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Ciencia

Los huesos casi habían desaparecido bajo un convento de Pontevedra, pero algo mucho más frágil seguía allí. Los arqueólogos encontraron un cerebro humano conservado durante siglos y ahora intentan explicar cómo sobrevivió

Las excavaciones de Santa Clara ya habían dejado un hallazgo extraordinario: tejido cerebral preservado mientras los huesos desaparecían. Ahora apareció un segundo caso en el mismo coro, junto a tumbas, textiles y miles de objetos.
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Encontrar un cerebro humano conservado durante siglos ya era una rareza arqueológica. Encontrarlo en una tumba donde el cráneo y buena parte del esqueleto prácticamente habían desaparecido hacía el caso todavía más extraño.

Pero las excavaciones del convento de Santa Clara, en Pontevedra, acaban de añadir un giro inesperado: los arqueólogos han encontrado un segundo cerebro saponificado en otra de las tres tumbas excavadas en el mismo coro bajo. El hallazgo fue anunciado este 18 de septiembre por la Diputación de Pontevedra, apenas cuatro días después de presentar públicamente el primero.

Ambos restos corresponderían a personas enterradas entre los siglos XVI y XIX y son, en cualquier caso, anteriores a la reforma realizada en esa zona en 1915. Lo sorprendente es que los tres cuerpos excavados apenas conservan huesos, mientras que dos de ellos han mantenido algo muchísimo más delicado: parte de su cerebro.

El tejido blando sobrevivió donde los huesos no pudieron

Los huesos casi habían desaparecido bajo un convento de Pontevedra, pero algo mucho más frágil seguía allí. Los arqueólogos encontraron un cerebro humano conservado durante siglos y ahora intentan explicar cómo sobrevivió
© Alexandra L. Morton-Hayward.

La explicación está en un proceso conocido como saponificación. En determinadas condiciones húmedas y pobres en oxígeno, las grasas de un cadáver pueden transformarse en adipocira, una sustancia cerosa parecida al jabón que ralentiza enormemente la descomposición. El cerebro, rico en lípidos, puede verse favorecido por ese proceso. Lo contraintuitivo de Santa Clara es que ocurriera al mismo tiempo que el suelo atacaba estructuras normalmente mucho más resistentes.

La acidez característica de muchos terrenos gallegos puede destruir progresivamente huesos y otros materiales orgánicos. En estas tumbas, sin embargo, las condiciones locales parecen haber creado una especie de paradoja de conservación: desapareció gran parte del esqueleto, pero sobrevivieron tejidos blandos y textiles.

La Diputación considera que estos dos ejemplares serían los primeros casos documentados de estas características y cronología en la península ibérica. El segundo será trasladado a la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Santiago de Compostela, donde se realizará un estudio histológico para analizar su composición y estructura.

Y los cerebros son solo una parte de lo que apareció debajo del convento

Los huesos casi habían desaparecido bajo un convento de Pontevedra, pero algo mucho más frágil seguía allí. Los arqueólogos encontraron un cerebro humano conservado durante siglos y ahora intentan explicar cómo sobrevivió
© Diputación de Pontevedra.

Santa Clara está resultando prácticamente una cápsula arqueológica. Cerca del altar mayor apareció el enterramiento de un hombre identificado provisionalmente como una figura eclesiástica de los siglos XVI-XVIII. Todavía conserva los zapatos y una casulla casi completa, algo especialmente infrecuente en la arqueología gallega por la dificultad de que los tejidos sobrevivan tantos siglos.

En otro sector aparecieron además dos enterramientos infantiles, uno de ellos perteneciente aproximadamente a un niño de corta edad y con parte del calzado conservado. Los arqueólogos también han recuperado sudarios y otros tejidos asociados a las religiosas enterradas en la iglesia. Y después está todo lo demás.

La excavación acumula ya más de 3.000 objetos, entre cerámicas comprendidas entre finales del siglo XIV y el XIX, monedas, vidrio y piezas líticas. Entre los materiales estudiados se encuentra incluso porcelana china vinculada a la dinastía Ming, una pista de las redes comerciales y de la capacidad económica que pudo alcanzar el convento.

Los arqueólogos todavía no saben quiénes eran

Ahí comienza probablemente la parte más interesante. Los dos cerebros no tienen todavía una identidad definitiva. Tampoco una datación precisa dentro del amplio intervalo de los siglos XVI-XIX. Las próximas fases incluirán análisis de laboratorio y dataciones radiocarbónicas para reconstruir quiénes fueron esas personas y cuándo fueron enterradas. La Diputación prevé varios meses de trabajo después de terminar la campaña de campo.

El proyecto comenzó porque Santa Clara será rehabilitado como parte del Museo de Pontevedra. La intención era comprender qué había bajo sus suelos antes de transformar el edificio.

Lo que apareció terminó siendo mucho más extraño. Primero fueron las tumbas, los niños, el sacerdote vestido y miles de objetos. Después apareció un cerebro que había sobrevivido allí donde incluso su cráneo se estaba deshaciendo. Y cuando los arqueólogos empezaban a estudiar por qué había ocurrido algo tan improbable, otra tumba del mismo convento les dio exactamente el mismo problema.

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