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Ciencia

Los secretos más antiguos del sistema solar estaban en Bennu. La NASA confirma azúcares biológicos, ‘goma’ espacial y polvo de estrellas en el asteroide

Las muestras traídas por OSIRIS-REx están revelando un mosaico químico que no se había visto jamás en un asteroide. Azúcares esenciales para el ARN, un material gomoso desconocido en la mineralogía espacial y una inesperada concentración de polvo de supernova están obligando a reescribir cómo se formaron los primeros cuerpos del sistema solar… y qué ingredientes pudieron sembrar la vida.
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Cuando OSIRIS-REx tocó el asteroide Bennu en 2020, nadie imaginaba que aquel brevísimo contacto abriría una ventana tan contundente al pasado del sistema solar.

Ahora, tres estudios publicados en Nature acaban de certificar que las rocas traídas a la Tierra contienen moléculas orgánicas de enorme relevancia biológica, compuestos desconocidos y polvo de estrellas anterior al Sol. No es exageración: dentro de esas partículas hay pistas directas sobre cómo surgieron los ingredientes iniciales de la vida.

Azúcares que apuntan al origen del ARN

Los secretos más antiguos del sistema solar estaban en Bennu. La NASA confirma azúcares biológicos, ‘goma’ espacial y polvo de estrellas en el asteroide
© NASA/Goddard/University of Arizona.

Uno de los hallazgos más sorprendentes proviene del equipo japonés dirigido por Yoshihiro Furukawa. En las muestras aparece ribosa —una pieza indispensable del ARN— y, por primera vez en material extraterrestre, glucosa. No implica vida, pero sí demuestra que los azúcares que hoy articulan los mecanismos genéticos ya circulaban libremente por el sistema solar primitivo.

Lo llamativo es lo que no encontraron: desoxirribosa, el azúcar del ADN. Para los investigadores, este patrón fortalece la hipótesis del “mundo de ARN”, donde las primeras moléculas funcionales en la Tierra habrían utilizado solo ribosa para almacenar información y catalizar reacciones químicas antes de que existiera el ADN.

Una ‘goma’ espacial que no se parece a nada conocido

El segundo resultado, liderado por Scott Sandford y Zack Gainsforth, describe un material que desconcertó incluso a los especialistas: una sustancia maleable, rica en nitrógeno y oxígeno, capaz de doblarse bajo presión como un chicle antiguo, endurecida por millones de años de exposición a radiación.

Para identificarla, este equipo tuvo que recurrir a técnicas casi quirúrgicas: cortar granos mil veces más delgados que un cabello y analizarlos con microscopios electrónicos y haces de rayos X. La composición recuerda vagamente a polímeros como el poliuretano, pero con un nivel de desorden molecular que nunca se había visto en materiales espaciales.

Su existencia sugiere algo crucial: los asteroides podían generar compuestos complejos antes de volverse cuerpos acuosos, actuando como pequeños laboratorios químicos donde la materia orgánica se transformaba antes de alcanzar planetas jóvenes como la Tierra.

Polvo de estrellas en cantidades inesperadas

Los secretos más antiguos del sistema solar estaban en Bennu. La NASA confirma azúcares biológicos, ‘goma’ espacial y polvo de estrellas en el asteroide
© NASA/Robert Markowitz.

El tercer estudio, dirigido por Ann Nguyen, se centró en los granos presolares atrapados dentro de Bennu: fragmentos de estrellas que explotaron antes de la formación del Sol. El hallazgo es contundente: las muestras contienen seis veces más polvo de supernova que cualquier otro astromaterial analizado hasta ahora.

Esto implica que el cuerpo progenitor de Bennu nació en una región del disco protoplanetario particularmente rica en restos estelares. Y, sorprendentemente, parte de este material sobrevivió intacto pese a procesos de alteración por fluidos dentro del asteroide.

Para los investigadores, es una cápsula del tiempo sin precedentes: una mezcla de polvo antiguo, materia orgánica primigenia y compuestos que evolucionaron en entornos extremos.

Una historia que apenas empieza

OSIRIS-REx trajo a la Tierra menos de medio kilo de regolito. Pero en ese puñado hay señales químicas capaces de iluminar el origen de nuestro sistema solar y, quizá, los caminos que condujeron a la vida.

Con cada análisis se refuerza una idea que los astrobiólogos intuían desde hace décadas: los ingredientes fundamentales estaban ahí fuera, viajando en asteroides como Bennu mucho antes de que existiera nuestro planeta habitable.

¿Hasta dónde llegará esta historia cuando el resto de las muestras se estudie con tecnologías aún más precisas? Esa es la verdadera incógnita. Y Bennu, por ahora, sigue dando respuestas que nadie esperaba.

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