Harold Camping, Lee Jang o Pat Robertson son nombres que quiz√°s no te suenan. Forman parte de un peque√Īo grupo que se adelant√≥ a la propia historia y cual hombres del futuro descifraron la fecha del fin de nuestros d√≠as. Ellos forman parte tambi√©n de todo un negocio en torno a la fe: el fin del mundo.

No s√≥lo eso, este grupo de ‚Äúexpertos‚ÄĚ tuvieron su momento de gloria en el a√Īo 2011, momento donde casualmente segu√≠amos con vida y no exist√≠an profec√≠as apocal√≠pticas cercanas. Quiz√° por ello se celebraron un a√Īo m√°s los Premios Ig Nobel organizados por la prestigiosa¬†Annals of Improbable Research. Ese a√Īo ninguno de los ilustres con los que comenzamos pudo asistir, aunque fueron galardonados con el premio de Matem√°ticas que concede la Universidad de Harvard.

Un merecido reconocimiento a estos profetas apocal√≠pticos que un d√≠a ‚Äúense√Īaron al planeta que se debe ser muy cuidadoso a la hora de realizar c√°lculos y asunciones matem√°ticas‚ÄĚ.

Lo cierto es que no debemos de bromear demasiado sobre estos tipos. Ellos fueron capaces de arrastrar con su mensaje, en mayor o menor medida, a otros mártires por su causa. Aunque sin duda todos beben de una misma figura. La indiscutible pionera en esto de las profecías del fin del mundo en la era moderna.

Todo comenzaría hace mucho tiempo, en una casa donde debía tener lugar el mayor de los acontecimientos de la historia de la humanidad.

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El apocalipsis seg√ļn Dorothy Martin

Religión UFO. Getty

Eran la diez de la noche. Catorce personas se sientan mirando a un reloj, ninguno puede apartar la vista mientras ven cómo pasa cada segundo de forma agónica. Hace frío, mucho frío. Se abrigan y se aferran a sus abrigos. Todos están listos para el día, están preparados para la marcha inminente.

‚ÄúCharles, ¬Ņrecuerdas la contrase√Īa, verdad?‚ÄĚ, pregunta una mujer delgada de mediana edad que est√° sentada al frente del grupo. ‚ÄúS√≠, Dorothy, la hemos practicado como 100 veces‚ÄĚ, responde Charles. ‚ÄúOk, a√ļn as√≠ vamos a practicarlo s√≥lo una vez m√°s, para estar seguros‚ÄĚ. Charles suspira aunque luego asiente con la cabeza y explica los pasos:

Si todo va seg√ļn lo previsto, cuando llegue la medianoche un hombre del espacio llamar√° a la puerta, momento en el que debo decir: ‚Äú¬ŅCu√°l es tu pregunta?‚ÄĚ A lo que el hombre del espacio deber√° responder, ‚ÄúSoy el guardi√°n‚ÄĚ, y entonces yo debo replicar, ‚ÄúYo soy mi propio guardi√°n‚ÄĚ.

Dorothy asiente con satisfacción. Poco después el silencio se vuelve a apoderar de la sala y el grupo regresa a su vigilia, observando cómo el reloj se acerca a la medianoche.

Faltan seis minutos para las doce. Dorothy se mueve nerviosa, se revuelve en su asiento. De repente, se agarra las manos, mira hacia arriba como si fuera a rezar y dice con voz alta y solemne: ‚ÄúEl plan no se ha extraviado‚ÄĚ. El resto del grupo la mira y asiente con la cabeza. El minutero est√° a segundos de la medianoche, la tensi√≥n en la habitaci√≥n se palpa como si se tratara de una presencia f√≠sica que los presiona a todos. Queda un minuto, 30 segundos, tres segundos, dos, uno‚Ķ

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Son las doce.

Unarius Academy of Science Expects Flying Saucers. Getty

El reloj comienza a sonar, cada una de las notas hace eco en la habitación. Todos los miembros del grupo detienen su aliento mientras se esfuerzan por escuchar un ruido en la puerta.

