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Ciencia

Durante 23 años, un astronauta fotografió las ciudades desde el espacio. Sus imágenes muestran que la noche en la Tierra ha cambiado radicalmente: ya tiene otrocolor

Don Pettit lleva más de dos décadas fotografiando ciudades desde la Estación Espacial Internacional. Al comparar sus imágenes de 2003 con las actuales, el naranja casi ha desaparecido para dejar paso al blanco de los LED.
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En 2003, Chicago, São Paulo o Ciudad de México tenían algo en común cuando se observaban desde cientos de kilómetros de altura: durante la noche, sus calles formaban enormes telarañas de luz amarilla y anaranjada.

Veinte años después siguen brillando. Lo que ha cambiado es el color.

El astronauta de la NASA Don Pettit ha reunido fotografías tomadas durante sus cuatro misiones a la Estación Espacial Internacional para mostrar cómo las ciudades del planeta han pasado progresivamente de las antiguas lámparas de vapor de sodio a la iluminación LED. Chicago aparece comparada entre 2003 y 2024; Ciudad de México y São Paulo, entre 2003 y 2025; Miami, entre 2012 y 2025.

Pettit tiene bastante material para hacerlo. El astronauta acumula 590 días en el espacio y 13 horas de caminatas espaciales, según su biografía oficial de la NASA.

En 2003 las ciudades eran naranjas. Ahora predominan el blanco y el azul

Durante 23 años, un astronauta fotografió las ciudades desde el espacio. Sus imágenes muestran que la noche en la Tierra ha cambiado de color
© NASA.

La explicación está principalmente en las farolas. Durante buena parte del siglo XX, las lámparas de vapor de sodio fueron una de las tecnologías habituales para iluminar calles y carreteras. Producían aquella característica luz amarilla o naranja que también resultaba perfectamente visible desde órbita.

Los LED cambiaron el paisaje. Consumen menos electricidad para producir una cantidad equivalente de luz, duran más y permiten controlar con mucha mayor precisión intensidad, encendido y apagado. Su adopción masiva hizo que las ciudades empezaran a adquirir tonalidades blancas y, en algunos casos, azuladas.

Las fotografías de Pettit permiten verlo casi inmediatamente. En Chicago, la cuadrícula urbana permanece reconocible, pero cambia drásticamente su tonalidad. En Ciudad de México sucede algo similar, mientras que São Paulo pasó de un resplandor dominado por tonos cálidos en 2003 a una iluminación mucho más heterogénea en 2025.

Pettit comenzó además esta peculiar colección cuando fotografiar ciudades nocturnas desde la ISS era considerablemente más complicado. Durante su primera estancia construyó con piezas disponibles en la estación un “barn-door tracker”, un dispositivo que compensaba el movimiento orbital y permitía realizar exposiciones largas sin que las luces aparecieran completamente borrosas. La propia NASA destacó aquel sistema en 2003.

Las fotos también muestran cómo crecieron nuestras ciudades

Durante 23 años, un astronauta fotografió las ciudades desde el espacio. Sus imágenes muestran que la noche en la Tierra ha cambiado de color
© NASA.

El cambio de bombillas no es lo único que aparece en las comparaciones. Veintitrés años son suficientes para que nuevos barrios, carreteras y zonas metropolitanas hayan llenado espacios anteriormente oscuros. Las luces nocturnas se utilizan precisamente como una herramienta para estudiar procesos como urbanización, electrificación o cambios en la distribución de la población. NASA emplea sus productos Black Marble para detectar esas transformaciones a gran escala.

Las fotografías de los astronautas ofrecen además una resolución y una perspectiva diferentes. NASA explica que sus tripulaciones han producido cientos de miles de imágenes de la Tierra capaces de registrar transformaciones causadas tanto por actividad humana como por fenómenos naturales.

Hay, sin embargo, un matiz importante: las imágenes de Pettit no constituyen por sí mismas una medición calibrada de cuánto aumentó la contaminación lumínica. Cámaras, exposiciones, lentes y condiciones atmosféricas pueden variar entre fotografías. Lo que sí documentan extraordinariamente bien es la transformación espectral del alumbrado y la expansión visible de muchas ciudades.

Ahorrar electricidad no significa necesariamente recuperar la oscuridad

Durante 23 años, un astronauta fotografió las ciudades desde el espacio. Sus imágenes muestran que la noche en la Tierra ha cambiado de color
© NASA.

Aquí aparece la paradoja de los LED. Su eficiencia energética supone una ventaja enorme frente a tecnologías anteriores, pero utilizar luz más barata y eficiente no garantiza automáticamente menos contaminación lumínica. Importan también la cantidad instalada, su potencia, hacia dónde está dirigida, cuánto tiempo permanece encendida y su espectro.

Una revisión publicada en Annual Review of Environment and Resources señala además que muchos LED utilizados en exteriores emiten una proporción importante de longitudes de onda azules, ante las que numerosas respuestas biológicas resultan especialmente sensibles. La luz artificial nocturna puede alterar comportamientos, ciclos circadianos y distintas interacciones ecológicas.

Por eso las fotografías de Pettit funcionan casi como una cápsula del tiempo accidental. En 2003 estaba intentando resolver cómo fotografiar una ciudad desde una estación que viaja a kilómetros por segundo. Dos décadas después, aquellas imágenes permiten observar algo que desde el suelo ocurrió farola a farola.

No hemos dejado de iluminar la noche. Simplemente hemos cambiado su color. Y gracias Mister Pettit por mostrárnoslos.

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