Si tuvieras la mala suerte de encontrarte en una avioneta con el ala ardiendo seguramente pensarías que la mejor opción es saltar en paracaídas. Si encima tienes detrás a un batallón nazi la cosa se complica. Para James Ward la solución estaba muy clara. Debía salir del avión a 4 mil metros de altura para arreglarlo.

Lo ocurrido el 7 de julio de 1941 se cuenta como una de las acciones en el aire más increíbles (y temerarias) que haya realizado el hombre durante un conflicto bélico. La mezcla de valentía y audacia (y posiblemente algo de inconsciencia) del joven soldado fue una proeza digna de la mejor de las ficciones.

Junto a Ward y el resto de la tripulación el gran protagonista de esta historia fue el Vickers Wellington con el que desarrolla la misión en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un bombardero medio bimotor de las fuerzas británicas, una nave de largo alcance cuya fabricación comenzó en la década de 1930.

Wellington Mark I de la Real Fuerza Aérea de Nueva Zelanda en agosto de 1939. Wikimedia Commons

Su aparición llegó como respuesta a la demanda de un bombardero diurno bimotor que mejorara las prestaciones de los anteriores. De esta forma el Wellington pasó a formar parte de los bombarderos nocturnos durante la primera etapa de la Segunda Guerra Mundial (luego desplazado por aparatos cuatrimotores).

Advertisement

Advertisement

En cuanto a su dise√Īo, muy importante para entender la historia que iba a tener lugar, Ward estaba a bordo de un Wellington Mark IC. Una nave que permit√≠a hasta seis tripulantes con una longitud de poco m√°s de 19 metros. Su velocidad m√°xima operativa era de 378 km/h y contaba con un techo de vuelo de hasta 5.490 metros. En cuanto al armamento, el bombardero contaba con ametralladoras Browning M1919 de calibre 7,7 mm: 2 en la torreta frontal, 2 en la torreta de cola y 2 en los dorsales. Por √ļltimo contaba con bombas de hasta 2.000 kg en su arsenal.

Dicen que la Cruz Victoria es la condecoraci√≥n militar m√°s alta al valor ‚Äúfrente al enemigo‚ÄĚ de todas las condecoraciones brit√°nicas. Una medalla que s√≥lo se otorga por actos extraordinarios que conllevan un riesgo extremo de la propia vida.

Si los detalles de cada Cruz Victoria otorgada ya eran fascinantes, la de James Ward fue probablemente las m√°s singular de todas.

James, quien dijo miedo, Ward

Wards en su Vickers Wellington Mark IC. Wikimedia Commons

James Allen Ward naci√≥ el 14 de junio de 1919 en Wanganui (Nueva Zelanda), una ciudad en la costa oeste de la isla Norte. All√≠ asisti√≥ a la Universidad donde se form√≥ como profesor, impartiendo clases posteriormente en el Wellington College of Education en 1938. Dos a√Īos m√°s tarde, en 1940, se alista en la Royal New Zealand Air Force formando parte de la escuela de pilotos en Wigram y Taieri.

En muy poco tiempo Ward comienza a destacar por su destreza como piloto junto a su amigo Fraser Barron. En enero de 1941 y con la Segunda Guerra Mundial en pleno auge son destinados a Europa. Ambos pilotos acaban estacionados en la base aérea de Lossiemouth (Escocia).

Advertisement

Advertisement

Por aquel entonces Ward ten√≠a 22 a√Īos y entr√≥ a formar parte del Escuadr√≥n 75. Seis meses despu√©s su vida iba a dar un vuelco. Ocurri√≥ el 7 de julio de 1941.

Al acabar el día su nombre estaría grabado en los libros de historia.

Esa ma√Īana la misi√≥n estaba clara. A bordo del Wellington Mark IC deb√≠an hacer una incursi√≥n en la ciudad alemana de Munster. El sargento Ward lo har√≠a como segundo piloto. Seg√ļn los informes hist√≥ricos la jornada discurri√≥ sin sobresaltos, el bombardero dej√≥ caer sus bombas sobre la zona seleccionada, realiz√≥ un peque√Īo circuito de reconocimiento sobre la ciudad y comenz√≥ el viaje de regreso a la base.

Torreta de cola de un Wellington (1942). Wikimedia Commons

Para la tripulaci√≥n hab√≠a sido una de las misiones m√°s sencillas que recordaban, pr√°cticamente no se hab√≠an encontrado con oposici√≥n sobre el objetivo, apenas algo de fuego antia√©reo y luces de b√ļsqueda cuando ya estaban de regreso. Una vez que el piloto estableci√≥ el rumbo de vuelta los soldados se relajaron.

