A finales del siglo I a. C., Roma llevaba décadas intentando resolver un problema llamado Partia. Era el gran poder situado al otro lado del Éufrates, el imperio que había destrozado al ejército de Craso en Carras y capturado unas insignias legionarias cuya pérdida se había convertido en una humillación política para los romanos.
Augusto eligió finalmente la diplomacia. Y en algún momento de aquellas negociaciones hizo llegar al rey parto Fraates IV un regalo bastante peculiar: una esclava romana llamada Musa.
Lo que ocurrió después resulta mucho más extraño. Musa pasó de concubina a esposa del rey, consiguió colocar a su hijo en la línea sucesoria y terminó apareciendo junto a él en las monedas del Imperio parto. Las fuentes antiguas incluso la relacionan con la muerte de Fraates IV. Y desde hace tiempo sobrevuela una pregunta todavía más sugerente: ¿Augusto había enviado simplemente una esclava o había colocado deliberadamente a alguien dentro de la corte enemiga?
Llegó como esclava y acabó eliminando a sus rivales del camino
Flavio Josefo es una de las principales fuentes para reconstruir la historia. Musa habría llegado a Partia enviada por Augusto y, tras convertirse en favorita de Fraates IV, tuvo con él un hijo conocido como Phraataces, el futuro Fraates V. La Encyclopaedia Iranica sitúa probablemente su llegada alrededor del 23 a. C., durante los acercamientos diplomáticos entre ambos imperios.
Su ascenso fue espectacular. Según Josefo, Musa convenció al rey de enviar a cuatro de sus otros hijos a Roma. Tradicionalmente se ha interpretado aquel movimiento como una maniobra para despejar el camino sucesorio de Phraataces, aunque los historiadores actuales advierten que Fraates también tenía motivos internos para alejar a posibles aspirantes que pudieran utilizarse contra él durante una rebelión.
Después llegó la parte más oscura. Fraates IV murió hacia el 2 a. C. y varias fuentes antiguas atribuyen su muerte a una conspiración de Musa y su hijo. La historiografía moderna considera probable su participación, pero las fuentes no son completamente inequívocas y no permiten reconstruir con certeza cómo ocurrió.
Phraataces se convirtió entonces en rey. Musa no desapareció detrás de él.
Hay una prueba que sobrevivió 2.000 años: las monedas
La moneda parto ofrece una evidencia extraordinaria porque constituye una de las fuentes directas más importantes que conservamos de aquella dinastía. En las acuñaciones de Fraates V aparece el joven rey en una cara y Musa coronada en la otra. El British Museum conserva varios ejemplares fechados entre aproximadamente el 2 a. C. y el 4 d. C.
Aquello era excepcional. Las mujeres reales rara vez aparecían en la moneda parta. Musa no solo consiguió hacerlo: algunas emisiones la identifican mediante una titulatura griega equivalente a “Musa, reina, diosa celestial”. La Encyclopaedia Iranica la considera la primera reina parta conocida que empleó los títulos Thea y Urania.
Todo apunta a que ejerció un poder político extraordinario junto a su hijo. Las fuentes antiguas afirmaron además que ambos contrajeron matrimonio, una historia que durante mucho tiempo se consideró escandalosa. Su historicidad sigue discutiéndose, aunque algunos especialistas consideran que las emisiones conjuntas respaldan la existencia de una unión oficial.
La teoría de que era una espía es irresistible. El problema es demostrarla
La posibilidad de que Augusto hubiera enviado a Musa para influir desde dentro en la corte parta aparece desde hace tiempo en las interpretaciones de su historia. Resulta tentadora: Roma envía una mujer a su adversario y esa mujer acaba teniendo acceso directo al rey, a la sucesión y finalmente al propio poder. Pero no existe una fuente antigua que diga que Musa fuera una agente secreta de Augusto.
De hecho, la investigación histórica moderna introduce un problema serio para esa teoría. Durante los últimos años de Fraates IV y el reinado de Fraates V, la política exterior en la que Musa tuvo influencia no siguió dócilmente los intereses romanos. La Encyclopaedia Iranica sostiene precisamente que este comportamiento contradice la imagen de Musa como agente de Roma.
Su historia terminó alrededor del año 4 d. C., cuando ella y su hijo fueron derrocados tras una rebelión interna. Fraates V huyó hacia territorio romano y murió poco después.
De Musa prácticamente desaparece entonces el rastro. Pero quedó una prueba diminuta de hasta dónde había llegado. Una mujer que entró en Partia como esclava terminó grabando su propio rostro en la plata con la que pagaba uno de los imperios más poderosos de su tiempo.