Santa Sofía siempre fue una construcción pensada para aplastar al visitante desde arriba. La cúpula, la luz, los mármoles, la escala casi teatral del edificio. Todo en ella invita a mirar hacia lo alto. Pero el último hallazgo obliga a hacer justo lo contrario: mirar hacia abajo.
Bajo el atrio de la antigua basílica, hoy mezquita de Santa Sofía en Estambul, un equipo documentó una red de túneles, bóvedas, cisternas y conducciones de agua que permaneció oculta durante siglos bajo el suelo de uno de los monumentos más visitados del mundo. El estudio, publicado en 2026 en Open Archaeology por el arquitecto Hasan Fırat Diker, describe al menos seis estructuras subterráneas interconectadas bajo el antiguo atrio del edificio.
El hallazgo no habla solo de pasadizos misteriosos. Habla de una Constantinopla enterrada, funcional y profundamente estratificada, donde cada época dejó su propia capa: Roma, Bizancio, el Imperio otomano y la Estambul moderna. La sorpresa mayor es la llamada Estructura 4, un túnel excavado en la roca que ya supera los 160 metros despejados y cuya orientación podría coincidir con una antigua vía romana que atravesaba la ciudad.
Bajo el atrio de Santa Sofía apareció una infraestructura que sobrevivió mejor que el propio patio

El atrio de Santa Sofía, el gran patio columnado que precedía al acceso de la basílica, desapareció en buena parte entre los siglos XVIII y XIX, explica Muy Interesante. Sobre la superficie, la historia cambió de forma. Bajo tierra, sin embargo, muchas de sus estructuras siguieron allí, bloqueadas por escombros y sedimentos.
La investigación comenzó a tomar forma después de trabajos de documentación digital realizados en años anteriores. En 2020 se llevó a cabo un escaneo láser de espacios subterráneos accesibles, y en 2022 el propio Diker y su equipo ya habían documentado en 3D túneles y conductos bajo y alrededor de Santa Sofía.
La nueva campaña permitió ir más lejos. Según el estudio, los trabajos de limpieza iniciados a comienzos de 2025 por la Dirección General de Fundaciones de Turquía revelaron estructuras que hasta entonces no habían podido estudiarse con precisión. La operación obligó a retirar toneladas de material acumulado y a trabajar en espacios estrechos, oscuros y mal ventilados, más cercanos a una mina que a una excavación arqueológica convencional.
El resultado fue una especie de mapa secreto bajo el atrio: bóvedas, galerías, cisternas y conexiones que no pertenecen a una sola época ni a una única función.
Siete conducciones de agua bajo un mismo espacio: Santa Sofía también era una máquina hidráulica
Una de las zonas más reveladoras es la Estructura 1, una gran bóveda situada bajo el ala noreste del atrio. Allí aparecieron siete conducciones de agua de diferentes periodos, desde tuberías de terracota asociadas a fases antiguas del complejo hasta cañerías metálicas mucho más recientes.
Ese dato cambia la imagen habitual de Santa Sofía. No era solo un espacio religioso, imperial o ceremonial. También formaba parte de una red técnica de abastecimiento y distribución de agua que conectaba edificios, patios, cisternas y espacios de servicio.
En una ciudad como Constantinopla, eso no es un detalle menor. El agua era infraestructura de poder. Las cisternas, acueductos y conducciones permitían sostener palacios, baños, iglesias, mezquitas, jardines y barrios completos. Lo que aparece bajo Santa Sofía encaja con esa lógica: una arquitectura monumental arriba y una arquitectura funcional abajo.
La investigación también menciona espacios con revestimiento de mortero hidráulico, un indicio claro de uso vinculado al almacenamiento o conducción de agua. Entre ellos destaca la Estructura 2, que podría ser una de las mayores cisternas conocidas dentro del complejo de Santa Sofía.