Como segundo piloto Ward se encontraba en la peque√Īa c√ļpula del navegante, √©l era el encargado de vigilar el vuelo de regreso ante posibles acercamientos enemigos. De repente, a la altura de la antigua entrada del mar del Norte, en Zuiderzee (noroeste de los Pa√≠ses Bajos), Ward divisa a lo lejos una mancha negra que se va haciendo m√°s y m√°s grande. A los pocos segundos no tiene dudas.

Advertisement

Advertisement

Se acercaba por la cola del bombardero un Messerschmitt Bf 110, un caza alemán de la Luftwaffe con intenciones muy poco amistosas. Ward intenta comunicarse con el piloto a través de la radio interna, pero este ha dejado de funcionar. Unos segundos más tarde y antes de que el sargento pudiera acercarse al piloto, el bombardero sufre un fuerte golpe en un lado mientras llueve la metralla rojiza que disparan los alemanes.

La primera reacci√≥n del capit√°n y piloto del escuadr√≥n fue la de voltear el avi√≥n violentamente hacia abajo para tratar de escapar de la metralla enemiga. En aquellos instantes ning√ļn miembro de la tripulaci√≥n se hab√≠a percatado de que el artillero de cola ya hab√≠a derribado al caza alem√°n, la culpa, una vez m√°s, se deb√≠a al fallo de radio interna que no permit√≠a la comunicaci√≥n fluida entre ellos.

Miembro de la tripulación en el interior del Wellington. Wikimedia Commons

Pasados unos segundos de p√°nico tocaba reevaluar la situaci√≥n. El ataque, aunque corto, hab√≠a sido intenso dejando bastantes da√Īos en el aparato. El motor de estribor hab√≠a sido golpeado y el sistema hidr√°ulico estaba fuera de combate. Como resultado de ello la mitad del tren de aterrizaje se hab√≠a ca√≠do. Dicho de otra forma, no hab√≠a forma de realizar un aterrizaje ‚Äúnormal‚ÄĚ. Por si todo esto no fuera poco, las compuertas de las bombas se hab√≠an quedado abiertas y el artillero de cola estaba herido en un pie tras el intercambio.

Pero sin duda lo peor de todo era el fuego que se hab√≠a formado a trav√©s de la superficie superior del ala de estribor (derecha), espacio donde adem√°s hab√≠a una fuga de combustible. En cualquier momento el avi√≥n pod√≠a explotar y no hab√≠a tiempo que perder. Lo l√≥gico dada la situaci√≥n ser√≠a saltar y hacer uso de los paraca√≠das. En cambio Ward y uno de sus compa√Īeros convencieron al resto para optar por un ‚Äúplan B‚ÄĚ.

Advertisement

Advertisement

Ambos tomaron el extintor de incendios y golpearon con fuerza el lateral del fuselaje que daba al ala en llamas. Lograron hacer un agujero desde el que Ward pretend√≠a llegar hasta la zona da√Īada. El problema es que el fuego estaba demasiado lejos y aquello implicaba una pirueta bastante dif√≠cil de llevar a cabo por un profesional de cine, para Ward ser√≠a doblemente dif√≠cil.

En ese momento la aeronave había llegado a la costa holandesa y estaban volando en paralelo, esperando para tomar una decisión en función de cómo se desarrollaba el incendio. Parecía, aunque era una suposición de la tripulación, que el fuego estaba cediendo y se mantenía estable, así que deciden que lo mejor será arriesgarse a acabar en un bote en el Mar del Norte antes que terminar en un campo de prisioneros alemán. El bombardero sale al mar y se dirige rumbo a Inglaterra.

Peque√Īa c√ļpula de vigilancia por la que sali√≥ Ward. Wikimedia Commons

Unos minutos despu√©s parece que el fuego vuelve a intensificarse. Ward era el que se encontraba mas cerca y el que mejor pod√≠a evaluar el cariz que estaban tomando las llamas. El piloto cree que existe una posibilidad real de llegar hasta el fuego saliendo desde la peque√Īa cabina de vigilancia donde se encontraba, luego pasar√≠a por un lado del fuselaje y finalmente llegar√≠a hasta la zona del ala da√Īada.

Joe, el piloto, piensa que aquello era una locura, pero hab√≠a una cuerda. Ward pens√≥ que si lo amarraban la cuerda ten√≠a la longitud necesaria para mantenerle unido al bombardero cuando estuviera en el exterior. De esta forma acabaron atando la cuerda al pecho del piloto y este comenz√≥ el heroico intento de apagar el fuego en el ala de un vuelo a 4 mil metros de altura. Como √ļltimo remedio y si el plan saliera mal, Ward ten√≠a su paraca√≠das encima.

