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Tecnología

El volante, el cinturón y una cámara convertirán al coche en un sistema capaz de vigilar la salud del conductor

Investigadores alemanes desarrollaron vehículos experimentales que miden ritmo cardíaco, respiración y otras señales fisiológicas mientras una persona conduce. La inteligencia artificial analiza esos datos junto con los movimientos del automóvil para detectar cambios anómalos sin necesidad de utilizar relojes, pulseras u otros dispositivos.
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Los coches modernos ya saben detectar peatones, reconocer señales, mantener la distancia con otros vehículos e incluso comprobar si el conductor está prestando atención. El siguiente paso podría ser mirar mucho más allá: vigilar también lo que ocurre dentro del cuerpo de la persona que está al volante.

Investigadores del Peter L. Reichertz Institute for Medical Informatics (PLRI) de la Universidad Técnica de Braunschweig, junto con especialistas de la Escuela de Medicina de Hannover y el Instituto de Ingeniería del Automóvil de la misma universidad, desarrollaron dos vehículos experimentales capaces de registrar diferentes parámetros fisiológicos durante la conducción.

La particularidad es que no necesitan colocar sensores médicos adicionales sobre el cuerpo. El propio volante, el cinturón de seguridad y una cámara situada frente al conductor se encargan de recopilar la información.

El volante puede registrar un electrocardiograma

Uno de los sensores está integrado directamente en el volante. Mediante electrodos situados en las zonas donde descansan las manos, el vehículo puede registrar señales eléctricas relacionadas con la actividad cardíaca y obtener un electrocardiograma mientras la persona conduce.

El cinturón de seguridad cumple otra función. Incorpora pequeños micrófonos capaces de registrar los sonidos producidos por el corazón mediante una técnica denominada fonocardiografía.

A estas mediciones se suma una cámara instalada cerca del retrovisor interior que observa movimientos corporales y pequeñas variaciones en la coloración del rostro. Estos cambios permiten estimar parámetros como la frecuencia cardíaca y la respiración sin necesidad de contacto físico.

El sistema utiliza además fotopletismografía, una técnica óptica que detecta variaciones en el volumen sanguíneo de los tejidos y puede ofrecer información adicional sobre el pulso y posibles irregularidades.

El volante, el cinturón y una cámara convertirán al coche en un sistema capaz de vigilar la salud del conductor
© HYUNDAI MOBIS I 현대모비스 – youtube.

La inteligencia artificial debe distinguir una curva de un problema físico

Medir estas señales dentro de un automóvil introduce un problema importante: conducir modifica constantemente el cuerpo.

Una frenada brusca puede elevar temporalmente el pulso, mientras que una curva, una aceleración, las vibraciones de la carretera o simplemente cambiar de postura pueden alterar las lecturas de los sensores.

Por ese motivo, el sistema también registra información sobre el comportamiento del propio vehículo. La inteligencia artificial combina ambas fuentes de datos para interpretar mejor cada modificación fisiológica y establecer si coincide con una maniobra concreta o si aparece sin una explicación evidente relacionada con la conducción.

La intención es reducir falsas alarmas y construir una imagen mucho más precisa del estado habitual de cada conductor.

El coche podría adaptar sus sistemas de asistencia

El objetivo no consiste únicamente en acumular información médica. Los investigadores estudian también cómo podría reaccionar el vehículo cuando detecte determinados patrones.

En el futuro, un coche podría modificar algunos sistemas de asistencia si identifica un estado potencialmente problemático, aumentando temporalmente el nivel de ayuda a la conducción o adaptando determinadas funciones de confort.

La tecnología no estaría pensada para realizar un diagnóstico. En su lugar, funcionaría como un sistema de detección temprana capaz de señalar cambios respecto al comportamiento fisiológico habitual de una persona.

La clave estaría en observar cambios durante meses o años

Uno de los aspectos más ambiciosos del proyecto es precisamente el seguimiento a largo plazo.

En lugar de considerar preocupante una medición aislada, el automóvil podría aprender cuál es el ritmo cardíaco, la respiración y otros parámetros normales de su conductor y detectar progresivamente desviaciones respecto de ese patrón.

Los investigadores estudian si esta información podría ayudar algún día a identificar señales asociadas con alteraciones cardíacas, enfermedades neurológicas como el párkinson o patologías respiratorias como la EPOC, siempre como indicio para una posterior evaluación médica.

Los vehículos experimentales serán mostrados en Automechanika Frankfurt, del 8 al 12 de septiembre de 2026. La idea plantea así un cambio importante en la relación entre automóvil y conductor: el coche ya no solo observaría la carretera para mantenernos seguros, sino que también podría empezar a observarnos a nosotros.

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