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Ciencia

Las conchas de ostras acababan en la basura. Florida empezó a devolverlas al mar y descubrió que podían reconstruir arrecifes, limpiar el agua y proteger la costa

Restauradores, restaurantes y voluntarios están devolviendo miles de conchas usadas a las aguas de Florida para ofrecer a nuevas ostras un lugar donde crecer. Lo que parece un simple ejercicio de reciclaje puede mejorar la calidad del agua, crear refugios para otras especies y amortiguar la erosión costera.
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Una ostra termina en un plato. Su carne desaparece en unos segundos y la concha, aparentemente inútil, acaba normalmente en un vertedero. Para un ecosistema costero, sin embargo, esa concha puede ser casi tan importante como el animal que vivía dentro.

Por eso diferentes comunidades de Florida llevan años haciendo algo aparentemente extraño: recoger las conchas que desechan restaurantes y consumidores, dejarlas durante meses al aire libre y devolverlas después al agua. No para deshacerse de ellas, sino para utilizarlas como los cimientos de nuevos arrecifes.

La razón está en cómo nacen las ostras. Sus larvas necesitan una superficie dura a la que adherirse y muestran una especial afinidad por las conchas de otras ostras. Cuando una población es explotada durante décadas y sus conchas desaparecen también del ecosistema, se pierde precisamente el sustrato que necesita la siguiente generación para establecerse.

El secreto no está en devolver ostras al mar, sino en devolverles el suelo donde pueden crecer

Las conchas de ostras acababan en la basura. Florida empezó a devolverlas al mar y descubrió que podían reconstruir arrecifes, limpiar el agua y proteger la costa
© Galveston Bay Foundation.

Florida no tiene un único megaproyecto que haya arrojado de golpe cientos de miles de toneladas. Existen numerosos programas locales de reciclaje y restauración, desde Tampa Bay hasta Charlotte Harbor y Miami-Dade, que recogen las conchas de restaurantes y otros puntos de consumo.

Antes de volver al agua tampoco se lanzan directamente desde las mesas de los restaurantes.

La Universidad de Florida explica que en el estado las conchas deben permanecer como mínimo tres meses curándose al aire libre. La exposición elimina bacterias potencialmente perjudiciales y permite que carroñeros terrestres retiren restos de tejido. Después pueden introducirse en bolsas, estructuras o arrecifes diseñados para que las nuevas ostras se adhieran a ellas. Y funciona porque un arrecife de ostras no es simplemente una acumulación de moluscos.

Es una estructura tridimensional en la que pueden refugiarse, alimentarse y reproducirse peces, cangrejos y numerosos invertebrados. NOAA considera estos arrecifes hábitats esenciales y señala que las poblaciones históricas de ostras del Golfo han disminuido un 85% o más por una combinación de sobreexplotación, tormentas, sedimentación y otros impactos humanos.

Una sola ostra puede filtrar hasta 190 litros de agua al día

Las conchas de ostras acababan en la basura. Florida empezó a devolverlas al mar y descubrió que podían reconstruir arrecifes, limpiar el agua y proteger la costa
© Emily Colson.

Cuando las nuevas ostras colonizan esas conchas aparece otro efecto.

Estos animales se alimentan filtrando el agua y retirando partículas y algas en suspensión. En condiciones adecuadas, una sola ostra adulta puede filtrar hasta 50 galones diarios, unos 190 litros. Multiplicado por miles de individuos, el efecto sobre un estuario puede ser considerable.

El agua más clara favorece además a las praderas submarinas, mientras que la estructura física del arrecife estabiliza sedimentos y crea zonas de cría para peces y crustáceos. Los arrecifes también pueden reducir la energía de las olas y contribuir a proteger las costas frente a la erosión.

En Tampa Bay el problema resulta especialmente visible. Tampa Bay Watch calcula que la superficie de arrecifes de ostras cayó desde unas 2.000 acres en la década de 1940 hasta unas 217 actualmente, una reducción cercana al 90%. La organización lleva desde principios de siglo construyendo arrecifes comunitarios para intentar recuperar parte de lo perdido. Y eso hace que la historia sea quizá más interesante sin necesitar las 500.000 toneladas del titular viral.

Las conchas de ostras acababan en la basura. Florida empezó a devolverlas al mar y descubrió que podían reconstruir arrecifes, limpiar el agua y proteger la costa
© Tom Bayles / WGCU.

No se trata de tirar residuos al océano y esperar un milagro. Se trata de devolver al ecosistema una pieza que llevamos décadas retirando de él. Una concha vacía puede parecer basura en un restaurante; en el fondo de una bahía puede convertirse en el lugar exacto donde empieza el siguiente arrecife.

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