Un estudio de la Universidad de Princeton, publicado en la revista Journal of Neuroscience, encontró que cuando hay múltiples estímulos presentes al mismo tiempo en el campo visual, esos estímulos compiten por representación neuronal suprimiendo mutuamente su actividad en la corteza visual. Ese hallazgo, de las investigadoras Stephanie McMains y Sabine Kastner, ofrece una explicación biológica concreta para algo que hasta entonces era solo una intuición: que un espacio abarrotado literalmente le exige más trabajo al cerebro que uno ordenado.
Kastner, que lleva dos décadas investigando los mecanismos de la atención, resume la conclusión de sus estudios de forma directa: el cerebro no es especialmente bueno para bloquear el desorden visual. En experimentos donde pedía a las personas concentrarse en un objeto mientras introducía otro en su campo de visión, sus escáneres seguían detectando una versión difusa de ese segundo objeto en la actividad cerebral, como si el cerebro no pudiera simplemente ignorarlo.
El experimento que probó que el cerebro no puede bloquear el caos
Según la investigadora, en cualquier entorno existe a la vez un impulso hacia los objetos que querés mirar y una atracción de los objetos que compiten por tu atención. Cuantos más objetos hay en el campo visual, más tiene que trabajar el cerebro para filtrarlos, lo que lo agota progresivamente y reduce su capacidad de funcionar con el correr de las horas. Ese mecanismo, señala Kastner, también podría ayudar a entender ciertos patrones de atención asociados al TDAH.
La hormona del estrés que sube cuando tu casa te agota
Ese desgaste cognitivo no se queda solo en el laboratorio. Un estudio del Centro sobre la Vida Cotidiana de las Familias de la UCLA, que documentó en profundidad la vida doméstica de 32 familias de clase media, encontró un vínculo entre cómo las personas describían sus propios hogares y sus niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés, medida a través de muestras de saliva a lo largo del día.
Un análisis posterior de esos datos, publicado por las psicólogas Darby Saxbe y Rena Repetti en la revista Personality and Social Psychology Bulletin, mostró que las mujeres que describían su hogar en términos de desorden y tareas inconclusas presentaban un perfil de cortisol diurno más plano, un patrón generalmente asociado a peores resultados de salud a largo plazo, mientras que quienes describían su casa en términos más restauradores mostraban un patrón hormonal más saludable.
Por qué las mujeres muestran más impacto que los hombres
Un dato llamativo del estudio de la UCLA es que el vínculo entre el desorden percibido y el aumento del cortisol apareció con claridad en las mujeres del estudio, pero no en los hombres, un contraste que los propios investigadores atribuyen, al menos en parte, a que la carga mental de organizar y mantener el hogar sigue recayendo de forma desproporcionada sobre ellas en los hogares de doble ingreso analizados.
Qué hacer con esta información
Ninguno de estos estudios sugiere que el desorden sea un defecto moral o una falla de carácter. Lo que muestran es un mecanismo neurológico y hormonal concreto: el cerebro procesa cada objeto visible en un espacio, ordenado o no, y ese procesamiento tiene un costo medible en atención y en estrés fisiológico a lo largo del día. Reducir el desorden visual de un espacio, incluso de forma parcial, es una de las pocas intervenciones ambientales con respaldo directo en neurociencia para aliviar parte de esa carga cognitiva.