Image: Fairmont Empress Hotel (Wikimedia Commons)

Pocas veces se pueden contar historias tan surrealistas como la que tuvo lugar a comienzos del nuevo milenio en la Columbia Británica. En este relato verídico hay tres protagonistas y un damnificado. El cliente de un hotel, pepperoni (muy picante), gaviotas (muchas) y una habitación. Esto fue lo que ocurrió.

Año 2001, Nick Burchill, un reservista naval de Nueva Escocia, se encontraba en Victoria, Columbia Británica (Canadá), para una conferencia relacionada con el trabajo. El hombre decide hospedarse en el Fairmont Empress Hotel, un establecimiento de lujo de alta categoría, un espacio de renombre durante décadas en el centro de la ciudad.

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Cuando Burchill llegó desde la costa este, sabía que se reuniría con algunos amigos de la armada cuando terminara el temporal que estaba teniendo lugar. De hecho, Nick había llevado un regalo: barras de Chris Brothers Pepperoni, un manjar de Nueva Escocia muy querido entre los lugareños.

Además, como no quería que nadie se sintiera excluido, trajo más de la cuenta, quizás demasiado. Para mantener el embutido fresco y comestible hasta que pudiera entregárselo a sus amigos, Burchill abrió la ventana de su habitación de hotel y colocó el enorme “salchichón” para que se “aireara”.

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Pensó que el aire fresco de la primavera sería suficiente para refrigerar los regalos. Sin más, se fue a la ducha y salió a dar una vuelta que duró aproximadamente cuatro o cinco horas. Lo que sucedió a continuación es parte de la leyenda del hotel. Según Burchill:

Había extendido los paquetes de salchichón en una mesa y en el alféizar de la ventana. A la vuelta, recuerdo caminar por el largo pasillo y abrir la puerta de mi habitación para encontrar una bandada de gaviotas dentro. No tuve tiempo para contarlas, pero debieron haber sido alrededor de 40 y estuvieron en mi habitación comiendo pepperoni durante mucho, mucho tiempo.

En aquel instante Burchill descubrió que el pepperoni picante no concuerda con el sistema digestivo de una gaviota. La habitación estaba cubierta de excrementos de las aves por todos lados. Sin embargo, la inesperada entrada de Burchill sorprendió a los pájaros.

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Las aves, alteradas doblemente por la presencia de un ser humano en la habitación, comenzaron literalmente a extender toda su suciedad en cada uno de los rincones de la hasta hace unas horas, blanca e impoluta habitación llena de lujo. Dondequiera que volaran en la estancia, iban extendiendo los excrementos.

Image: Pixabay

Cuando salieron por la ventana, las gaviotas derribaron lámparas, adornos y cualquier cosa que no estuviese atornillada. Según Burchill, el caos resultante fue “un tornado de excrementoa de gaviota, plumas, trozos de pepperoni y pájaros”. Mientras luchaba por atravesar la habitación, el hombre logró abrir el resto de las ventanas de su suite para que los pájaros pudieran escapar.

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Para que la historia fuera un poco más esperpéntica, en el momento en que uno de los pájaros intentó volver a entrar a la habitación en busca de más comida, Burchill le arrojó el zapato. El zapato terminó en el césped delantero del hotel, y por poco le cayó a un grupo de ilustres visitantes.

Desde aquel día, y como es comprensible, el señor Nick Burchill fue vetado del Fairmont Empress, 17 años hasta que la semana pasada decidieron levantar la prohibición de por vida que le había caído. En realidad, la gerencia del hotel levantó la prohibición después de que Burchill les escribiera una apasionada carta explicando detalladamente el desastre relacionado con el pepperoni y las gaviotas, una historia que en su momento no supo cómo explicar.

Por cierto, con algo de guasa, Burchill incluyó una pequeña pieza de pepperoni de Chris Brothers en la carta en son de paz. [Times Colonist vía BoingBoing]