El concepto de “país seguro” se ha convertido en una herramienta clave de las políticas migratorias europeas. Pero, ¿qué ocurre cuando esa categoría se enfrenta a los principios del derecho al asilo? Alemania se encuentra en el centro de una controversia tras un fallo del TJUE que podría obligar a reescribir parte de su estrategia migratoria.
Un fallo europeo que obliga a repensarlo todo

A comienzos de agosto, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que los Estados miembros pueden definir qué terceros países consideran seguros, pero bajo condiciones estrictas: deben hacer públicos los criterios utilizados y garantizar que toda la población de ese país esté a salvo de persecuciones, sin excepción por orientación sexual, etnia, religión o filiación política.
Aunque el caso afectaba a dos ciudadanos de Bangladés cuya solicitud fue rechazada en Italia, la sentencia resuena con fuerza en Berlín. Alemania, que también mantiene su propia lista de “países de origen seguros”, estudia ampliarla para incluir a naciones como Argelia, India, Marruecos y Túnez, basándose en bajas tasas de reconocimiento de asilo.
Reformas bajo presión y cuestionamientos políticos

El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, impulsa una reforma legal que permitiría aprobar por decreto qué países se consideran seguros, excluyendo al Bundestag y al Bundesrat del proceso. A la par, busca acelerar deportaciones y reducir el acceso a asistencia jurídica para solicitantes rechazados, con el objetivo de frenar la migración “ilegal”.
Pero la oposición no tardó en reaccionar. Filiz Polat (Los Verdes) celebró el fallo europeo como un avance para los derechos humanos, mientras Clara Bünger (La Izquierda) pidió revisar urgentemente la inclusión de países como Georgia y Moldavia, señalando la presencia de conflictos internos y violaciones sistemáticas de derechos.
La inclusión de Túnez y Argelia también genera controversia, ya que las relaciones homosexuales están penalizadas en ambos países, lo cual iría en contra del criterio del TJUE sobre la seguridad de toda la población. En paralelo, la UE explora crear centros comunes de repatriación, lo que podría reforzar la presión sobre terceros países y centralizar procesos.
Alemania, con sus planes aún en curso, deberá ahora equilibrar sus objetivos de control migratorio con las exigencias legales y éticas que impone Europa. Porque declarar un país como “seguro” no debería ser una cuestión administrativa: es una decisión que impacta directamente sobre vidas humanas.
Fuente: DW.