En agosto de 2016 nos felicitábamos por el descubrimiento de Proxima b, el exoplaneta rocoso más cercano a la Tierra que además está en zona de habitabilidad. Desde entonces, numerosos estudios cuestionan que Proxima b sea realmente habitable, pero quizá estén equivocados después de todo.

El problema con este exoplaneta que orbita la estrella Proxima Centauri, a solo 4,22 a√Īos luz de la Tierra, es que en realidad sabemos muy poco sobre √©l. Por no saber, ni siquiera sabemos si tiene agua o atm√≥sfera. El hecho de que su tr√°nsito no sea visible desde la Tierra complica a√ļn m√°s su an√°lisis qu√≠mico. Hasta donde sabemos, Pr√≥xima b podr√≠a ser una roca completamente seca y desprovista de atm√≥sfera tras millones de a√Īos abrasado por las primeras etapas de vida de su estrella.

Pero ¬Ņy si se hubiera formado m√°s tarde o m√°s lejos y hubiera terminado en zona habitable? ¬ŅY si realmente tuviera agua?

Hasta ahora, el mayor obst√°culo a la vida en Pr√≥xima b son las llamaradas solares. Pr√≥xima Centauri es una enana roja, un tipo de estrellas mucho m√°s activas que nuestro Sol. Seg√ļn la teor√≠a m√°s aceptada, esa actividad en la superficie de la estrella se traduce en que Pr√≥xima b (20 veces m√°s cercano a su estrella que nosotros a la nuestra) recibe unas dosis de radiaci√≥n ultravioleta y rayos X tan bestiales que hace tiempo que erosionaron por completo su atm√≥sfera.

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A pesar de todo lo que tiene en contra, un nuevo estudio titulado Habitable Climate Scenarios for Proxima Centauri b with a Dynamic Ocean publicado en la revista Astrobiology hace albergar esperanzas. Los científicos de la NASA que lo firman han ejecutado una sucesión de posibles escenarios climáticos globales usando el software Resolving Orbital and Climate Keys of Earth and Extraterrestrial Environments with Dynamics (ROCKE -3-D). Se trata de una versión del GISS Model E2 Earth Global Climate Modelling, un avanzado simulador climatológico desarrollado por la agencia.

Las simulaciones respetan las caracter√≠sticas que ya conocemos del planeta y tan solo dan por hecho una que a√ļn no conocemos: que el exoplaneta tenga un oc√©ano con corrientes din√°micas, no simplemente una masa de agua est√°tica.

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Después han introducido todas las variables que se les ha ocurrido, empezando por jugar con la densidad de la atmósfera, y siguiendo con la salinidad del agua, la extensión del océano, o la posibilidad de que Próxima b sufra acoplamiento de marea. En otras palabras, que su rotación y traslación sean equivalentes de forma que el exoplaneta siempre muestre la misma cara a la estrella. En una mitad siempre es de día. En la otra siempre es de noche.

Teniendo en cuenta todos estos factores, los investigadores han llegado a la conclusión de que hay muchos más escenarios de los que pensábamos en los que Próxima b (o alguna de sus regiones) son habitables. Incluso con acoplamiento de marea, la presencia de un océano activo es suficiente como para equilibrar la temperatura del planeta y alimentar la atmósfera para que la radiación no esterilice la superficie.

Por supuesto, no sabremos hasta qué punto alguno de esos modelos ha dado en el clavo hasta que no logremos recabar más datos reales sobre Próxima b. Ese momento llegará cuando pongamos en órbita el Telescopio Espacial James Webb o terminemos de construir alguno de los nuevos telescopios terrestres gigantes como el ELT o el GMT. [vía Astrobiology]