Estados Unidos quiere que el próximo gran salto de la exploración espacial dependa cada vez más de las empresas privadas. La Administración de Donald Trump publicó una nueva Política Nacional de Transporte Espacial que encarga a la NASA estudiar cómo compañías comerciales podrían participar en futuras misiones capaces de llevar seres humanos hasta Marte y devolverlos posteriormente a la Tierra.
La directiva aparece en un memorando presidencial publicado por la Casa Blanca que sustituye la política anterior y establece nuevas prioridades para el transporte espacial estadounidense durante los próximos años.
El documento no anuncia una misión tripulada concreta ni establece cuándo debería aterrizar el primer astronauta estadounidense en Marte. En cambio, ordena comenzar a analizar las tecnologías, vehículos y modelos comerciales necesarios para que esa posibilidad pueda convertirse eventualmente en una operación viable.
Marte entra en los planes comerciales de Estados Unidos
Una de las instrucciones más llamativas del memorando consiste en pedir a la NASA que “explore arquitecturas comerciales” para enviar seres humanos a la superficie de Marte y devolverlos a la Tierra.
El concepto implica estudiar cómo podrían participar compañías privadas en diferentes partes de una futura misión: desde el lanzamiento y el transporte interplanetario hasta los sistemas de aterrizaje, soporte vital y regreso.

Antes de llegar a ese punto, la estrategia contempla aumentar también el acceso comercial robótico al planeta rojo, una etapa que podría permitir probar sistemas de navegación, comunicaciones, aterrizaje y operaciones sobre la superficie. El enfoque continúa una tendencia que Estados Unidos lleva años desarrollando en la órbita terrestre, donde empresas privadas ya transportan carga y astronautas hacia la Estación Espacial Internacional.
La Luna será otro paso fundamental
Marte no es el único destino contemplado en la nueva política. El memorando pide ampliar el transporte comercial hacia y desde la Luna, algo especialmente relevante para los planes estadounidenses de establecer una presencia más sostenida alrededor y sobre la superficie lunar.
La intención es que la infraestructura desarrollada para la órbita terrestre y la Luna pueda convertirse progresivamente en una red capaz de llegar más lejos.
En este escenario, las empresas podrían encargarse de una parte creciente de las operaciones mientras la NASA concentra recursos en exploración, investigación científica y tecnologías que todavía no disponen de un mercado comercial consolidado.
Estados Unidos quiere superar los 1.000 lanzamientos anuales
El documento fija además un objetivo considerablemente más inmediato: conseguir que para 2030 la infraestructura espacial estadounidense pueda soportar más de 1.000 lanzamientos y reentradas cada año.
Alcanzar semejante ritmo requeriría ampliar puertos espaciales, sistemas de control, instalaciones de lanzamiento y capacidad regulatoria, además de reducir los tiempos necesarios para volver a utilizar determinadas infraestructuras.
El objetivo refleja la transformación que está experimentando el sector espacial. Los cohetes reutilizables y la aparición de numerosos operadores privados han multiplicado el número de misiones posibles y están acercando la industria a una frecuencia de vuelos impensable hace unas décadas.
Today @POTUS signed a new National Space Transportation Policy, one that meets this moment of explosive growth and positions America to lead the next era of space.
In the 13 years since the last update to the Policy, U.S. launches have surged 10x: from 19 successful orbital… pic.twitter.com/3CzFLzrant— Director Michael Kratsios (@mkratsios47) August 20, 2026
No hay todavía una fecha para poner humanos en Marte
La nueva estrategia, sin embargo, no significa que Estados Unidos haya establecido oficialmente cuándo llegará una misión tripulada al planeta rojo.
Viajar a Marte supone desafíos muy superiores a los de una misión lunar: un trayecto de varios meses, exposición prolongada a radiación, sistemas de soporte vital extremadamente fiables y la necesidad de garantizar un regreso después de permanecer a decenas o cientos de millones de kilómetros de la Tierra. Por ahora, la orden consiste en estudiar cómo el sector comercial puede ayudar a resolver esas dificultades y construir la infraestructura necesaria.
La nueva política coloca así a Marte dentro de una estrategia más amplia: convertir empresas, inversiones privadas y asociaciones público-privadas en una pieza central de la expansión estadounidense más allá de la órbita terrestre.