Mientras Elon Musk se enfoca en conquistar Marte con SpaceX, en el sur del continente una nueva historia comienza a escribirse. Argentina, con apoyo de la CONAE y desarrollo local, ha probado un motor espacial de segunda etapa que pone al país en una liga de élite tecnológica. La carrera por el acceso al espacio suma un nuevo competidor: latino y con ambiciones reales.
Un avance que cambia el juego para la industria espacial argentina

El proyecto fue liderado por VENG (Vehículo Espacial Nueva Generación), empresa estatal encargada de construir el lanzador Tronador II. Dentro del programa ISCUL, y con especialistas argentinos al frente, se logró un desarrollo íntegramente nacional que busca competir a escala internacional. El motor probado —MT-B— forma parte de la segunda etapa del cohete TII-250 y ha superado exigentes pruebas de validación.
Con una cámara de empuje refrigerada regenerativamente y alimentada por ciclo abierto, el propulsor está diseñado bajo los principios del movimiento New Space: eficiencia, bajo costo y rápida integración. Entre sus innovaciones destacan una cámara impresa en 3D, alimentación por turbobomba y técnicas avanzadas de atomización, situándolo entre los motores más modernos de su tipo.
Tecnología de punta y objetivos exclusivamente civiles

Durante su primer ensayo, el MT-B alcanzó un empuje de 4,1 toneladas, con capacidad de reencendido en vuelo y un tiempo total de quema de 600 segundos, superando todas las expectativas de estabilidad y rendimiento. Esta tecnología, aunque puede tener aplicaciones múltiples, fue diseñada con fines civiles y bajo regulaciones internacionales que garantizan su uso no militar.
Según el ingeniero Reimonte, desarrollar un motor con estas características requiere años de experiencia acumulada, algo que distingue a Argentina en un escenario donde pocas naciones diseñan y fabrican sus propios motores espaciales. “Mientras muchas startups apenas logran 200 kilos de empuje, nosotros apuntamos mucho más alto”, destacó.
Con este hito, Argentina no solo avanza en su capacidad tecnológica, sino que se posiciona como un actor serio en la exploración espacial. Una vez completadas las pruebas finales, su motor estará listo para despegar… y quizás incomodar a gigantes como SpaceX.