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Un “barco del infierno” japonés se hundió con prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial. El Pentágono acaba de reabrir el caso

Un equipo de 15 buzos especialistas se sumergió en las aguas frente a las costas de Filipinas el mes pasado, iniciando una operación forense de recuperación que los científicos del Pentágono dicen que podría llevar “meses o años”.
Por Matthew Phelan Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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El Pentágono dio inicio a una de sus más grandes operaciones de recuperación submarina, con más de una docena de buzos especializados, para recuperar los restos de prisioneros estadounidenses que se ahogaron en el naufragio del “barco infernal” japonés Ōryoku Maru durante la Segunda Guerra Mundial (SGM).

Se cree que los restos de hasta 250 estadounidenses prisioneros de guerra siguen dentro del Ōryoku Maru, que originalmente era un barco civil japonés de transporte de pasajeros, que luego se comisionó para transporte de tropas y prisioneros y que naufragó en el mar de 1944.

La Agencia de Defensa y Contables de Prisioneros y Desaparecidos del Pentágono (DPAA) coordina con la Armada de EE.UU. y los tripulantes de la embarcación Salvor al equipo de buzos especialistas que se sumergió en aguas de la bahía Subic, a unos 5 kilómetros al noroeste de Manila, Filipinas, el mes pasado para comenzar con la búsqueda. La fase inicial de la misión, que se lleva a cabo en conjunto con el gobierno de Filipinas, se extenderá hasta abril. Pero se anticipa que la campaña puede llevar años.

La DPAA dijo que “se trata de uno de los esfuerzos de recuperación más complejos y de mayor envergadura”, en su declaración oficial. En el laboratorio de la DPAA en Honolulu, un equipo de antropólogos forenses espera analizar los restos, una vez recuperados.

“Es una de las prioridades nacionales de EE.UU.”, le dijo John Byrd, director de análisis científico, al South China Morning Post (SCMP). 

“Significativos desafíos operativos”

El naufragio del Ōryoku Maru se dio a solo 503 metros de la costa, y el barco naufragado está a una profundidad máxima de solo 27,4 metros, pero esa proximidad es engañosa. Para empezar, el naufragio se hizo estallar intencionalmente hace décadas para que no perturbara ni causara daños a los barcos comerciales que pasaran por allí. En segundo lugar, el sedimento fluvial suma problemas a la visibilidad, a la ya retorcida masa de acero destruido donde tienen que trabajar los buzos de la DPAA.

“El esfuerzo de recuperación presenta significativos desafíos operativos que requerirán el uso de avanzadas técnicas submarinas de recuperación e identificación”, según Byrd.

“Completar la excavación podría implicar múltiples misiones, que pueden demorarse por factores climáticos o de planeamiento, entre otros, lo que hace que el proceso pueda llevar meses o años”, continuó diciendo.

Hoy la misión Ōryoku Maru, según lo indica el comunicado de la DPAA, “destaca la perdurable alianza entre EE.UU. y Filipinas” que colaboró con generosidad en esta recuperación en sus aguas territoriales.

“Nuestro éxito depende de la fuerte colaboración en sociedad, y nuestro permanente respeto por  los caídos”, dijo el líder de la misión, Capitán del Ejército Estadounidense Barett Breland, en declaraciones.

Breland añadió que la misión “representa nuestro solemne compromiso por brindar a las familias y la nación el más preciso posible informe de las pérdidas”, aunque no se sabe qué restos podrían haber sobrevivido al deterioro de 80 años. El trabajo anterior de la agencia ha incluido casos espinosos como los “restos colectivos mezclados” que requirieron análisis de ADN y obstáculos legales después de una misión similar para recuperar restos de prisioneros de guerra del barco de prisión Enoura Maru, de Japón.

Sangriento naufragio en una guerra sangrienta

Los pilotos estadounidenses que volaban desde la cubierta del USS Hornet y el USS Cabo no tenían idea de que estaban bombardeando una prisión flotante con 1.556 de compatriotas y al menos 60 soldados aliados, atestados en un barco, según informes. Pero cuando el Ōryoku Maru buscó refugio en la bahía de Subic, los aviones de guerra estadounidenses efectuaron 177 ataques aéreos sobre el barco durante tres días de diciembre de 1944, un ataque tan brutal que hizo que los barcos de guerra japoneses huyeran.

Los guardias japoneses mataban indiscriminadamente a los prisioneros que intentaban escapar, y según los informes, algunos sobrevivientes luego relatarían que la sangre de los anti bombarderos japoneses goteaba desde la cubierta por las hendijas a la bodega del barco.

Un libro de historia, ganador del Pulitzer, relató este episodio: El sol naciente: la caída del impero japonés, 1936-1945, de John Toland [título original: The Rising Sun: The Decline and Fall of the Japanese Empire, 1936–1945] y cita un informe particularmente impactante de un coronel que estaba a bordo: “Muchos hombres enloquecían y armados con cuchillos se arrastraban en la oscuridad intentando matar a otros para poder beber su sangre”. Unos 1.290 sobrevivientes llegaron a la orilla. Del resto no se supo más nada.

Hubo unos 134 “barcos infernales” japoneses – así los llamaban las fuerzas estadounidenses – que transportaron aproximadamente 126.000 prisioneros aliados en la SGM, según el Comando del Legado e Historia Naval de EE.UU.

Tumbas submarinas

Hace décadas, el descubrimiento de un submarino militar japonés hundido en las profundidades de Pearl Harbor dio inicio a un intrincado debate legal sobre la propiedad oficial de este tipo de embarcaciones hundidas. La solución de EE.UU., en términos de ley marítima, fue la promulgación del Acta de Navíos Militares Hundidos, de 2004.

El informe indica que “las naves y aeronaves militares de EE.UU. están protegidas como propiedad soberana y permanente de EE.UU.”. Se aplica la ley a casi 1.700 naufragios militares de EE.UU. en los océanos del mundo, lo que hace que sea ilegal que las busquen otras naciones o aventureros particulares.

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