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Ciencia

Pasaron 286 días en el espacio y volvieron diferentes: así cambia el cuerpo humano después de nueve meses sin gravedad

Butch Wilmore y Suni Williams llegaron a la Estación Espacial Internacional para una misión que debía durar poco más de una semana. Terminaron permaneciendo 286 días en órbita, un periodo suficiente para provocar pérdida de masa ósea y muscular, alteraciones cardiovasculares, cambios en la visión y una compleja readaptación a la gravedad terrestre.
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Cuando los astronautas Butch Wilmore y Suni Williams despegaron hacia la Estación Espacial Internacional en junio de 2024, el plan era permanecer allí entre ocho y diez días. Los problemas técnicos de la nave Starliner de Boeing modificaron completamente la misión y su regreso terminó produciéndose en marzo de 2025, después de 286 días fuera de la Tierra.

Nueve meses pueden parecer poco frente a toda una vida, pero para el organismo representan un periodo extraordinariamente largo sin experimentar la gravedad terrestre. Durante ese tiempo, músculos, huesos, sistema cardiovascular e incluso los ojos comienzan a adaptarse a un ambiente para el que nuestra especie nunca evolucionó.

Los huesos empiezan a perder densidad cada mes

En la Tierra, incluso permanecer de pie obliga constantemente a huesos y músculos a soportar nuestro peso. En microgravedad ese trabajo prácticamente desaparece, por lo que el organismo comienza a reducir aquellos tejidos que ya no necesita con la misma intensidad.

Los astronautas pueden perder aproximadamente un 1% de densidad mineral ósea por cada mes en el espacio, especialmente en regiones que normalmente soportan peso, como caderas y piernas. Paralelamente, los músculos de las extremidades inferiores y la espalda comienzan a atrofiarse.

Para reducir este deterioro, los habitantes de la ISS realizan alrededor de dos horas diarias de ejercicio, combinando bicicleta, cinta de correr y entrenamiento de resistencia. Aun así, el ejercicio no elimina completamente los efectos de la microgravedad.

Después de misiones largas, volver a mantenerse de pie puede resultar sorprendentemente difícil y requiere programas específicos de rehabilitación.

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El corazón también se acostumbra a no luchar contra la gravedad

La ausencia de gravedad modifica además la distribución de los líquidos corporales. En lugar de acumularse parcialmente en piernas y pies, más fluidos se desplazan hacia la parte superior del cuerpo, provocando la característica apariencia de rostro hinchado que presentan algunos astronautas en órbita.

El organismo interpreta esa redistribución como un exceso de líquido y reduce progresivamente el volumen sanguíneo. Al mismo tiempo, el corazón necesita realizar menos esfuerzo para bombear sangre contra la gravedad.

El problema aparece al regresar. De repente, la gravedad vuelve a arrastrar la sangre hacia las piernas y el sistema cardiovascular necesita readaptarse rápidamente. Por eso algunos astronautas experimentan mareos, debilidad o hipotensión ortostática después del aterrizaje.

Incluso los ojos pueden cambiar de forma

Las estancias prolongadas también pueden provocar el llamado Síndrome Neuro-Ocular Asociado a los Vuelos Espaciales (SANS).

El desplazamiento de líquidos hacia la cabeza puede modificar las presiones alrededor del cerebro y los ojos, produciendo cambios en el globo ocular, la retina y el nervio óptico. Algunos astronautas desarrollan problemas temporales para enfocar objetos cercanos y otras alteraciones visuales.

Este fenómeno se ha convertido en una preocupación importante para futuras misiones de larga duración, especialmente pensando en viajes a Marte.

Radiación, sueño y nueve meses dentro de una estación espacial

A estos cambios se suma la exposición a niveles de radiación superiores a los de la superficie terrestre. La ISS continúa protegida parcialmente por el campo magnético del planeta, pero sus tripulantes reciben más radiación cósmica que cualquier persona en tierra firme.

También existe un componente psicológico. La estación completa una vuelta alrededor de la Tierra aproximadamente cada 90 minutos, lo que significa que sus habitantes pueden experimentar cerca de 16 amaneceres y atardeceres diarios. Mantener horarios artificiales de sueño, convivir durante meses en un espacio cerrado y permanecer lejos de la familia supone una carga adicional.

En el caso de Wilmore y Williams apareció además la incertidumbre de no saber inicialmente cuándo podrían regresar.

La mayoría de los efectos provocados por el espacio comienza a revertirse después del aterrizaje, aunque algunos tejidos necesitan meses o incluso más tiempo para recuperarse completamente. La experiencia de estos astronautas demuestra así uno de los grandes problemas de la futura exploración espacial: viajar lejos de la Tierra no solo exige construir mejores naves, también implica descubrir cómo evitar que nuestro propio cuerpo cambie mientras estamos fuera.

Fuente: Xataka.

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