Transportan un contenedor de residuos nucleares de España a Colorado para comprobar si es seguro

Foto: Laboratorio Nacional de Sandia

Puede que un enorme contenedor de residuos radiactivos pasara por tu barrio. Pero no te preocupes: los desechos de su interior eran falsos.

A finales de 2017, Sandia Corporation (una filial de Lockheed Martin) completó un “triatlón nuclear” en el que un contenedor de material radiactivo fabricado por la empresa española ENSA recorrió 23.000 kilómetros de ida y vuelta entre España y el estado de Colorado, en Estados Unidos. Fueron ocho meses de viaje para investigar qué ocurre cuando mueves grandes cantidades de residuos radiactivos por tierra y por mar.

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Estados Unidos tiene más de cien plantas nucleares que generan el 20% de la energía eléctrica del país y, en consecuencia, producen grandes cantidades de residuos radiactivos. Desde hace décadas, el Departamento de Energía intenta crear un repositorio central bajo las montañas de Yucca Mountain (en Nevada) con el fin de almacenar todo ese combustible nuclear usado. Pero, por cuestiones políticas, el repositorio no ha abierto aún y las propias plantas nucleares han tenido que guardar el combustible usado por tiempo indefinido en contenedores de acero y hormigón.

Preparándose para el día en que haya que transportar esos residuos radiactivos, los científicos estudian ahora cómo podría afectar el transporte de larga distancia a todas esas barras de combustible nuclear.

Foto: Laboratorio Nacional de Sandia

Con ayuda de ENRESA —la empresa pública que gestiona los residuos nucleares en España—, investigadores de Sandia llenaron un contenedor de barras ficticias y lo transportaron por carretera hasta el escarpado norte de España, donde fue montado en una barcaza y bordeó la costa de Francia hasta Bélgica. A continuación fue transferido a un buque de carga y cruzó las aguas agitadas del Atlántico hasta Baltimore, donde se subió a un tren que atravesó 12 estados hasta un centro de pruebas en Pueblo, Colorado.

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La prueba fue diseñada para entender las vibraciones internas que sufrirán las barras de combustible nuclear en diferentes medios de transporte. Todos los contenedores modernos pasan pruebas de resistencia en las que se dejan caer desde cierta altura, se envuelven en llamas o se sumergen, pero este fue equipado con acelerómetros y medidores de presión para estudiar si los falsos residuos radiactivos sufría durante el viaje.

Según dijo uno de los científicos a The Verge, el viaje fue tan “suave” para las falsas barras de combustible nuclear que el golpe más duro que recibieron fue equivalente al de “una avispa golpeando una pared”.

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Matías S. Zavia

Matías tiene dos grandes pasiones: Internet y el dulce de leche

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