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Ciencia

Si siempre tienes hambre, tal vez no sea la comida: son tus hormonas

Nuestro cuerpo habla todo el tiempo, aunque pocas veces sabemos escuchar lo que intenta decirnos. Ese es el punto central que plantea el biohacker y biólogo humano Gary Brecka, quien en su podcast Ultimate Human explica cómo tres hormonas —cortisol, leptina y grelina— gobiernan el estrés, el hambre y la energía diaria. Conocer cómo funcionan, afirma, puede transformar la relación que tenemos con la comida, el descanso y nuestras emociones.
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Brecka insiste en que el problema no es comer mucho o sentir ansiedad ocasional, sino desconocer las señales hormonales que regulan esos impulsos. “Estas tres hormonas pueden trabajar para ti o en tu contra”, asegura. Y cuando no entendemos su rol, terminamos luchando contra nuestra propia biología.

Cortisol: necesario, pero en su justa medida

Conocida como “la hormona del estrés”, el cortisol ha ganado mala reputación. Sin embargo, Brecka aclara que los picos breves son esenciales: nos mantienen alerta, despiertos y listos para actuar. El verdadero problema surge cuando el estrés deja de ser puntual y se vuelve crónico, manteniendo el cortisol alto durante todo el día.

El cortisol sigue un ritmo natural: sube por la mañana para activar el cuerpo y baja hacia la noche para favorecer el sueño. Si ese ciclo se altera —por falta de descanso, preocupación constante o exposición continua a estímulos— todo el sistema hormonal se desregula.

Investigaciones citadas por el experto muestran que técnicas como mindfulness, ejercicio aeróbico, contacto con la naturaleza y respiración profunda pueden reducir significativamente los niveles basales de cortisol. Incluso 20-30 minutos diarios en espacios verdes actúan como un “ansiolítico natural”.

Leptina y grelina: el dúo que decide cuándo tienes hambre

Mientras el cortisol regula el estrés, leptina y grelina controlan el apetito. La leptina —producida por la grasa corporal— envía señales de saciedad. La grelina —generada en el estómago— despierta el hambre. Ambas funcionan como un sistema de equilibrio finísimo.

El biohacker advierte que dietas demasiado restrictivas pueden disparar la grelina y reducir la leptina, generando más hambre y menos sensación de llenura. El cuerpo interpreta la restricción como escasez y responde reteniendo energía. Resultado: comer menos no siempre significa perder peso.

La leptina, además, cumple funciones más amplias: interviene en la inmunidad y la salud reproductiva. Cuando cae demasiado, el metabolismo se vuelve lento y el apetito aumenta.

Cómo recuperar el equilibrio hormonal

Brecka propone hábitos concretos para alinear biología y comportamiento:

  • Dormir en horarios regulares

  • Reducir ultraprocesados y priorizar proteínas

  • Comer en intervalos estables sin saltarse comidas

  • Ejercicio constante, especialmente de fuerza

  • Gestión del estrés y contacto con la naturaleza

  • Respiración profunda varios minutos al día

El mensaje final es claro: no se trata de fuerza de voluntad, sino de biología entendida y acompañada. Las hormonas no son enemigas; pueden ser aliadas si aprendemos a escucharlas. Pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden modificar nuestra energía, nuestro apetito y nuestra relación con el estrés sin necesidad de estrategias extremas.

Fuente: Infobae.

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