Con más de 13 millones de kilómetros cuadrados, la Antártida parece un territorio impenetrable. Sin embargo, bajo su hielo se esconden fenómenos que desconciertan incluso a los científicos más experimentados. En 2016 y 2017, un “agujero negro” del tamaño de Suiza apareció de repente en el mar de Weddell: la polinia Maud Rise, una cavidad oceánica que dejó al descubierto el mar abierto en pleno invierno antártico.
Una ventana en el hielo
Las polinias son aperturas temporales en la superficie del hielo marino. A veces aparecen cerca de la costa, empujadas por vientos extremos, y otras se forman en mar abierto, sostenidas por aguas cálidas que emergen desde las profundidades. Son fenómenos raros, pero cruciales: dejan pasar la luz solar, modifican la química del océano y pueden alterar el equilibrio climático a escala planetaria.
La polinia Maud Rise no solo impresionó por su tamaño, sino por su persistencia. No era una simple grieta: permaneció abierta durante semanas, como una herida en el hielo polar.
El papel oculto de la sal

El nuevo estudio revela que la clave estuvo en la salinidad. Corrientes inusualmente fuertes y remolinos turbulentos acumularon agua más salada en la superficie, lo que impidió que el océano se congelara de nuevo. El proceso se amplificó gracias al llamado transporte de Ekman, que llevó esa mezcla hacia arriba y alimentó el deshielo desde abajo.
Los investigadores describen la polinia como un “laboratorio natural” donde se puede observar en tiempo real cómo la atmósfera, el océano y la geografía submarina trabajan juntos para romper el hielo.
Un mensaje para el futuro
Aunque la polinia desapareció, su existencia lanza una advertencia. Eventos como Maud Rise pueden alterar la circulación oceánica y la distribución del calor en el planeta. Comprenderlos es esencial para predecir los efectos del cambio climático y anticipar un futuro en el que el hielo polar podría ser mucho más inestable de lo que imaginamos.
La Antártida, silenciosa y remota, volvió a abrir una grieta en nuestro conocimiento. Lo que parecía un agujero en el hielo es, en realidad, un recordatorio inquietante: el océano austral guarda secretos capaces de cambiar el destino climático de la Tierra.