Durante décadas, Marte ocupó un lugar ambiguo en la exploración espacial: demasiado frío para la vida actual, pero demasiado complejo para haber sido siempre un desierto estéril. En 2025, una serie de investigaciones independientes aportó nuevas pruebas que consolidaron una visión distinta. El planeta rojo no solo tuvo agua, sino que mantuvo sistemas ambientales activos y duraderos, comparables a los de la Tierra en sus primeras etapas.
Un planeta recorrido por ríos y lagos persistentes
El primer gran avance llegó desde la órbita. El análisis de imágenes de alta resolución reveló casi 16.000 kilómetros de antiguos cursos de agua en las tierras altas del sur de Marte, una región conocida como Noachis Terra que durante años había desconcertado a los científicos.
Las estructuras identificadas —canales invertidos y crestas fluviales— mostraron redes extensas, algunas de más de 160 kilómetros, incompatibles con episodios aislados de deshielo. Los datos indicaron que hace más de 3.700 millones de años el planeta contó con precipitaciones regionales regulares, probablemente lluvias o nevadas, y con lagos estables que llegaron a llenar y desbordar cráteres.
Este escenario encajó con modelos climáticos que ya sugerían una atmósfera más densa y temperaturas más templadas antes de la pérdida del campo magnético marciano, un punto de inflexión que permitió al viento solar erosionar el aire y facilitar la fuga del agua al espacio.
Una roca con química compatible con la vida
Mientras los orbitadores reconstruían el paisaje antiguo, el rover Perseverance aportó una evidencia diferente, pero igual de reveladora. En el cráter Jezero, el vehículo analizó una roca apodada Cheyava Falls y extrajo una muestra conocida como Sapphire Canyon.
El estudio, validado por Nature, describió minerales y estructuras que, en la Tierra, suelen asociarse con actividad microbiana. Los instrumentos detectaron carbono orgánico junto con hierro, fósforo y azufre organizados en patrones repetitivos, además de minerales como vivianita y greigita, vinculados a reacciones químicas de baja temperatura en ambientes acuosos pobres en oxígeno.
Aunque los científicos evitaron confirmar la presencia de vida, coincidieron en que se trata de una de las biofirmas potenciales más sólidas identificadas hasta ahora en Marte.
Nuevas evidencias sugieren que hace millones de años, #Marte fue un mundo cálido, húmedo y lleno de vida, muy similar a la #Tierra.
¿Qué pasó con ese planeta vibrante? pic.twitter.com/oSyH87YiMD
— Jaime Maussan (@jaimemaussan1) December 22, 2025
Chispas eléctricas en la atmósfera marciana
El tercer hito de 2025 llegó desde el aire. Por primera vez, se detectaron descargas eléctricas dentro de remolinos de polvo marcianos. El micrófono de SuperCam, también a bordo de Perseverance, registró señales acústicas compatibles con chispas generadas por la fricción de partículas cargadas.
Este fenómeno, favorecido por la atmósfera delgada y rica en dióxido de carbono de Marte, tiene implicaciones profundas. Las descargas pueden producir compuestos altamente oxidantes capaces de destruir moléculas orgánicas, lo que ayudaría a explicar la desaparición del metano detectado durante años en el planeta.
Un Marte más terrestre de lo esperado
En conjunto, estos tres descubrimientos dibujaron un Marte dinámico, húmedo y energéticamente activo durante una etapa prolongada de su historia. Ríos sostenidos por precipitaciones, rocas con química compatible con la vida y una atmósfera capaz de generar descargas eléctricas acercaron al planeta rojo, como nunca antes, a la Tierra primitiva.
Comprender por qué ese mundo perdió su habitabilidad y qué rastros persisten no solo redefine la historia marciana: amplía las preguntas fundamentales sobre cuántos planetas pueden parecerse a la Tierra… y durante cuánto tiempo.
Fuente: Infobae.