Cada verano, el embalse San Roque vuelve a mostrar una señal cada vez más habitual: grandes sectores de su superficie adquieren un intenso color verde. No se trata simplemente de un cambio estético, sino de proliferaciones de cianobacterias capaces de liberar sustancias potencialmente tóxicas.
El problema resulta especialmente relevante porque el embalse constituye una fuente fundamental de abastecimiento de agua para Córdoba. Además, las altas temperaturas y el exceso de nutrientes presentes en el agua generan condiciones favorables para que estas floraciones aparezcan y se mantengan durante más tiempo.
Frente a este escenario, investigadores del CONICET y la Universidad Nacional de Córdoba están trabajando en una solución que aprovecha precisamente uno de los elementos que favorecen el fenómeno: la radiación solar.
Nanopartículas que se activan con la luz
La propuesta se basa en materiales fotocatalíticos a escala nanométrica instalados sobre plataformas flotantes.
Cuando reciben radiación solar, estas nanopartículas desencadenan reacciones químicas capaces de degradar las cianotoxinas presentes en el agua, rompiendo progresivamente sus moléculas y transformándolas en compuestos más simples.
El principio se parece, en cierto sentido, a utilizar la energía del Sol para impulsar una reacción de limpieza química.
El investigador Maximiliano Burgos describe el proceso como una especie de “fotosíntesis inversa”: mientras la fotosíntesis utiliza luz para producir materia orgánica, la fotocatálisis aprovecha esa energía para degradarla. La ventaja es que el sistema podría funcionar sin depender continuamente de una fuente externa de electricidad, ya que su energía principal procede directamente de la radiación solar.

Satélites para saber dónde actuar
Sin embargo, tratar un embalse completo sería complicado y costoso. Por eso la tecnología se complementa con otra herramienta: la observación satelital.
Desde hace más de 15 años, investigadores del Instituto de Altos Estudios Espaciales Mario Gulich analizan imágenes del San Roque para estudiar variables relacionadas con la calidad del agua.
Entre ellas está la concentración de clorofila, que permite identificar zonas donde la presencia de organismos fotosintéticos aumenta y detectar posibles floraciones. La combinación de esos datos permite localizar los sectores más afectados y decidir dónde tendría mayor sentido colocar las plataformas fotocatalíticas.
En lugar de intentar tratar de manera uniforme los aproximadamente ocho kilómetros cuadrados del embalse, el objetivo sería intervenir en puntos concretos identificados previamente mediante sensores y satélites.
Un problema que podría crecer con el calentamiento
Las floraciones de cianobacterias no son exclusivas de Córdoba.
Numerosos lagos y embalses de regiones cálidas o semiáridas experimentan episodios similares, especialmente cuando coinciden temperaturas elevadas, aguas relativamente estancadas y grandes concentraciones de nutrientes como fósforo y nitrógeno.
El aumento de la temperatura puede ampliar además los períodos durante los cuales determinadas especies encuentran condiciones favorables para desarrollarse. Por eso una tecnología capaz de actuar utilizando únicamente luz solar podría tener aplicaciones mucho más amplias si demuestra ser eficaz y segura a gran escala.
De las algas a nuevos recursos
El proyecto también estudia qué hacer con la biomasa que se retira del agua. Una posibilidad es aprovecharla como materia prima para producir energía u otros bioinsumos, incorporándola a un modelo de economía circular en lugar de tratarla únicamente como residuo.
La propuesta no elimina las causas profundas de la eutrofización, que requieren reducir el ingreso de nutrientes y mejorar el saneamiento de las cuencas. Pero sí podría sumar una herramienta adicional para controlar sus consecuencias.
La paradoja es especialmente atractiva: el mismo Sol que ayuda a crear las condiciones para las floraciones podría convertirse también en la fuente de energía utilizada para destruir sus toxinas.