Estatua de San Miguel del siglo XVIII derribada accientalmente por un turista en Portugal en 2016. Foto: YouTube

Para los que somos torpes por naturaleza, solo el hecho de entrar en un museo hace que nos suba la presi√≥n arterial. ¬ŅQu√© pasa si accidentalmente tropezamos con un jarr√≥n de la dinast√≠a Ming, o nos sentamos en una escultura moderna confundi√©ndola con un banco y la hacemos a√Īicos?

Este √ļltimo supuesto es completamente real. La protagonista de tan absurdo incidente es una escritora llamada Alison Kenney. En 2014, Alison visitaba una galer√≠a de arte en Nueva York cuando decidi√≥ sentarse en un banco para admirar un cuadro.

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El banco, por supuesto, no era tal, sino una escultura de 8.000 dólares que, para más inri, estaba hecha de espuma de poliestireno recubierta (en otras palabras, no aguantaba el peso de una persona). La escritora partió la esquina de la obra e hizo lo que cualquier otro ser humano haría en esas circunstancias: mirar a todos lados con cara de indignación como si hubiera sido otro, y apresurarse a la siguiente sala con el corazón a mil por hora.

Momento en el que un turista tropezaba y destruía varios jarrones en el museo Fitzwilliam, en 2016

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Por supuesto, la treta sirvi√≥ de bien poco, porque la mayor parte de los museos tienen c√°maras y hay gente detr√°s de ellas vigilando precisamente esta clase de incidentes. Un amable individuo de la sala de arte pidi√≥ a Kenney que la acompa√Īara para dejar constancia de sus datos personales y una breve declaraci√≥n del incidente.

En contra de lo que se podr√≠a pensar, los museos y las galer√≠as de arte no son como estos bazares en los que un cartelito nos avisa que si rompemos algo nos toca pagarlo. Todos ellos disponen de seguros privados que est√°n precisamente para casos como el de Kenney o como tantos otros que se suben a YouTube cada a√Īo para deleite de todos.

Si nos piden los datos suele ser porque el seguro los solicita para rellenar el parte y, en caso necesario, solicitar informaci√≥n adicional al visitante. Salvo casos muy especiales, la persona que tiene el accidente no vuelve a saber nada del tema. Un experto en restauraci√≥n valora los da√Īos y despu√©s redacta un informe pericial recomendando cu√°l es el mejor proceso de reparaci√≥n o, en el improbable caso de destrucci√≥n completa, indemnizar con el valor total de la obra.

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En la mayor parte de casos, se considera que los visitantes son personas invitadas por el museo, y por tanto es responsabilidad de este proteger o indicar las obras adecuadamente.

Por supuesto, esto aplica solo a los casos en los que un visitante del museo estropea una obra accidentalmente. Si el usuario lo hace de forma intencionada, los costes de reparaci√≥n repercuten directamente en √©l. Seg√ļn el caso y su gravedad, es posible que adem√°s se presente denuncia y se solicite una indemnizaci√≥n adicional. [v√≠a Artsy]