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Ciencia

Para construir la presa más alta de España tuvieron que inundar un pueblo entero: 55 años después, sigue moviendo 232.000 litros de agua por segundo

No es solo la más alta del país. Es también una de las pocas que puede invertir su propio funcionamiento: en vez de solo generar electricidad, también puede usarla para empujar el agua cuesta arriba
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España enfrenta un problema de estrés hídrico estructural, según un estudio del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), que la ubica como el tercer país de la Unión Europea más afectado, empujado por el consumo agrario masivo y el cambio climático. Los embalses del país se ubicaban a fines de agosto por encima del 64% de su capacidad, con más de 35.800 hectómetros cúbicos de agua embalsada sobre una capacidad máxima de 56.043 hectómetros cúbicos repartidos en 374 embalses, según el inventario del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. El año anterior, en la misma fecha, el porcentaje era del 59,30%.

En ese sistema de más de 2.000 presas grandes y pequeñas repartidas por el país, una se destaca especialmente por su escala: la presa de Almendra, en el río Tormes, entre las provincias de Salamanca y Zamora.

La presa más alta del país

Presa De Almendra Altura
© Photomarine – Shutterstock

También conocida como salto de Villarino, la presa de Almendra es una construcción de tipo bóveda que alcanza 202 metros de altura, la más elevada de toda España. Su embalse, además, es el tercero del país por capacidad, con cerca de 2.650 hectómetros cúbicos, y cubre una superficie total de 8.650 hectáreas.

La obra se desarrolló entre 1963 y 1970, con una inauguración oficial el 24 de noviembre de ese año. Para levantarla hizo falta remover más de un millón de metros cúbicos de roca y verter alrededor de dos millones de metros cúbicos de hormigón, cifras que la convirtieron en su momento en una de las construcciones hidroeléctricas más grandes de Europa, hasta el punto de ganarse el apodo de «el Mar de Castilla».

Un pueblo bajo el agua

La construcción de la presa tuvo un costo humano concreto: casi 400 vecinos del municipio de Argusino tuvieron que abandonar sus casas antes de que se completara la obra. El pueblo terminó completamente anegado por las aguas del embalse, y su término municipal fue repartido entre Villa del Buey y Salce en 1968, dos años antes de la inauguración oficial de la presa.

El truco de las turbinas reversibles

Una de las particularidades más llamativas del sistema es que la central hidroeléctrica, ubicada en el término de Villarino de los Aires, no se encuentra al pie de la presa, sino conectada a través de una galería excavada en la roca de 15 kilómetros de longitud y 7,5 metros de diámetro, revestida en hormigón. Esa distancia le permite aprovechar un desnivel mucho mayor entre el embalse de Almendra y el cercano embalse de Aldeadávila, en el río Duero, según describe Iberdrola, la empresa que opera la instalación.

Sus turbinas cumplen una doble función: giran en un sentido para generar electricidad con el agua que baja, pero también pueden girar en sentido inverso para bombear agua de vuelta hacia arriba, moviendo hasta 232.000 litros por segundo entre ambos embalses. Ese mecanismo, conocido como bombeo hidroeléctrico, aprovecha los momentos de menor demanda energética (como la madrugada) para almacenar agua en la cota superior y así disponer de más reserva turbinable cuando la demanda de electricidad vuelve a subir.

Parte de un sistema mucho más grande

La presa de Almendra no funciona de forma aislada: integra el sistema de los Saltos del Duero, una red de presas y centrales que también incluye las instalaciones de Aldeadávila y Saucelle, entre otras, todas coordinadas para optimizar el aprovechamiento hidroeléctrico de la cuenca del Duero y del Tormes. La central de Villarino aporta por sí sola una potencia instalada de 856,5 megavatios, una de las cifras más altas del conjunto.

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