El túnel de 160 metros que podría haber sido una antigua calle romana
La pieza más llamativa es la Estructura 4. No parece una simple canalización ni una cámara auxiliar. Es un túnel tallado en roca viva, de alrededor de 1,5 metros de ancho y 2 metros de alto, que hasta septiembre de 2025 ya había sido despejado en más de 160 metros.
Lo más sugerente está en su orientación. El túnel se prolonga hacia el noreste, en dirección al área del Palacio de Topkapı, y hacia el suroeste, hacia Sultanahmet, aunque ambos extremos permanecen bloqueados por derrumbes. Según Diker, su posición podría coincidir con una vía romana propuesta por el historiador Albrecht Berger: la llamada Calle E, que habría recorrido la península histórica de Constantinopla.
La hipótesis es potente porque convierte el subsuelo de Santa Sofía en algo más que un sistema de servicio. Si la identificación es correcta, bajo el atrio podría conservarse el rastro de una arteria urbana anterior a la gran iglesia de Justiniano, construida en el siglo VI.
Dicho de otra forma: Santa Sofía no solo habría sido levantada sobre capas anteriores de la ciudad. También podría haber absorbido, cubierto y preservado una parte de la Constantinopla romana que existía antes de su forma más famosa.
Una red subterránea hecha de capas, reformas y usos que cambiaron durante más de mil años

El conjunto no responde a un único plano maestro. Esa es justamente una de las claves del descubrimiento. Las estructuras parecen haber sido construidas, modificadas, reutilizadas y bloqueadas en distintos momentos.
La Estructura 3 funciona como un túnel estrecho que se ramifica hacia otras galerías y podría conectar con espacios bajo el propio edificio. La Estructura 6, en cambio, resulta más enigmática: presenta corredores irregulares, vanos laterales y varios nichos rectangulares cegados posteriormente. Al no mostrar conducciones de agua claras en su tramo principal, pudo haber tenido una función distinta de la hidráulica.
Esa mezcla convierte el subsuelo del atrio en una especie de archivo arquitectónico. No un archivo de documentos, sino de decisiones materiales: por dónde se hacía pasar el agua, qué se selló, qué se reutilizó, qué se reforzó, qué quedó abandonado.
Y ahí aparece otro detalle fascinante. El estudio menciona refuerzos de piedra colocados a intervalos regulares en el túnel principal, interpretados por especialistas como posibles soluciones antisísmicas. En una ciudad golpeada repetidas veces por terremotos, ese tipo de estrategia podría explicar la supervivencia de algunas estructuras subterráneas durante tantos siglos.
El próximo desafío no será descubrir más túneles, sino decidir cómo contarle esto al público
La documentación se realizó con escáner láser terrestre, una herramienta que permite generar planos, secciones y modelos tridimensionales con gran precisión. Ese tipo de trabajo es clave porque estos espacios no son fáciles de recorrer ni de interpretar: son estrechos, oscuros, parcialmente bloqueados y frágiles.
El propio estudio deja abierta una posibilidad interesante: todavía quedan sectores sin excavar o sin documentar por completo. Las zonas bajo el ala noroeste y la posible extensión hacia el ala suroeste del atrio podrían revelar nuevas conexiones.
La pregunta que viene ahora es patrimonial. ¿Debe abrirse parte de este mundo subterráneo al público? ¿Puede hacerse sin poner en riesgo estructuras tan delicadas? Turquía ya había planteado en 2025 la intención de limpiar y restaurar sectores subterráneos de Santa Sofía, explica The Jerusalem Post, aunque el acceso turístico dependerá de criterios de conservación, seguridad y estabilidad.
Santa Sofía siempre fue contada como un edificio de cúpulas, imperios y religiones superpuestas. Este hallazgo suma otra lectura: también fue una pieza dentro de una ciudad técnica, hidráulica y subterránea. Una ciudad que no se veía, pero que hacía posible la vida de la que sí aparecía en los mosaicos, los patios y las crónicas.
Quizá lo más impresionante del descubrimiento no sea que haya túneles bajo Santa Sofía. Lo impresionante es que, después de casi 1.500 años de mirarla, todavía no habíamos terminado de verla.