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Ciencia

Roma quiso hacer desaparecer un lago entero y puso a 30.000 hombres a perforar una montaña. La obra fue tan descomunal que nadie logró superarla durante 1.800 años

El emperador Claudio movilizó a 30.000 trabajadores para abrir un túnel de seis kilómetros bajo una montaña italiana. Once años después, celebró su inauguración con una batalla naval que terminó en caos.
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En el año 52 d. C., miles de personas se reunieron alrededor de un lago en el centro de Italia para presenciar uno de los espectáculos más extravagantes del Imperio romano. Sobre el agua aguardaban decenas de embarcaciones militares, rodeadas por soldados encargados de impedir cualquier intento de fuga. Los protagonistas eran prisioneros condenados a combatir hasta la muerte.

El emperador Claudio había organizado una gigantesca batalla naval para celebrar la culminación de una obra que parecía imposible: perforar una montaña de los Apeninos y abrir un túnel de aproximadamente seis kilómetros para desaguar el lago Fucino.

Según el historiador Suetonio, 30.000 trabajadores necesitaron once años para completar el proyecto. Su longitud fue tan extraordinaria que no sería superada por otro túnel hasta el siglo XIX. Sin embargo, la inauguración terminó convirtiéndose en un episodio bastante menos glorioso de lo que Claudio había imaginado.

Una montaña, 30.000 trabajadores y un túnel que parecía imposible

Roma quiso hacer desaparecer un lago entero y puso a 30.000 hombres a perforar una montaña. La obra fue tan descomunal que nadie logró superarla durante 1.800 años
Vista aérea del emisario Claudio-Torlonia, en Borgo Incile, cerca de Avezzano, Italia. La estructura hidráulica del siglo XIX permitió completar el drenaje del lago Fucino, un proyecto que los romanos habían iniciado más de 1.800 años antes bajo el emperador Claudio. © Marica Massaro / Wikimedia.

El lago Fucino, situado en la actual región italiana de Abruzos, era uno de los mayores del país. Su principal particularidad era que no disponía de una salida fluvial natural permanente, por lo que las variaciones de su nivel provocaban inundaciones y afectaban a las comunidades cercanas.

Julio César ya había considerado intervenir sobre el lago, pero murió antes de ejecutar el proyecto. Décadas después, Claudio decidió convertir aquella ambición en realidad. Entre los años 41 y 52, miles de trabajadores excavaron una galería bajo el monte Salviano para conectar el Fucino con el río Liri. La idea era utilizar la gravedad para evacuar el agua y recuperar terrenos destinados a la agricultura.

El desafío era monumental. Sin maquinaria moderna, los romanos tuvieron que abrir decenas de pozos verticales, algunos de más de cien metros de profundidad. Desde ellos, los equipos excavaban simultáneamente en diferentes direcciones hasta conectar las galerías. La pendiente debía calcularse con enorme precisión: una inclinación excesiva podía provocar daños por la velocidad del agua, mientras que una insuficiente dificultaría el drenaje.

Un estudio publicado en Sensors en 2019, realizado por investigadores de las universidades de L’Aquila y Salento, reconstruyó digitalmente el complejo sistema de entrada del túnel y confirmó la extraordinaria sofisticación de esta infraestructura. La investigación señala que fue el túnel más largo construido en la Antigüedad y que conservó ese récord hasta el siglo XIX.

Claudio organizó una batalla naval con miles de condenados para celebrarlo

Roma quiso hacer desaparecer un lago entero y puso a 30.000 hombres a perforar una montaña. La obra fue tan descomunal que nadie logró superarla durante 1.800 años
Entrada de una de las antiguas galerías de los Cunicoli di Claudio, excavadas en época romana bajo el monte Salviano. El sistema formaba parte de una extraordinaria obra de ingeniería que movilizó a unos 30.000 trabajadores durante once años para desaguar el lago Fucino. © Marica Massaro / Wikimedia.

La inauguración debía estar a la altura del proyecto. Según Tácito, en el libro XII de sus Anales, el emperador reunió embarcaciones de tres y cuatro filas de remos, tripuladas por unos 19.000 combatientes condenados. La cifra procede de una fuente antigua y no puede verificarse de forma independiente.

Los soldados rodearon el lago para evitar fugas, mientras las colinas se llenaron de espectadores llegados de Roma y de las localidades vecinas. Fue en ese escenario donde, según Suetonio, los prisioneros pronunciaron la célebre frase Ave, imperator, morituri te salutant: «Salve, emperador, los que van a morir te saludan». Claudio respondió «O no», una expresión que los combatientes interpretaron como un posible perdón y que inicialmente los llevó a negarse a luchar.

El emperador tuvo que intervenir para conseguir que comenzara el combate. Finalmente, las embarcaciones se enfrentaron y el espectáculo terminó con numerosos heridos. Lo curioso es que aquella frase, popularmente asociada con los gladiadores, no aparece documentada como un saludo habitual en los anfiteatros romanos. La referencia más conocida procede precisamente de este episodio protagonizado por Claudio.

El túnel funcionó, pero Roma nunca consiguió terminar realmente su proyecto

Cuando llegó el momento de abrir el desagüe, apareció una dificultad inesperada: el túnel no tenía la profundidad suficiente para evacuar el agua como se pretendía. Hubo que modificar las instalaciones y organizar una segunda inauguración. Según Tácito, en aquella ocasión el agua salió con tanta violencia que provocó el pánico entre los invitados a un banquete imperial.

La infraestructura permitió reducir parcialmente el nivel del lago, pero no consiguió hacerlo desaparecer. Además, necesitaba un mantenimiento constante. Los emperadores Trajano y Adriano impulsaron reparaciones posteriores, aunque el sistema terminó deteriorándose tras la caída del Imperio romano.

Durante siglos, distintos gobernantes intentaron recuperar la obra. Finalmente, en el siglo XIX, el príncipe Alessandro Torlonia promovió la construcción de un nuevo túnel que aprovechaba el trazado romano, aunque con mayores dimensiones. En 1878, más de 1.800 años después de la inauguración de Claudio, el lago Fucino fue declarado definitivamente desecado.

Actualmente, el antiguo fondo lacustre es una extensa llanura agrícola. La transformación, sin embargo, también tuvo consecuencias sociales: buena parte de los terrenos recuperados quedó bajo control de la familia Torlonia. Los restos romanos todavía pueden visitarse en el Parque Arqueológico de los Cunicoli di Claudio, en Avezzano, donde se conservan galerías y accesos de aquella infraestructura.

La historia de Fucino demuestra hasta dónde podía llegar la ingeniería romana, pero también revela sus límites. Claudio consiguió perforar una montaña y construir una obra sin precedentes. Lo que no consiguió fue controlar completamente el agua que pretendía dominar.

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