A pesar de la increíble cantidad de diferencias visibles, los cocodrilos y los pájaros de nuestros tiempos comparten un ancestro común de inicios del Triásico. Los paleontólogos los llaman arcosaurios, un resistente clado de reptiles que sobrevivió a los años inhóspitos y sulfurosos de la Gran Mortandad que siguió al evento de extinción del Pérmico-Triásico hace unos 250 millones de años.
Los científicos suponían desde hace mucho tiempo que el punto que marcó la división evolutiva de los arcosaurios en caminos separados hacia ser aves y cocodrilos fue el momento en que los ancestros similares a las aves se convirtieron en especies de sangre caliente. Sin embargo, estaban equivocados. Los ancestros de los cocodrilos también evolucionaron hacia una fase de especies de sangre caliente antes de revertir esa trayectoria para volver a ser asesinos acuáticos de sangre fría. Un nuevo análisis de huesos fosilizados de 81 especies de arcosaurios y que abarca a los parientes más antiguos que se conocen de ambos linajes, encontró que los ancestros de los cocodrilos probablemente hayan sido de sangre caliente hasta hace unos 66 millones de años, cuando el asteroide Chicxulub acabó con casi todos los dinosaurios.
“La ciencia suponía que los animales de sangre caliente habían evolucionado a partir de los de sangre fría, y no al revés”, explicó en un ensayo para The Conversation Roger Seymour, profesor emérito de fisiología de la Universidad de Adelaida, Australia.
“Nosotros, como criaturas de sangre caliente, pensábamos por hábito que los animales de sangre caliente eran fisiológicamente superiores a los de sangre fría”, señaló Seymour, autor principal del nuevo estudio.
Para los cocodrilos fue beneficioso revertir su evolución hacia la fisiología de las especies de sangre fría, argumentan Seymour y sus colegas. El proceso hizo más lento el metabolismo de estas criaturas, permitiéndoles ocultarse en el agua durante períodos más prolongados, al acecho de sus presas, y “permanecer sumergidos mientras ahogan a su presa”.
Corazón delator
“Nuestro primer indicio de que el linaje de los cocodrilos había sido originalmente de sangre caliente era que los cocodrilos tienen corazones con cuatro cámaras”, dijo Seymour sobre los hallazgos previos que llevaron al nuevo trabajo. “Los únicos otros grupos con corazones con cuatro cámaras son los de sangre caliente, aves y mamíferos, y hay una conexión funcional con la condición de ser de sangre caliente”.
Como innovación orgánica de la evolución el corazón de cuatro cavidades cumple una cantidad de cosas que hacen posible el alto metabolismo de un animal de sangre caliente. En principio, estas cámaras sirven para separar el flujo sanguíneo de baja presión requerido para evitar que ingrese líquido en los pulmones debido a la alta presión que se necesita para bombear sangre al resto del cuerpo, cumpliendo así la necesidad de mayor energía de estas especies.
“Los pájaros no se fatigan y caen del cielo. Su metabolismo es de tasas superiores, produciendo energía lo suficientemente rápido como para calentar y estabilizar la temperatura de su cuerpo y poder sostener el continuo y agotador ejercicio del vuelo”, dijo Seymour.
Por supuesto, los cocodrilos en comparación son más letárgicos: esperan como depredadores hasta que lleguen las presas, y asesinan en estallidos de sorprendente actividad anaeróbica, aplastando y despedazando a sus presas. Y sin embargo, el corazón de los cocodrilos delata un tiempo diferente, remanente de un estilo de vida mucho más activo.
A sangre fría
Para evaluar si los ancestros arcosaurios de los cocodrilos eran realmente de sangre caliente, Seymour y un equipo internacional de fisiólogos, paleontólogos y geocientíficos centró la atención en los agujeros tan sugestivos que presentaban los huesos fosilizados de las patas de estas especies. En estudios anteriores se había hallado que esos agujeros, pasajes por los que pasaban los vasos sanguíneos, eran significativamente más grandes en las especies de sangre caliente, en comparación con las de sangre fría.
Midieron entonces los diámetros de estos agujeros para calcular la tasa de flujo de sangre arterial con nutrientes en los especímenes, y también en diversas especies que hoy están vivas. El promedio de flujo sanguíneo de los extintos arcosaurios se acercaba al de los reptiles de alto metabolismo como los dragones de Komodo y los mamíferos de hoy, y no se parecía al del cocodrilo o sus hermanos de sangre fría.
Seymour y sus coautores reconocen que sus cálculos pueden no ser del todo certeros. Hay paleontólogos que argumentan que muchos dinosaurios de sangre fría de aquella época podían tener flujo sanguíneo más elevado simplemente por su enorme tamaño, que ofrecía ya una forma de aislación y regulación de la temperatura, la “gigantotermia”.
Al estudiar las microfracturas de estos huesos fosilizados, sin embargo, parece que estos arcosaurios tenían vidas más activas, con mayor energía. Pero en la atmósfera tóxica posterior al cataclísmico impacto del Chicxulub, probablemente lo que habría permitido sobrevivir a estas especies podría haber sido el enlentecimiento del metabolismo (y hasta respirarían menos, tal vez.
“La reversión al metabolismo de sangre fría quizá haya salvado al linaje del cocodrilo de la extinción, hace 66 millones de años”, opinó Seymour.