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Ciencia

Excavaron 80 kilómetros de zanjas para convertir una turbera de Carolina del Norte en campos de cultivo. El proyecto fracasó, pero el drenaje siguió funcionando: ahora libera 130.000 toneladas de CO₂ al año

Un proyecto agrícola drenó una turbera que había acumulado carbono durante miles de años. Décadas después, el terreno sigue secándose y emitiendo CO₂. Para repararlo, científicos quieren hacer algo aparentemente simple: devolverle el agua.
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Durante miles de años ocurrió exactamente lo contrario de lo que sucede ahora. Plantas morían en un enorme humedal de Carolina del Norte y, al quedar empapadas de agua, se descomponían tan lentamente que parte de su carbono permanecía atrapado bajo tierra. Capa tras capa terminó formándose una turbera que en algunos puntos alcanza casi cinco metros de profundidad.

Después llegaron las excavadoras. Hace décadas, un proyecto intentó transformar unas 60 kilómetros cuadrados de estas tierras próximas a Belhaven en terreno agrícola. Para secarlas se abrieron alrededor de 80 kilómetros de zanjas de drenaje. El proyecto agrícola acabó abandonándose, pero las zanjas nunca dejaron de hacer su trabajo: continuaron sacando agua y exponiendo la turba al aire.

El resultado es una paradoja ambiental enorme. Un suelo que funcionó como almacén de carbono durante miles de años se ha convertido en una fuente que actualmente libera unas 130.000 toneladas de dióxido de carbono cada año. Ahora una empresa y varios científicos trabajan en una solución que consiste, esencialmente, en intentar invertir aquel experimento: bloquear las zanjas y volver a empapar el terreno.

El problema empezó cuando el agua desapareció

Excavaron 80 kilómetros de zanjas para convertir una turbera de Carolina del Norte en campos de cultivo. El proyecto fracasó, pero el drenaje siguió funcionando: ahora libera 130.000 toneladas de CO₂ al año
© The Nature Conservancy.

Las turberas funcionan como depósitos de carbono precisamente porque están mojadas. La falta de oxígeno dentro del suelo saturado ralentiza la descomposición de la vegetación y permite que la materia orgánica se acumule durante miles de años.

Eso ayuda a explicar su enorme importancia climática. Aunque ocupan alrededor del 3% de la superficie terrestre, almacenan más del 33% del carbono presente en los suelos del planeta. Cuando se drenan, aquella protección desaparece y la materia orgánica comienza a degradarse y liberar carbono.

En Belhaven ocurrió exactamente eso. Pero el CO₂ no es el único problema. La turba seca también puede arder y, a diferencia de un incendio forestal convencional, el fuego puede introducirse bajo tierra y continuar quemando durante semanas o meses.

En 2008, un incendio en el cercano Pocosin Lakes National Wildlife Refuge ardió tres meses en superficie y continuó humeando otros cuatro bajo tierra. En algunas zonas destruyó varios metros de suelo acumulado durante milenios.

La solución es bloquear las zanjas que se construyeron para secarla

Excavaron 80 kilómetros de zanjas para convertir una turbera de Carolina del Norte en campos de cultivo. El proyecto fracasó, pero el drenaje siguió funcionando: ahora libera 130.000 toneladas de CO₂ al año
© Public Radio East.

Pantheon Regeneration pretende restaurar el terreno elevando nuevamente el nivel del agua. La idea no consiste en crear un lago, sino en bloquear estratégicamente los canales de drenaje para retener la lluvia y recuperar la hidrología natural.

Después llegarían la eliminación de especies invasoras y la recuperación de vegetación autóctona. No es una teoría sin probar. Al lado se encuentra Pocosin Lakes, donde el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos ya ha rehumedecido más de 43.000 acres de turberas mediante estructuras que regulan el agua dentro de antiguos canales. Además de volver a acumular carbono, mantener la turba húmeda reduce el riesgo de incendios destructivos.

El proyecto privado tiene además una segunda parte: financiar la recuperación mediante créditos de carbono vendidos a empresas, con la aspiración de extender el modelo a hasta un millón de acres de turberas desde Virginia hasta el norte de Florida.

El cultivo desapareció. Sus zanjas siguen alterando el paisaje décadas después

Ahí está probablemente lo más llamativo de esta historia. Para transformar el humedal bastó con construir canales y dejar escapar el agua. Pero la turba situada debajo no era simplemente tierra inútil esperando convertirse en un campo agrícola. Era el resultado de entre 10.000 y 15.000 años de acumulación de materia orgánica, según los responsables del proyecto. Y una vez seca, perderla puede ser extraordinariamente rápido.

Por eso los científicos no están intentando inventar una tecnología complicada para capturar las 130.000 toneladas de CO₂ que salen anualmente del terreno. Están intentando restaurar el mecanismo que las mantuvo bajo tierra durante milenios.

Hace décadas cavamos 80 kilómetros de zanjas para sacar el agua. Ahora, para reparar el daño, la solución puede ser simplemente conseguir que esa agua vuelva a quedarse allí.

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