Pero ese ruido no llega. Los minutos pasan y nadie toca en la puerta. Entonces todas las miradas se vuelven a la misma persona. El grupo mira a Dorothy buscando una explicación. Ella baja la cabeza, mira al suelo perdida en sus pensamientos. Luego, por fin, Dorothy rompe el silencio:

Hay un ligero retraso.

A finales de septiembre de 1954 los peri√≥dicos estadounidenses reportaron una serie de noticias catastr√≥ficas para el planeta. En tan s√≥lo tres meses, en 90 d√≠as hasta la ma√Īana del 21 de diciembre, una inundaci√≥n masiva iba a crear un vasto mar interior que se extender√≠a desde el C√≠rculo Polar √Ārtico hasta el Golfo de M√©xico. Lugares como Chicago o Detroit y la mayor√≠a de pueblos y ciudades del Medio Oeste en Estados Unidos ser√≠an destruidos por las olas. Simult√°neamente, los cataclismos sumergir√≠an las costas occidentales de las Am√©ricas, desde el estado de Washington hasta Chile. Una ingente cantidad de desastres similares devastar√°n gran parte del resto del mundo.

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El resultado: la mayoría de la gente del planeta iba a morir.

Fotograma de 2012 (la pel√≠cula, no el a√Īo :P)

Ok, ¬Ņy de d√≥nde demonios naci√≥ semejante apocalipsis peliculero? Lo normal ser√≠a pensar que fueron unos investigadores, quiz√°s unos acad√©micos o unos cient√≠ficos con alguna de sus predicciones. Pero no. La responsable de que los medios de comunicaci√≥n se hicieran eco de semejante escenario era una abuela de Chicago de 53 a√Īos llamada Dorothy Martin. La misma que tambi√©n fue informada de la inminente llegada de los alien√≠genas espaciales. Para m√°s se√Īas, del planeta Clarion.

Los medios de comunicaci√≥n trataron la predicci√≥n como una broma, una que fascin√≥ a Leon Festinger, por aquel entonces un joven profesor de psicolog√≠a de la Universidad de Minnesota. Obviamente, Dorothy Martin cre√≠a profundamente su predicci√≥n, lo hac√≠a casi tanto como su peque√Īo grupo de seguidores. Todos ellos se hab√≠an arriesgado al rid√≠culo p√ļblico para advertir el destino del mundo en apenas unos meses.

Sin embargo, para Festinger hab√≠a algo mucho m√°s intrigante. ¬ŅQu√© iba a pasar con ellos cuando el mundo no terminara? ¬ŅC√≥mo podr√≠a el grupo de Martin enfrentarse a un golpe tan grande en sus convicciones? El profesor se dio cuenta r√°pidamente de que delante de sus narices se estaba desarrollando un experimento natural sobre la posible ‚Äúinvalidaci√≥n‚ÄĚ de la creencia. As√≠ fue como decidi√≥ que iba a estudiar el fen√≥meno en persona.

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Rápidamente el hombre forma un equipo compuesto por él, otros dos psicólogos sociales (Stanley Schachter y Henry Riecken) y un par de estudiantes de postgrado. Su misión, una que todos aceptaron de buen grado, fue infiltrarse en el grupo de Martin haciéndose pasar por creyentes con el fin de observar y registrar las acciones del grupo con el mayor detalle posible y, claro, estar allí el fatídico 21 de diciembre.

Querían ver de primera mano la reacción del grupo.

Viaje alucinado al apocalipsis alienígena

Space Brothers. Getty

Festinger tenía una predicción personal sobre el resultado final. El hombre teorizó que la dramática realidad no debilitaría las creencias del grupo en lo más mínimo. De hecho, las intensificaría y llevaría al grupo a hacer esfuerzos para reclutar a más miembros. Desde luego, parece raro pensar así, pero el psicólogo predijo esto porque había estado desarrollando una teoría: la disonancia cognitiva.

