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Las misiones Apolo tienen una serie de elementos visuales casi inmediatamente reconocibles: los trajes, esas cubiertas de aluminio dorado, las omnipresentes banderitas sobre los paneles blancos de las naves... Pero también hay elementos muy reconocibles en el audio, y el más característico son los pitidos.

Si has escuchado alguna de las transmisiones de las misiones a la Luna o has visto sus vídeos probablemente hayas reparado en un detalle curioso (Si no lo has hecho, el vídeo bajo estas líneas te sacará de dudas). De fondo, bajo las voces distorsionadas de los astronautas y el equipo del Centro de Control, hay pitidos que se repiten de forma periódica. ¿Para qué sirven? Comencemos por su nombre. Son los Tonos Quindar.

Lo primero que hay que saber sobre los tonos Quindar es que los hay de dos tipos. El primero suena a una frecuencia de 2.525 KHz. El segundo suena a 2.475 KHz. Ambos tienen la misma duración: 250 milisegundos. El primer tono es un poco más agudo y se conoce como intro. El segundo mas graves se conoce como outro. Como sus nombres ya apuntan, se usan para marcar el comienzo y final de algo. Ese algo tiene que ver con el módulo CapCom (Capsule Communicator) que no es otra cosa que la persona en Tierra encargada de comunicarse con los astronautas en la nave espacial.

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Designar una persona como portavoz de las operaciones era crucial para evitar que se cruzaran conversaciones. Cómo esa persona iba a estar en el Centro de Control y rodeado de bastante ruido, la NASA diseñó un sistema Push-to-talk como el de los Walkie-Talkies. Pulsas el botón mientras hablas y lo sueltas cuando terminas.

Esto no debería ser problemático de configurar, pero los programas espaciales tienen requisitos bastante únicos. El sistema de transmisiones de la NASA para aquellas misiones consistía en una red de estaciones repartidas por todo el planeta y pensadas para que no hubiera zonas muertas en las que la nave de los astronautas no pudiera comunicarse con Tierra. El audio se transmitía a estas estaciones mediante líneas telefónicas directas dedicadas. Estas líneas solo permitían usar voz. Si la NASA quería enviar algún otro tipo de dato como una señal de transmisión abierta o cerrada debía instalar otro par de cables, lo que era muy caro. Por ello idearon un sistema para meter las señales de control en la propia línea de voz.

Como las líneas telefónicas están optimizadas para el rango de frecuencias audible para el ser humano, estas señales debían estar en ese rango, que es la razón por las que las oímos en las transmisiones. La NASA describe así la tecnología de los tonos Quindar:

Los tonos Quindar se llaman así por el nombre de la compañía que generó los tonos y el equipamiento empleado para detectarlos y activar o desactivar los transmisores remotos en las diferentes estaciones de radio que se comunicarían con las misiones Mercury, Apollo y en algunas ocasiones con los transbordadores espaciales. Cuando alguien en el centro de control pulsa el botón PTT (Push-to-talk) de su transmisor, se genera un tono de medio segundo. El decodificador en la estación detecta el tono y abre el canal. Cuando se detecta el segundo tono, cierra la comunicación.

Como las líneas telefónicas se diseñaron para llevar frecuencias de voz humana, los tonos tenían que estar en estas frecuencias y por tanto son audibles al oído humano. El tono podría haberse separado en otra línea, pero para ahorrar costes se hizo en la ya existente.

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Un generador de tonos Quindar.
Foto: eBay

En definitiva, que cada vez que escuchas un tono Quindar, es porque alguien en el centro de control ha pulsado un botón y se dispone a hablar. Cuando escuchas el segundo tono es que ha cortado la comunicación. En el espacio, los astronautas llevaban micrófonos que se activaban con la voz, por lo que los tonos no aparecen cuándo son ellos los que hablan. Al final, la razón de ser de que escuchemos todos esos tonos en las antiguas conversaciones con astronautas era una cuestión de costes. Sin embargo, han terminado formando parte del imaginario (en este caso auditivo) de las primeras décadas de exploración espacial.

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