia, entre 2.000 y 4.700 metros de profundidad, sobre un fondo que equivale en superficie a la mitad de esa comunidad autónoma.

La práctica era legal: la OCDE coordinaba los vertidos bajo un protocolo internacional. En 1993, la Convención de Londres la prohibió definitivamente. Pero los barriles ya estaban ahí. La última vez que alguien los había visto de cerca fue en 1985, cuando el submarino Epaulard del CEA y el Ifremer localizó apenas seis en una expedición puntual. En junio de 2026, el submarino tripulado Nautile de la Flota Oceanográfica Francesa completó 20 inmersiones a más de 4.700 metros y los vio de nuevo, esta vez por centenas.

La misión NODSSUM: dos expediciones, cuatro años de preparación

Analisis Del Agua
© Ben Maffin – Unsplash

La misión fue diseñada en dos fases complementarias. La primera, entre el 15 de junio y el 11 de julio de 2025, salió del puerto de Brest a bordo del buque oceanográfico Atalante con un objetivo macroscópico: cartografiar los 6.000 kilómetros cuadrados del área de vertido usando sonar de alta resolución y el vehículo autónomo submarino UlyX, capaz de operar a esas profundidades. También se recogieron muestras de agua, sedimentos y fauna marina para analizar la presencia de radionúclidos en el ecosistema.

La segunda, a bordo del Pourquoi Pas? entre el 27 de mayo y el 28 de junio de 2026, cambió la escala: en lugar de mapear el área completa, bajó directamente a los puntos de interés identificados en la primera campaña. El Nautile, el submarino tripulado más avanzado de la flota francesa, realizó 20 inmersiones a más de 4.700 metros para observar los barriles a centímetros de distancia, documentar su estado de deterioro y tomar muestras directas del sedimento y los contaminantes que pudieran estar filtrándose.

«Pasamos de un enfoque macroscópico, a escala de área, a un enfoque centrado en puntos de interés específicos», explicó Patrick Chardon, especialista en los efectos de la radiactividad en el medio ambiente del CNRS-Universidad de Clermont-Auvergne, en declaraciones recogidas por Le Monde.

Lo que encontraron: vida donde no debería haberla y barriles deteriorados

Fondo Del Oceano
© Nott Peera – Unsplash

La primera sorpresa fue biológica. A 4.700 metros de profundidad, en lo que debería ser un desierto frío y oscuro bajo 200.000 barriles de residuos nucleares, había vida. Mucha. «Fue una gran sorpresa comprobar que realmente había vida. Y el momento más emotivo fue cuando vimos el primer barril, después de años de trabajo. Vimos uno, luego dos, y después los vimos por todas partes porque había muchísimos», describió el biólogo marino que participó en la segunda expedición.

Algunos de los barriles estaban literalmente colonizados: anémonas, esponjas, bivalvos y otros organismos bentónicos habían convertido las superficies metálicas en sustrato. «Hay una belleza extraña y completamente incongruente en los barriles, que representan la contaminación causada por el ser humano», señaló el geólogo marino Javier Escartín, del ENS-PSL-CNRS.

La segunda sorpresa fue el estado de los barriles. El CNRS publicó imágenes que muestran contenedores con deterioro importante, con materia derramada sobre el fondo marino circundante. Aunque las primeras mediciones de la campaña de 2025 no detectaron una contaminación radiactiva que superara los niveles de algunas zonas del propio territorio francés, la segunda expedición encontró barriles cuya integridad estructural está claramente comprometida.

Recuperarlos costaría más de 1.000 millones de euros y nadie tiene la tecnología

La pregunta que flota sobre toda la misión es qué hacer a continuación. Y la respuesta honesta, por ahora, es que nadie lo sabe con certeza.

Recuperar físicamente los barriles, la opción más intuitiva, está descartada en el corto plazo. Ifremer estima que la operación costaría más de mil millones de euros y requeriría tecnología de elevación submarina a esas profundidades que ningún país del mundo tiene en operación actualmente. No es que sea muy caro: es que no existe la herramienta.

Lo que sí puede hacerse es seguir monitoreando. Los datos de las dos expediciones NODSSUM identificarán cuáles son los barriles más deteriorados y con mayor riesgo de fuga significativa, lo que permitirá priorizar una eventual recuperación selectiva en el futuro. Los radionúclidos que más preocupan a los investigadores son los de vida media larga, como el cesio-137, el estroncio-90 y el carbono-14, que siguen siendo radiactivos décadas después del vertido. El cesio-134 y el hierro-55, de vida media corta, han perdido gran parte de su actividad.

Según detalla el comunicado oficial del CNRS sobre la segunda misión NODSSUM, «esta misión es clave para decidir si hay que recuperar los residuos». Una decisión que, dada su escala y complejidad, no podrá tomarse sin la cooperación de los ocho países que los pusieron ahí en primer lugar.

Compartir esta historia

Artículos relacionados