Festinger argumentaba que las personas necesitan que sus creencias sean consistentes y compatibles. Las creencias incompatibles, disonantes, causan una tensión psicológica. Por ejemplo, si tu sistema de creencias te dice que el mundo debería haber terminado, pero no lo hizo, entonces tendrás que resolver esta discrepancia.

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Una manera sencilla de hacerlo ser√≠a descartar las creencias refutadas. Sin embargo, si la persona ya se ha comprometido profundamente con dichas creencias ‚Äďpor ejemplo si se ha llegado a dejar el trabajo y la pareja por ellas, o incluso si se ha arriesgado a acabar en una instituci√≥n mental- entonces es muy posible que no resulte sencillo aceptar que no eran correctas.

En tal caso, sería paradójicamente más fácil tratar de fortalecer tus creencias tratando de reclutar a otros creyentes, y lo es porque convencer a alguien para que comparta tus ideas es como obtener un voto de confianza. Si lo consigues, de repente todo vuelve a encajar y vuelves a estar en el camino correcto otra vez. Dicho de otra forma, tu mundo no se rompe en pedazos. Así fue como Festinger escribió:

Si más y más gente pueda ser persuadida de que el sistema de creencias es el correcto, entonces claramente y después de todo, debe ser el correcto.

El Juicio Final. Wikimedia Commons

Vale, hasta aqu√≠ la clase te√≥rica pero, ¬Ņc√≥mo demonios se iban a comportar en la realidad estos tipos que cre√≠an que una versi√≥n de Mars Attack llegar√≠a en breve?

El equipo de investigadores comenzó su trabajo infiltrándose en el grupo de Martin. Esto requería de cierta creatividad porque Dorothy y sus seguidores, a pesar de toda la parafernalia que nos podamos imaginar con su mensaje apocalíptico, era un grupo bastante tranquilo y solitario. De hecho no estaban buscando nuevos reclutas, por lo que no existía un formulario de solicitud que los investigadores pudieran rellenar.

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En su lugar, el equipo de Festinger se acerc√≥ al grupo individualmente con historias inventadas, todas destinadas a apelar a la filosof√≠a de los creyentes y poder as√≠ unirse a ellos. Por ejemplo, una estudiante de postgrado afirm√≥ que hab√≠a so√Īado con una terrible inundaci√≥n, y luego hab√≠a visto la predicci√≥n en el peri√≥dico. Otro de los miembros del grupo de Festinger cont√≥ que conoci√≥ a un ser misterioso, tan extra√Īo que parec√≠a del espacio. Y lo cierto es que el enga√Īo funcion√≥ y todos los investigadores fueron aceptados de manera efusiva por el grupo de Dorothy.

Sin embargo hab√≠a un problema. Al mostrarse en conjunto todas estas historias, el equipo del psic√≥logo acab√≥ reforzando a√ļn m√°s las creencias del grupo de creyentes. De esta forma Dorothy Martin decidi√≥ que los alien√≠genas espaciales le estaban enviando gente para recibir instrucciones, adem√°s se aferr√≥ con m√°s fuerza a sus creencias. Por tanto y nada m√°s empezar, en vez de simplemente observar, los investigadores hab√≠an alterado desde el principio el curso de los acontecimientos a trav√©s de su presencia.

Rael (Movimiento Raeliano). Getty

Festinger y su equipo establecieron una base en una habitaci√≥n de hotel cercana a la casa de Martin, as√≠ se iban turnando en uno u otro sitio. Cada vez que pod√≠an tomaban notas de los acontecimientos en curso, a veces excus√°ndose a ir al ba√Īo o saliendo de la habitaci√≥n y escribiendo fren√©ticamente lo que acababa de ocurrir. Por √ļltimo, aquellos acontecimientos m√°s importantes los reten√≠an en su cabeza y esperaban a llegar al hotel para dictar todo lo que recordaban en una grabadora.

