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Un antiguo documento escrito en otomano registra el primer y único caso conocido de muerte por meteorito

Ilustración para el artículo titulado
Imagen: Unsalan et al. (Meteoritics & Planetary Science)

Aunque nos encantan las películas de meteoritos catastróficos, lo cierto es que no existe constancia de que ninguno de estos bólidos hayan matado nunca a nadie. Una serie de documentos recién descubiertos que se remontan a 1888 podrían ser el primer y único caso conocido de este tipo de accidente.

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De confirmarse, sería el primer caso de la historia de muerte por meteorito. Aunque se calcula que cada día golpean la superficie terrestre unos 17 pequeños meteoritos, ninguno de ellos ha tenido tanta puntería como para caerle a nadie. En 2016 hubo una explosión en India atribuida a un meteorito en la que falleció un conductor de autobús, pero la NASA descartó que se tratara de un meteorito por la forma, tamaño y configuración del pequeño cráter.

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De hecho, solo conocemos un único impacto directo de meteorito sobre una persona. La víctima fue una mujer llamada Ann Hodges. La señora Hodges estaba echando la siesta en su porche cuando un pequeño meteorito atravesó el tejado y la hirió en una pierna. La mujer sobrevivió sin más consecuencias que un feo hematoma. En cuanto a la piedra, se confirmó su origen extraterrestre. Actualmente está expuesta en el Museo de Historia Natural de Alabama.

La razón por la que los documentos de 1888 no se han aireado antes es porque nunca se habían traducido. Forman parte del Directorio General de Archivos Presidenciales de la República de Turquía, un cajón de sastre en el que se acumulan cientos de años de los temas más variopintos, desde tratados comerciales a informes de accidentes. Para rematar, los documentos están escritos en turco otomano y nunca hasta ahora se habían traducido a otro idioma.

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Tres de esos documentos describen un extraño incidente que tuvo lugar en lo que hoy es la ciudad de Sulaymaniyah, en Irak. A las 20:30 del 22 de agosto de 1888, los habitantes de la región observaron una gran bola de fuego en el cielo. Minutos después, una lluvia de rocas cayó del cielo sobre una aldea cercana, matando a un hombre, dejando paralítico a otro y produciendo abundantes daños por fuego en las cosechas.

La descripción de la lluvia de rocas encaja perfectamente en la estela de rocas que puede dejar la explosión de un meteorito en la atmósfera. En 2013, el meteorito de Chelyabinsk produjo un efecto similar, dejando un reguero de fragmentos, algunos de hasta 654 kilos. Por fortuna ninguno de los pedazos de aquél meteorito cayeron sobre personas. Todos los heridos de aquel caso se deben a la onda expansiva que la explosión dejó a su paso, la mayor parte en forma de cristales rotos.

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Imagen: Unsalan et al. (Meteoritics & Planetary Science)

Es imposible conocer con exactitud la velocidad, altura y tamaño del meteorito que describen esos documentos de 1888, pero el informe detalla las aldeas desde las que se observó la bola de fuego y a qué horas. lo que ha permitido a los astrónomos triangular la explosión y marcar la trayectoria más probable de los fragmentos hasta una colina cercana a Sulaymaniyah. Los informes de la época mencionan también una roca adjunta como prueba, pero esta se perdió con el paso de los años. [Meteoritics & Planetary Science vía Science Alert]

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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