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Ayer por la tarde fue una jornada histórica. West Texas Intermediate, uno de los crudos más comercializados en el mercado, cayó por primera vez en territorio negativo. Eso significa lo que estás pensando: que los productores de petróleo pagarían a los comerciantes para quitarse el petróleo de encima. El coronavirus ha sido el detonante para que, de repente, el petróleo no valga nada. O casi.

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¿Y cómo ha ocurrido esto? No tenemos más que salir al balcón o una ventana de casa para entenderlo. Nadie va a ninguna parte y las principales industrias están cerradas. En esencia, el mundo entero está congelado, y con ello la economía. Sin demanda no hay negocio que se sostenga.

Sin embargo, y aquí viene una de las claves para entender lo sucedido, a la industria petrolera parece que no le llegó el mensaje. Mientras el mundo se detenía en modo pausa, la industria petrolera siguió desenterrando más y más petróleo. Dicha situación llevó a medidas extremas, como la caída de los precios canadienses y los comerciantes gastando millones de dólares por día en superpetroleros para esconder el petróleo en el mar.

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Así se llegó al día de ayer, con precios negativos para el petróleo. Los productores pagaban a los compradores para que tomaran el crudo que no pueden almacenar, e incluso las empresas petroleras han tenido que alquilar camiones cisterna para almacenar la oferta excedente.

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Obviamente, la culpa no es únicamente de la pandemia, porque detrás de este colapso se encuentra la guerra de precios entre Arabia y Rusia y el agotamiento de la capacidad de almacenamiento. El fin del acuerdo de tres años sobre cuotas de producción (hasta el 31 de marzo) ha sido un factor clave, al igual que lo ha sido la tendencia de los países productores, con especial énfasis en Arabia, a compensar la caída de los precios con aumentos de la producción y la exportación. Según le explicaba a nuestros compañeros de Earther Mark Paul, economista del New College of Florida:

Una gran parte de la historia es que Estados Unidos simplemente se está quedando sin espacio para almacenar el petróleo. Las refinerías están comenzando a rechazar envíos. La falta de espacio de almacenamiento, impulsada por una sobreoferta masiva, está destruyendo el mercado petrolero. Paradójicamente, es un buen momento para aumentar el impuesto sobre el carbono, y debemos estar hablando de los precios del carbono en los cientos de dólares por tonelada de dióxido de carbono, junto con importantes inversiones ecológicas y regulaciones inteligentes para transición de la economía de una manera manejable. Como he argumentado en otra parte, ahora es el momento de una gran inyección de fondos públicos para invertir en la economía verde que necesitamos desesperadamente. En resumen, ahora es el momento de destruir la demanda de petróleo al participar en un programa de descarbonización por choque.

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Contaban los analistas de Goldman Sachs que el mundo tiene actualmente una capacidad de almacenamiento de crudo de 1.000 millones de barriles, aunque buena parte de esa capacidad nunca podrá ser usada por el shock actual que está destruyendo las redes de transporte. Según el banco:

La pandemia es extremadamente negativa para los precios petroleros y está llevando los precios de zonas no costeras o alejadas de los puertos de salida a territorio negativo. Dado el coste de sellar un pozo, un productor estará dispuesto a pagarle a alguien que disponga del barril, lo que implica un precio negativo en áreas sin salida al mar. Eso afectará más al precio del crudo WTI (cuya área de producción es Texas, EEUU), que al del Brent.

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Es posible que te estés haciendo la misma pregunta. Tenemos un exceso de oferta de petróleo y no hay espacio para guardarlo. Entonces, ¿por qué simplemente no reducen la producción? La respuesta corta: porque es difícil cerrar y luego reiniciar un pozo petrolero, y los estadounidenses, a corto plazo, no lo necesitan. Designar un pozo como “inactivo” es una solución temporal para los operadores, pero tiene un gran coste económico y ambiental.

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Si tapas un pozo lo estás “matando”, por lo que los propietarios de pozos petroleros pierden el dinero con el que contaban del valor esperado del petróleo debajo de la tierra. Así que simplemente mantienen el flujo y cruzan los dedos para que los precios se estabilicen y no se queden con billones de dólares de activos parado.

¿Se recuperará una vez que comencemos a salir del bloqueo? El tiempo dirá, pero por ahora podemos decir que lo que ocurrió ayer jamás lo habíamos visto. Y el futuro que casi tocábamos antes de la pandemia, con las energías renovables y los vehículos funcionando con electricidad, podrían acabar acelerando esta caída.

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