Tal y como recogieron sus notas, el mayor desaf√≠o al que se enfrentaron aquello d√≠as fue mantenerse en un papel neutral dentro del grupo. La ideolog√≠a de Martin ‚Äúdespertaba nuestra incredulidad constante‚ÄĚ y a menudo deb√≠an aguantar y sonre√≠r en vez de enfrentarse a la l√≠der.

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Y es que el sistema de creencias de Martin era una mezcla ecléctica del cristianismo moderno con una obra de ciencia ficción, una coctelera de ideas inverosímil. Dorothy afirmaba sin pudor estar recibiendo mensajes de Clarion, un planeta donde los cuerpos se ajustaban automáticamente a la temperatura exterior, los habitantes comían copos de nieve y donde nadie moría jamás.

Los mensajes llegaban hasta ellas a través del espíritu de Sananda, que aparentemente era Jesucristo haciéndose pasar por un nombre diferente. La mujer recibía los mensajes entrando en una especie de trance y permitiendo que los alienígenas guiaran su mano mientras escribía palabras en un pedazo de papel en un proceso que ella misma bautizó como escritura automática.

W. Proctor de la Interplanetary Confederation. Getty

Con el tiempo el mensaje se había completado y no traía nada bueno para los habitantes de la Tierra. Martin había comunicado a sus fieles seguidores que las inundaciones destruirían gran parte de la Tierra el 21 de diciembre, aunque los alienígenas espaciales descenderían en un barco (espacial, suponemos) y los rescatarían. Eso sí, sólo a los verdaderos creyentes que existieran por aquellas fechas.

Ella misma había fijado la hora del rescate para la medianoche, aunque esperaba que pudiera aparecer un poco antes. Por esta razón enviaba diariamente a alguno de los seguidores a observar el cielo y la posible llegada de la nave. También instó a todos a permanecer alejados del metal, ya sea en una cremallera o en una hebilla de cinturón. La razón se debía a que en una nave espacial el contacto con el metal podría causar graves quemaduras. Lo cierto es que nunca explicó por qué esto era así, pero aseguró que todo tenía que ver con la avanzada tecnología alienígena.

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Llegados a este punto los investigadores estaban como nosotros al leerlo. El grupo del psicólogo también estaba asombrado ante las bromas (cada vez más frecuentes) que llegaban desde el exterior. Dorothy y sus seguidores se convirtieron en el punto de mira de los bromistas. Y por muy ridículas u obvias que fueran, se las tragaban todas.

Por ejemplo cuando les llam√≥ un joven que se hac√≠a llamar El Capit√°n del espacio exterior. El chico le dijo al grupo que una nave espacial los recoger√≠a al mediod√≠a en un punto. Obedientemente los miembros del grupo salieron en tropel para esperar en la nieve a la nave. En otra ocasi√≥n recordaban que unos chicos llamaron diciendo que ten√≠an una inundaci√≥n en su cuarto de ba√Īo y que quer√≠an que el grupo se pasase para ver si era el principio del apocalipsis.

Jack Appel y David Reynolds concentrados para recibir un mensaje extraterrestre en la Unarius Academy of Science. Getty

El grupo no acudi√≥. Pero no lo hizo porque seg√ļn Dorothy eran hombres del espacio disfrazados de humanos que los estaban probando. En otra ocasi√≥n fueron todos invitados a un coctel del fin del mundo, una fiesta que declinaron asistir.

En cualquier caso la tensión se mantuvo estable hasta la noche del 20 de diciembre, momento en el que el grupo se reunió en la sala de estar de Martin para esperar la medianoche. Ese día esperaron y esperaron, pero los hombres del espacio no aparecieron.

