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Ciencia

Bennu vuelve a reescribir la historia del sistema solar. Detectan azúcares del ARN, una ‘goma’ jamás vista y un exceso anómalo de polvo de supernova en las muestras de OSIRIS-REx

Los primeros análisis profundos de las muestras del asteroide Bennu han revelado tres hallazgos que alteran lo que creíamos saber sobre el origen químico del sistema solar: azúcares esenciales para el ARN, un misterioso material con textura de “goma espacial” y una insólita concentración de polvo estelar previo al nacimiento del Sol. Tres pistas nuevas para una historia aún incompleta.
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Bennu ya era una cápsula del tiempo, pero los nuevos estudios publicados en Nature Geoscience y Nature Astronomy amplían esa idea hasta límites inesperados. Las muestras traídas por OSIRIS-REx contienen piezas químicas que parecen colocadas deliberadamente para responder algunas de las preguntas más antiguas: cómo se formó la vida, qué materiales sobraron del nacimiento del sistema solar y qué secretos se esconden en asteroides que sobrevivieron intactos miles de millones de años.

Una colección de azúcares que apunta al “mundo de ARN” del origen de la vida

Bennu vuelve a reescribir la historia del sistema solar. Detectan azúcares del ARN, una ‘goma’ jamás vista y un exceso anómalo de polvo de supernova en las muestras de OSIRIS-REx
© NASA/University of California, Berkeley.

Lo que primero llamó la atención del equipo liderado por Yoshihiro Furukawa fue la presencia simultánea de ribosa y, por primera vez en una muestra extraterrestre, glucosa. La ribosa es un azúcar de cinco carbonos imprescindible para formar la columna vertebral del ARN, mientras que la glucosa es una de las fuentes de energía más utilizadas por la vida terrestre. Y, sin embargo, lo más revelador no es lo que está presente, sino lo que no aparece: ni rastro de desoxirribosa, el azúcar clave del ADN.

Esa ausencia refuerza una hipótesis que lleva décadas ganando terreno: antes de que existiera el ADN, el universo ya estaba produciendo ribosa con cierta abundancia, lo que coincide con la idea del “mundo de ARN”, donde la primera vida habría dependido de una molécula capaz de almacenar información y, a la vez, catalizar reacciones químicas. Con Bennu ya se habían identificado aminoácidos, nucleobases y ácidos carboxílicos. Con la aparición de ribosa, todos los ingredientes fundamentales para armar ARN están oficialmente presentes en un mismo asteroide.

Una ‘goma’ espacial jamás vista: un polímero caótico, flexible y primitivo

Bennu vuelve a reescribir la historia del sistema solar. Detectan azúcares del ARN, una ‘goma’ jamás vista y un exceso anómalo de polvo de supernova en las muestras de OSIRIS-REx
© NASA/Goddard/University of Arizona/Dan Gallagher.

Si el descubrimiento de azúcares parecía suficiente, otro grupo de investigadores halló algo aún más desconcertante: un material elástico, translúcido y rico en nitrógeno y oxígeno, parecido a una goma envejecida o a un plástico blando expuesto al sol. No existía nada así catalogado en meteoritos o muestras planetarias.

El equipo de Scott Sandford bautizó este hallazgo como una suerte de “espacio-goma”, un polímero irregular que probablemente se formó cuando el cuerpo progenitor de Bennu comenzó a calentarse. El proceso involucra reacciones entre amoníaco, dióxido de carbono y carbamatos en un ambiente que aún no había acumulado agua líquida.

Una vez creado, el polímero se volvió resistente y estable, como si hubiera quedado sellado antes de que los fluidos transformaran el resto del asteroide. Su existencia sugiere que la química prebiótica del sistema solar temprano fue más compleja y creativa de lo que imaginábamos, capaz de generar materiales flexibles que podrían haber servido de base para moléculas más sofisticadas.

Bennu oculta seis veces más polvo de supernova que cualquier otro astromaterial analizado

El tercer hallazgo apunta directamente al origen de Bennu. Ann Nguyen y su equipo analizaron granos presolares —fragmentos que preceden al nacimiento del Sol— y encontraron algo insólito: la mayor concentración de polvo de supernova jamás detectada en un asteroide, hasta seis veces más de lo registrado en muestras anteriores.

Ese exceso solo tiene una explicación plausible: el cuerpo original de Bennu se formó en una región del disco protoplanetario particularmente rica en restos estelares expulsados por supernovas recientes. La mezcla incluye granos de silicato extremadamente frágiles que suelen destruirse cuando un asteroide se altera por fluidos… pero en Bennu han sobrevivido, como si algunas zonas hubieran quedado protegidas de la actividad acuosa interna.

Es un testimonio directo de cómo se ensambló el sistema solar: no como una sopa homogénea, sino como un mosaico de materiales de diferentes estrellas, acumulados en zonas con historia química propia.

Una cápsula del tiempo más compleja de lo que creíamos

Los tres hallazgos convergen en una misma idea: Bennu no es solo un asteroide antiguo; es un archivo molecular extremadamente diverso. Contiene los azúcares que podrían haber alimentado las primeras moléculas biológicas, polímeros primitivos que no tienen precedentes en la ciencia de astromateriales y un registro denso de supernovas que influyeron en la composición del disco donde nació el Sol.

Todo indica que las piezas fundamentales de la vida —y la materia de la que están hechos los planetas— no aparecieron por azar, sino que fueron distribuidas por una compleja red de procesos químicos y estelares mucho antes de que existiera la Tierra.

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