Advertisement

Advertisement

Dicho y hecho. El hombre se sube y luego se sienta en el borde de la c√ļpula de la cabina con las piernas a√ļn dentro, calculando c√≥mo iba a llevar a cabo semejante plan. Tras unos breves segundos Ward toma un hacha que hab√≠a para emergencias, acerca un pie al exterior, saca la pierna, luego la mano con el hacha... y golpea sobre la tela externa que cubr√≠a el fuselaje creando un peque√Īo agujero en el que poder meter el pie en el marco del avi√≥n.

Tras ese primer movimiento le siguen otros iguales, todos encaminados a que manos y pies se acerquen hasta la zona del ala da√Īada a trav√©s de este camino improvisado por el lateral del fuselaje. Todo ello, recordamos, mientras el tipo est√° siendo sujetado de manera un tanto acrob√°tica con una cuerda para no salir despedido.

Compartimento para las bombas en un Wellington. Wikimedia Commons

Una vez en el exterior el hombre se acerca muy lentamente mientras se aferra a los agujeros que ha creado. Su compa√Īero mantiene la cuerda tensa para que no se caiga. El fuego ard√≠a como un gran chorro de gas y volaba muy cerca del hombro de Ward. El sargento contaba con una sola mano para trabajar mientras con la otra se sosten√≠a al aparato a duras penas. La fuerza del viento provoc√≥ que varias veces estuviera a punto de salir despedido. La escena, tremenda y peliculera, era la de Ward tumbado lo m√°s plano que pod√≠a sobre el ala. Adem√°s el paraca√≠das le dificultaba el movimiento y el viento lo embest√≠a levant√°ndolo levemente.

Dicho esto, lo peor estaba por llegar. Las r√°fagas de viento se volvieron m√°s violentas y Ward comenz√≥ a golpearse con el ala. La corriente del motor empeor√≥ las cosas. Aquello era como estar en un vendaval terrible, solo que el vendaval estaba acompa√Īado de fuego a varios miles de metros del suelo.

Advertisement

Advertisement

Finalmente Ward llega hasta el fuego y con la tela que servía de funda para los motores inicia el intento desesperado por apagarlo. Unos minutos después lo consigue, aunque con un gran susto. La tela que estaba utilizando para apagar el fuego se infló con una ráfaga de viento y por muy poco no se lo llevó por delante. James Ward había conseguido lo imposible, y aunque el depósito seguía perdiendo combustible calcularon que tendrían suficiente para llegar a casa. Además, Ward había extraído todo el tejido cercano para evitar que el fuego se extendiera desde la toma de combustible.

Con paso lento Ward regres√≥ del ala y logr√≥ arrastrarse hasta la parte superior del fuselaje, previo paso para subirse a la peque√Īa c√ļpula del vigilancia de la que hab√≠a partido. Poco despu√©s el Wellington llegaba a la costa inglesa, y el ala volv√≠a a incendiarse, aunque esta vez con tiempo suficiente para aterrizar y terminar con √©xito una misi√≥n con actuaci√≥n hist√≥rica.

Imagen posterior del Wellington y el ala en el que Ward logr√≥ la haza√Īa. Wikimedia Commons

Ward acab√≥ obteniendo la preciada Cruz Victoria. En agosto de ese mismo a√Īo fue convocado en el n√ļmero 10 de Downing Street por el primer ministro Winston Churchill. Ward result√≥ ser un tipo incre√≠blemente t√≠mido que se qued√≥ mud√≥ de asombro ante la figura hist√≥rica.

Dicen que el propio Churchill tuvo que acercarse y decirle al joven: ‚ÄúMe da la sensaci√≥n de que esta es una situaci√≥n muy embarazosa para usted, y que probablemente te sientes cohibido ante mi presencia‚ÄĚ. A lo que Ward respondi√≥ con la cabeza baja, ‚Äús√≠, se√Īor‚ÄĚ. ‚ÄúPues imag√≠nese lo humilde y torpe que me siento yo al lado suyo‚ÄĚ, le replic√≥ Churchill.

Advertisement

Advertisement

Desgraciadamente para el hombre que fue capaz de subirse al ala en llamas de un bombardero da√Īado por los nazis (y a m√°s de 4 mil metros de altura), la muerte le esperaba pocas semanas despu√©s. El 15 de septiembre de 1941 el Wellington en el que iba Ward fue alcanzado por la artiller√≠a antia√©rea alemana. Ward fallec√≠a en el accidente.

Se trataba de la undécima misión del piloto, la quinta como capitán de la tripulación.