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Poco despu√©s, a las 12:30 de la madrugada, se produce un golpe en la puerta, lo que r√°pidamente caus√≥ gran expectaci√≥n y emoci√≥n en el grupo. Uno de los miembros se levant√≥ y fue a contestar a la puerta, momento que Martin aprovech√≥ para recordarle que deb√≠a pedir la contrase√Īa secreta. Segundos despu√©s el miembro regresa con la noticia de que eran unos ni√Īos jugando.

Finalmente a eso de las 2:30 de la ma√Īana, Martin anuncia que ha recibido otro mensaje del esp√≠ritu de Sananda. Y no, Sananda no se disculpaba por dejarles tirados ante el inminente apocalipsis. En su lugar, el importante mensaje que hab√≠a transmitido desde el planeta Clarion era que... todos deb√≠an tomar una taza de caf√©.

Modelo de ‚Äúciudad futurista‚ÄĚ que surgir√° tras la llegada del apocalipsis alien√≠gena. Getty

La siguiente escena, totalmente surrealista, era el grupo entero bebiendo su taza de caf√© mientras los investigadores permanec√≠an atentos ante las reacciones tras el fracaso de la llegada de la nave espacial. Y es que muchos de los seguidores de Martin hab√≠an apostado todo a que los hombres del espacio los iban a recoger. Hab√≠an dejado sus trabajos, sus parejas e incluso se hab√≠an gastado todos sus ahorros. ¬ŅQu√© iban a hacer ahora que estaban atrapados en la Tierra?

Pero nadie ten√≠a ganas de hablar. Hab√≠a un estado de √°nimo tenso, ciertamente inc√≥modo. Algunos miembros caminaban sin expresi√≥n, aparentemente desilusionados, y en general reinaba la confusi√≥n. Todos estaban esperando a Martin para que explicara por qu√© no hab√≠a sucedido nada. Horas despu√©s, sobre las 5 de la ma√Īana, Dorothy anuncia que ha recibido un nuevo mensaje desde Clarion:

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Vosotros, que de la boca de la muerte hab√©is sido entregados y en ning√ļn momento ha habido tal fuerza desatada sobre la Tierra... Desde el principio de los tiempos en este planeta jam√°s ha existido tal fuerza del bien como la que ahora inunda esta habitaci√≥n, y lo que ha sido desatado dentro de estas cuatro paredes ahora inunda toda la Tierra.

Pasados cinco segundos de silencio mir√°ndose las caras unos a otros, los investigadores se preguntan, ¬Ņqu√© demonios significa eso? Dorothy les dice a todos que su mensaje significa que ellos hab√≠an salvado al mundo. Su devota creencia hab√≠a evitado la cat√°strofe. Por eso la nave espacial no hab√≠a llegado. No s√≥lo eso, Dorothy se vino arriba y comunica que ha llegado un segundo mensaje: los habitantes de Clarion quieren que difundan un mensaje de Navidad en su nombre, un mensaje de alegr√≠a y salvaci√≥n al mundo entero. Todo el planeta necesitaba saber sobre aquella gloriosa redenci√≥n.

Día después del apocalipsis interruptus

Leon Festinger

Ocurri√≥ lo que Festinger hab√≠a predicho. El choque entre la realidad y la predicci√≥n no hab√≠a afectado las creencias de los seguidores. En lugar de ello, se reforzaron sus convicciones y movilizaron al grupo para buscar nuevos miembros. Si bien hasta ese 21 de diciembre el grupo hab√≠a rechazado la publicidad, aquella ma√Īana descolgaron los tel√©fonos para los periodistas llamando la atenci√≥n de los medios de comunicaci√≥n.

As√≠ fue tambi√©n como Martin hizo disponible grabaciones de sus mensajes publicando un comunicado de prensa. M√°s tarde el surrealismo lleg√≥ a cotas inimaginables cuando el grupo sali√≥ de la casa en modo √©pico y se puso a cantar villancicos en el jard√≠n de la casa de Dorothy para difundir el mensaje de alegr√≠a a sus vecinos y, por qu√© no, en un √ļltimo intento por atraer a la nave espacial.

