Un equipo de astr√≥nomos ha calculado c√≥mo ser√° el final de ‚Äútodo‚ÄĚ. Los investigadores han estimado cu√°ndo y c√≥mo ser√° el fin del Sol, seguido de nuestro Sistema Solar. La buena noticia es que ninguno de los que est√° leyendo esto tiene de qu√© preocuparse. Pasar√° alg√ļn tiempo antes de que suceda.

Es m√°s, es posible que para entonces no existan humanos. El Sol tiene 4.6 mil millones de a√Īos de antig√ľedad, medidos en la edad de otros objetos en el Sistema Solar que se formaron al mismo tiempo. Por tanto, y seg√ļn las observaciones de otras estrellas, los astr√≥nomos predicen que alcanzar√° el final de su vida en aproximadamente 10 mil millones de a√Īos.

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Por supuesto, pasar√°n m√°s cosas por el camino. Cuentan que en unos 5 mil millones de a√Īos el Sol se convertir√° en un gigante rojo. El n√ļcleo de la estrella se encoger√°, pero sus capas externas se expandir√°n a la √≥rbita de Marte, envolviendo a nuestro planeta en el proceso, o lo que quede de √©l.

Image: La nebulosa Ojo de Gato (Wikimedia Commons)

Sin embargo y como dec√≠amos, no deber√≠a de preocuparnos. Es mucho m√°s preocupante lo que el propio Sol puede hacer al planeta Tierra. La estrella est√° aumentando su brillo en aproximadamente un 10% cada mil millones de a√Īos, y los investigadores creen que ese aumento en el brillo acabar√° con la vida en la Tierra.

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¬ŅC√≥mo? Nuestros oc√©anos se evaporar√°n y la superficie se calentar√° demasiado como para que se forme agua, a partir de ah√≠, y sin el l√≠quido esencial, todo es cuesti√≥n de tiempo.

Lo que ocurrir√° despu√©s de eso ha sido m√°s dif√≠cil de precisar. Seg√ļn el estudio que se acaba de publicar en Nature, los astr√≥nomos han determinado que, como el 90% de otras estrellas, nuestro Sol es m√°s probable que se reduzca desde un gigante rojo para convertirse en una enana blanca y luego termine como una nebulosa planetaria. Seg√ļn el astrof√≠sico Albert Zijlstra, de la Universidad de Mancheste y uno de los autores del documento:

Cuando una estrella muere, expulsa al espacio una masa de gas y polvo que puede llegar a la mitad de la masa de la estrella. Esto revela el n√ļcleo de la estrella, que en este punto de su vida se est√° ejecutando sin combustible alguno, eventualmente apag√°ndose y finalmente muriendo.

Es solo entonces cuando el n√ļcleo caliente hace que la envoltura expulsada brille por alrededor de 10.000 a√Īos, un breve per√≠odo en astronom√≠a. Esto es lo que hace que la nebulosa planetaria sea visible. Algunas son tan brillantes que se pueden ver desde distancias extremadamente grandes que miden decenas de millones de a√Īos luz, donde la estrella misma habr√≠a sido demasiado d√©bil para ver.¬†

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Image: La nebulosa de la Hélice (Wikimedia Commons)

Las nebulosas planetarias son relativamente comunes en todo el Universo observable, y se llaman así porque cuando las primeras fueron descubiertas por William Herschel a finales del siglo XVIII, tenían una apariencia similar a los planetas a través de los telescopios de la época.

Hace unos a√Īos los astr√≥nomos notaron algo peculiar: las nebulosas planetarias m√°s brillantes en otras galaxias ten√≠an aproximadamente el mismo nivel de brillo. Esto significaba que, al menos te√≥ricamente, al observar las nebulosas planetarias en otras galaxias, los astr√≥nomos pod√≠an calcular lo lejos que estaban.

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Durante a√Īos los modelos parec√≠an contradecir dicha hip√≥tesis, pero los nuevos modelos han resuelto el problema al mostrar que el Sol se acerca al l√≠mite inferior de masa para una estrella que puede producir una nebulosa visible. Para Zijlstra, ‚Äúno solo ahora tenemos una manera de medir la presencia de estrellas de miles de millones de a√Īos en galaxias distantes, incluso hemos descubierto lo que el Sol har√° cuando muera‚ÄĚ. [Nature v√≠a ScienceAlert]