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Supertifón Ragasa: la “reina de las tormentas” que azotó Asia y dejó un rastro de destrucción

El supertifón Ragasa golpeó con furia el Pacífico occidental en septiembre de 2025. Su paso devastó Filipinas, causó una tragedia en Taiwán y paralizó Hong Kong. Con vientos de hasta 270 km/h, dejó muertos, heridos, desaparecidos y cuantiosos daños, convirtiéndose en el ciclón más poderoso del año.

El supertifón Ragasa pasó a la historia como una de las tormentas más intensas del Pacífico. Bautizado “la reina de las tormentas”, su trayectoria barrió desde Filipinas hasta el sur de China, con consecuencias humanas y económicas de gran magnitud. Si bien la respuesta preventiva salvó vidas en Hong Kong, Taiwán vivió un escenario fatal con decenas de víctimas y más de un centenar de desaparecidos.

La furia de Ragasa en el Pacífico

Ragasa alcanzó vientos máximos sostenidos de 270 km/h, equivalentes a un huracán categoría 5 en la escala Saffir-Simpson. Su rápida intensificación se atribuyó a aguas oceánicas excepcionalmente cálidas. El ciclón, noveno de la temporada, superó con creces el promedio anual en la región.

El 22 de septiembre tocó tierra en el norte de Filipinas con más de 260 km/h, obligando a evacuar a 650.000 personas. Allí dejó entre 3 y 10 muertos, antes de avanzar hacia Taiwán y Hong Kong.

La tragedia taiwanesa

Aunque el ojo del tifón no impactó directamente en Taiwán, sus bandas externas desataron lluvias torrenciales en el sur de la isla. El punto más crítico se dio en Hualien, donde el desborde de un lago-barrera generó un alud de lodo y agua que destruyó el puente Mataian e inundó Guangfu hasta los tejados.

El balance inicial fue desolador: entre 14 y 17 muertos, 32 heridos y más de 120 desaparecidos. Las cifras fluctuaron debido a la complejidad de las operaciones de rescate en un escenario caótico. El primer ministro Cho Jung-tai pidió una investigación sobre por qué no se cumplieron a tiempo las órdenes de evacuación.

Hong Kong: parálisis preventiva

En Hong Kong, la estrategia fue diferente. El 24 de septiembre, el Observatorio local emitió la señal de huracán número 10 durante casi 11 horas, un récord histórico. La ciudad quedó prácticamente paralizada: se cancelaron más de mil vuelos, se cerraron escuelas, comercios y el transporte público quedó suspendido.

El ojo de Ragasa pasó a 100 km al sur con vientos de 195 km/h. El saldo humano fue contenido: un centenar de heridos y ninguna muerte. Sin embargo, se registraron 1.220 árboles caídos, 22 inundaciones y destrozos en infraestructuras, con un impacto económico considerable.

Lecciones de una tormenta histórica

El paso de Ragasa dejó lecciones distintas en cada región. Mientras la prevención masiva en Hong Kong evitó víctimas, la tragedia de Taiwán evidenció fallas en la gestión de riesgos. Filipinas, por su parte, volvió a mostrar su vulnerabilidad frente a ciclones extremos.

La “reina de las tormentas” de 2025 confirmó el aumento de fenómenos meteorológicos de gran magnitud en Asia, y la necesidad urgente de reforzar la prevención, la resiliencia urbana y la cooperación internacional.

Fuente: Meteored.

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