Desde que comenzamos a descubrir exoplanetas hemos aprendido a encontrarlos cuando bloquean la luz de sus estrellas, cuando tiran gravitacionalmente de ellas e incluso, en algunos casos, a fotografiarlos directamente. Había algo que todavía no habíamos conseguido hacer de manera inequívoca: escuchar las ondas de radio producidas por uno de esos planetas.
Eso es precisamente lo que un equipo del Center for Astrophysics | Harvard & Smithsonian y la Universidad de Oregón afirma haber logrado con Beta Pictoris b, un gigantesco planeta situado a unos 63 años luz de la Tierra.
Utilizando el radiotelescopio MeerKAT de Sudáfrica, los investigadores detectaron ráfagas rápidas, repetitivas y fuertemente polarizadas entre 0,85 y 3,5 GHz, además de una emisión más persistente. Lo importante es que consiguieron localizar la señal en el planeta y distinguirla de su estrella. Según los autores, se trata de la primera emisión de radio atribuida inequívocamente a un exoplaneta.
No es un mensaje extraterrestre: probablemente estamos escuchando una aurora

Una señal de radio procedente de otro planeta puede sonar inmediatamente a búsqueda de vida inteligente. Aquí la explicación es bastante más física.
Los investigadores identifican la emisión con un mecanismo llamado inestabilidad máser de ciclotrón de electrones (ECMI). Ocurre cuando electrones acelerados por un campo magnético producen una emisión de radio intensa y muy polarizada. Es el mismo proceso básico responsable de parte de las emisiones aurorales que conocemos en planetas del Sistema Solar, especialmente Júpiter.
La polarización circular observada en Beta Pictoris b encaja precisamente con ese escenario. En términos sencillos, además de una aurora que potencialmente produciría emisiones ópticas, el planeta estaría generando una especie de faro natural de ondas de radio asociado a su magnetosfera. Y esas ondas revelaron algo todavía más llamativo.
La frecuencia máxima detectada permite inferir que el campo magnético en la región donde se origina la emisión alcanza al menos 1,25 kilogauss (1.250 gauss). El campo terrestre en superficie ronda medio gauss, por lo que hablamos de una intensidad de miles de veces la de nuestro planeta. Sería, además, la primera medición directa de este tipo para el campo magnético de un exoplaneta.
Beta Pictoris b es prácticamente un laboratorio perfecto

No estamos hablando de una segunda Tierra. Beta Pictoris b es un gigante joven con alrededor de una decena de masas de Júpiter que orbita a aproximadamente 10 unidades astronómicas de su estrella. También gira extraordinariamente rápido: observaciones anteriores determinaron que completa una rotación en unas ocho horas, frente a las casi 24 horas terrestres.
Además, es uno de los pocos exoplanetas que los astrónomos han conseguido fotografiar directamente. El Very Large Telescope de ESO siguió durante años su desplazamiento alrededor de Beta Pictoris, una estrella joven rodeada por un enorme disco de escombros.
Todo eso convierte al sistema en un objetivo excepcional para intentar separar espacialmente al planeta de su estrella. Esa separación era el principal obstáculo en búsquedas anteriores: ya habían aparecido señales de radio interesantes en sistemas que contienen exoplanetas, pero no podía descartarse que procedieran de la propia estrella.
El hallazgo todavía tiene que superar una prueba importante
Hay, sin embargo, un matiz fundamental. El estudio fue enviado a arXiv el 15 de septiembre de 2026 y todavía es un preprint, por lo que no ha completado la revisión por pares.
Astrónomos independientes consultados por Science News consideran el resultado muy prometedor, pero señalan una comprobación particularmente interesante: detectar una periodicidad vinculada a las aproximadamente ocho horas que tarda Beta Pictoris b en girar. Una aurora localizada debería aparecer y desaparecer de nuestra vista a medida que el planeta rota.
Si el resultado se confirma, las consecuencias van bastante más allá de un único planeta. Los campos magnéticos influyen en cómo las atmósferas interactúan con el viento estelar, cómo pierden partículas y qué ocurre en el interior de los planetas que los generan.
Hasta ahora esas propiedades eran extraordinariamente difíciles de medir a decenas de años luz. Beta Pictoris b podría haber demostrado que no necesitamos ver directamente esos campos para estudiarlos. Basta con aprender a escuchar las auroras que producen.