La humanidad apenas se está acostumbrando a la idea de recibir visitantes de otros rincones de la galaxia. Primero fue ʻOumuamua, luego Borisov y ahora 3I/ATLAS, un cometa con nombre técnico pero con una historia que parece salida de una crónica cósmica. Su recorrido está repleto de preguntas y de encuentros estelares que apenas empiezan a desvelarse.
El cometa que vino de fuera

El 1 de julio de 2025, el sistema de alerta ATLAS detectó al cometa 3I/ATLAS, apenas el tercer objeto interestelar jamás visto. Procede de más allá de nuestro sistema solar y se desplaza a unos 220.000 km/h. Su máximo acercamiento al Sol será a fines de octubre, y telescopios como el James Webb ya lo observan con detalle, junto con misiones como Mars Express o JUICE.
La pista que dejó Gaia
A pesar de la atención internacional, nadie sabía de dónde venía este cometa. El equipo de Xabier Pérez Couto, de la Universidade da Coruña, recurrió a los datos de Gaia, el satélite de la ESA que cartografía más de mil millones de estrellas. Con ellos, retrocedieron la órbita del cometa hasta 10 millones de años atrás para compararla con posibles encuentros estelares.
Encuentros en la ruta cósmica
El análisis reveló 93 cruces con estrellas, de los cuales 62 fueron altamente confiables. Todas las interacciones se dieron con estrellas de secuencia principal, sin rastros de encuentros con cadáveres estelares como enanas blancas o estrellas de neutrones. El cruce más intenso ocurrió hace unos 72.000 años con HD 187760, situada a 84 años luz, aunque el efecto gravitatorio fue mínimo.
Una muestra de otros mundos

Lo más fascinante de 3I/ATLAS es su actividad cometaria: libera gases y polvo al acercarse al Sol, permitiendo a los astrónomos estudiar materiales que se formaron en otro rincón de la galaxia. Es, en palabras de los investigadores, “una muestra natural entregada a la Tierra”.
El enigma continúa
Aunque algunos cálculos lo relacionan con el disco fino de la Vía Láctea y otros con el disco grueso, su origen último sigue sin resolverse. Lo que sí parece seguro es que no será el último visitante: el Observatorio Vera Rubin promete detectar muchos más en la próxima década. Cada uno de ellos, como 3I/ATLAS, cargará con secretos que pondrán a prueba nuestras teorías sobre el cosmos.