Bali se encuentra en alerta máxima ante la posible erupción magmática del volcán Agung. Ya son miles de evacuados para tratar de evitar una tragedia como la ocurrida en el año 1963 bajo el mismo escenario. ¿Por qué resulta tan complicado predecir una erupción volcánica?

En realidad, las escenas que se están viviendo estos días en la isla no son nuevas. Los lugareños reconocen que hacía meses que el volcán estaba retumbando. La semana pasada se produjo un cambio palpable para los habitantes, con el Monte Agung mostrando cierta actividad seguida de una erupción inicial y una señal de temblor de baja frecuencia.

Luego, la actividad sísmica comenzó a intensificarse el fin de semana, y las indicaciones de que el volcán estaba cambiando a una fase magmática obligaron a elevar el nivel de alerta a 4. En ese momento, los lugareños más viejos de la zona recordaron lo que ocurrió hace más de medio siglo con el mismo volcán, una erupción donde murieron más de 1.000 personas.

Monte Sinabung, desde la villa de Jeraya, Norte de Sumatra, Indonesia

Por tanto, existieron señales de lo que podría pasar, pero estas no siempre llegan acompañadas de una gran erupción. Según explica a Popular Science Simon Carn, vulcanólogo de la Universidad Tecnológica de Michigan:

Agung también tiene un historial de impactos globales. La erupción de 1963 fue la más grande en Indonesia en el siglo XX y tuvo un pequeño impacto climático porque la cantidad de gases emitidos era bastante grande. Es interesante observar cómo un volcán como este vuelve a despertar para tener la oportunidad de hacer mediciones.

Una de las principales preocupaciones de toda población cercana a un volcán se llama “lahar”. Se trata del flujo de sedimentos y agua que se moviliza desde las laderas de los volcanes.

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Durante los últimos siglos, los lahares han destruido más viviendas que cualquier proceso volcánico, y han sido los causantes de la pérdida de miles de vidas humanas. Es por esto que los lahares, junto con la caída de tefra (cualquier fragmento sólido de material volcánico expulsado al aire durante una erupción) son la principal causa de riesgo asociado a una erupción.

Erupción del volcán Calbuco, en Chile. Foto: AP

Indonesia cuenta con un total de 139 volcanes, y está más preparada que muchos otros países para enfrentarse a una erupción. Sin embargo, sigue siendo un fenómeno peligroso debido a esos lahares, la caída de ceniza o las nubes de gas sobrecalentado que fluyen por la ladera de una montaña.

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Por esta razón, cuando un volcán vuelve a entrar en erupción, se repite la misma pregunta, ¿existe alguna forma de averiguar cuándo ocurrirá una erupción? Según Carn:

Es difícil predecir una erupción volcánica, al igual que lo es predecir cómo evolucionará después de que comience. En este tipo de casos, los vulcanólogos miran la actividad de un volcán para ver qué hacía en el pasado, y a menudo lo mejor que puedes usar para pronosticar es su actividad previa.

Al igual que ocurre con los terremotos, averiguar el momento exacto en que un volcán entrará en erupción (y el impacto que tendrá) es imposible. Sin embargo, y como explica el investigador, los depósitos de erupciones pasadas son pistas que junto a los datos actuales ayudan a mejorar los pronósticos.

Explosión del volcán de Colima. Sergio Tapiro

Actualmente, los vulcanólogos pueden ofrecer probabilidades de que se produzca una erupción, pero nunca pueden estar seguros, del mismo modo que los meteorólogos ofrecen probabilidades sobre el clima.

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Los vulcanólogos pueden hacer predicciones monitoreando datos estadísticos sobre erupciones pasadas y utilizando instrumentos sintonizados como los sismógrafos, que pueden realizar un seguimiento de los pequeños temblores producidos por el volcán.

Luego los sismómetros pueden rastrear el ascenso del magma y su movimiento para medir la actividad actual. Sin embargo, cada volcán es único, y la cadena de eventos particulares que conduce a la erupción de un volcán puede ser completamente diferente a la del resto.

Además, a diferencia de los patrones climáticos, que tienden a ocurrir al aire libre, los factores que conducen a una erupción volcánica se desarrollan en el interior de nuestro planeta, más abajo de lo que la tecnología actual puede alcanzar.

El volcán Sinabung en erupción. AP

Sea como fuere, parece complicado que ocurra el desastre de 1963. En ese evento, unos pequeños terremotos precedieron a una erupción, seguida de grandes flujos de lava y una erupción explosiva devastadora. Sin embargo, las evacuaciones actuales están diseñadas para llevar a las personas a una distancia segura antes de que ocurra un evento como el ocurrido hace medio siglo.

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No sólo eso. Hoy los satélites también están involucrados, la tecnología GPS es capaz de medir hasta cuánto se hincha el suelo sobre un volcán cuando el magma dentro de la Tierra trata de encontrar una salida. De hecho, en ese punto los vulcanólogos pueden hacer uso de las mediciones satelitales para medir los gases que salen de los volcanes, lo que podría ayudar a predecir su comportamiento eruptivo en el futuro.

Por tanto, no existe una fórmula exacta para predecir el momento exacto en que un volcán entrará en erupción, pero en apenas 50 años se ha conseguido un sistema tremendamente eficaz, y en el futuro se espera que las redes de satélites desplegadas por todo el planeta faciliten aún más la predicción de erupciones volcánica. [Popular Science, BBC, The Conversation]