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Desgraciadamente para este grupo de entusiastas y a pesar de los grandes esfuerzos, ese día no atrajeron a nadie. A decir verdad eran pésimos para el proselitismo. Tal y como escribieron los investigadores:

Durante una semana estaban en las noticias principales en todo el pa√≠s. Sus ideas no carec√≠an de atractivo popular y recib√≠an cientos de visitas, llamadas telef√≥nicas y cartas de ciudadanos seriamente interesados, as√≠ como ofertas de dinero (que rechazaban invariablemente). La realidad es que los acontecimientos conspiraron para ofrecerles una oportunidad magn√≠fica de crecer en n√ļmeros. Si hubieran sido m√°s eficaces, la no-confirmaci√≥n del fin del mundo podr√≠a haber presagiado el principio de algo grande para ellos, y no el fin.

Por supuesto, no hay que olvidar que un porcentaje significativo de los miembros no eran reales y habían permanecido observando cínicamente todo lo que pasaba como parte de un experimento, lo que terminó por socavar la efectividad del grupo.

De lo que no hay dudas es de que la investigaci√≥n de Festinger ofrece una lecci√≥n sombr√≠a sobre la capacidad de resistir de las creencias. ¬ŅAlguna vez has tenido una discusi√≥n con alguien que no cambiar√≠a de opini√≥n, sin importarle los hechos, las pruebas o la l√≥gica que le presentaste? Por supuesto que s√≠.

Portada del libro When Prophecy Fails

El caso de Dorothy Martin y sus seguidores nos sugiere que es posible que en esas discusiones debamos de renunciar al esfuerzo de tratar de convencer, porque las creencias pueden sobrevivir f√°cilmente siendo refutadas, y de hecho, pueden acabar siendo m√°s fuertes que antes de la discusi√≥n. Y es que en el fondo de la tesis de Festinger est√° la idea de que esa ‚Äúno confirmaci√≥n‚ÄĚ de las creencias pudo haber sido el evento desencadenante responsable de la difusi√≥n de muchas religiones.

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En cuanto al resultado para este grupo tras el sonoro fracaso que supuso que en 1954 no fuera el fin del mundo, Festinger y sus colegas escribieron un relato de sus investigaciones bajo el título de When Prophecy Fails. Se trata de uno de los primeros casos de disonancia cognitiva aparecidos en un libro. Para proteger la privacidad de Martin y protegerse de los posibles pleitos legales, se refirieron a Dorothy como Marian Keech y fijaron todos los acontecimientos en una gran ciudad ficticia cerca de Chicago.

Sin embargo nunca fue un gran secreto que el tema de estudio se trataba de Dorothy Martin, incluso el mensaje de Navidad que Mariah Keech entrega cuando la profecía falla es el mismo, palabra por palabra, que el mensaje de Navidad de Dorothy aparecido en muchos periódicos en diciembre de 1954.

Con Martin empez√≥ una nueva era de profetas y religiones del fin del mundo, lo que deriv√≥ en un nuevo y lucrativo negocio para algunos, de hecho ella misma continu√≥ su carrera como profeta New Age. Se cambi√≥ el nombre por el de Hermana Thedra y viaj√≥ a Am√©rica del Sur, espaci√≥ donde estableci√≥ un peque√Īo centro religioso bajo el t√≠tulo de Abbey of the Seven Rays (la Abad√≠a de los 7 rayos).

Allí continuó con sus predicciones y con la cercanía de ese tiempo próximo de inundaciones, momento en el que una nueva Atlántida surgiría de los océanos… aunque en este caso se hizo menos específica acerca de la fecha en la que todo esto sucedería.

Con el paso del tiempo y la figura mesiánica de Martin apagándose la mujer regresó a Estados Unidos. Allí moría en 1988.

O quiz√°s debamos decir, en honor a su legado, que ese a√Īo por fin lleg√≥ la nave.