En 1977 se rodó La espía que me amó, uno de los títulos más míticos de la saga de 007. En una escena de esa película, Roger Moore, en el papel de Bond, escapaba de los sicarios del villano de turno saltando al agua en un Lotus Esprit blanco que se convertía en submarino. Ese coche existe, funciona de verdad bajo el agua, y tiene una historia digna de una película.

El equipo de La espía que me amó utilizó ocho coches diferentes para el rodaje de la película. Algunos estaban modificados para mostrar los lanzamisiles y demás trucos que Q había preparado para Bond. Uno de estos coches era conocido por el equipo de rodaje como Wet Nellie y es, de hecho, un sumergible real construido sobre la carrocería de un Lotus por la empresa Perry Oceanographic, con sede en Florida. En la película parece totalmente estanco por un simple truco de postproducción, pero la versión real estaba llena de agua y su ocupante debía utilizar bombonas y mascara de buceo. Este piloto era Don Griffin, un Navy SEAL retirado y experto submarinista.

Advertisement

El Lotus modificado para desplazarse bajo el agua tampoco tenía frenos y la visibilidad desde el interior era muy deficiente. Pese a todo, las escenas consiguieron rodarse en las islas Bahamas, y el coche submarino pudo ser reflotado sin daños.

Cuando terminó el rodaje, Wet Nellie fue transportado a Long Island, Nueva York, donde permaneció en un almacén anónimo contratado por diez años. Parece que todos se olvidaron de la existencia del coche, porque diez años después la compañía propietaria de los almacenes organizó una subasta ciega para sufragar la deuda no pagada por el almacenamiento. La pareja que compró el contenido del almacén poco podía imaginar que estaba comprando una reliquia viva de la historia cine.

Advertisement

Desde entonces, Wet Nellie ha sido expuesto sólo en unas pocas ocasiones. Los días 8 y 9 de septiembre de 2013, la casa de subastas RM Auctions ha recibido el encargo de subastar este singular Lotus. Se espera que el precio del coche sobrepase las 500.000 libras (583.000 euros o 757.000 dólares). La cifra es elevada para un coche que sólo funciona debajo del agua y que no es muy seguro. Aún así está lejos de los 2,9 millones de libras que pagaron por el Aston Martin DB5 que conducía Sean Connery en Goldfinger y que se subastó en 2010. [RM Auctions, vía Gizmag]