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Ciencia

Un fraile del siglo XIV escribió sobre una tierra de gigantes al oeste. Su manuscrito perdido revela que Europa conocía rumores de América mucho antes de Colón

En 1345, el fraile milanés Galvaneus Flamma describió un territorio llamado Marckalada situado más allá de Groenlandia. El manuscrito, redescubierto y analizado en 2024, coincide con los relatos nórdicos sobre América del Norte y demuestra que las élites mediterráneas oyeron hablar de tierras occidentales más de un siglo antes del viaje de Colón.
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Cuando Cristóbal Colón zarpó en 1492, Europa creía estar abriendo una ruta inédita hacia el occidente. Pero la historia, como acostumbra, dejó pistas olvidadas. Entre ellas, un manuscrito medieval de 1345 donde un fraile italiano describía una tierra al oeste habitada por gigantes y cubierta de árboles verdes. Lo desconcertante es que esa tierra coincide con América del Norte.

El manuscrito que anticipó un continente antes de que Europa lo imaginara

Europa sabía más de lo que admitía. Un fraile del siglo XIV habló de gigantes y árboles verdes en una tierra occidental que hoy coincide con América
© Museo del Prado.

El texto aparece en la Cronica universalis, escrita por el fraile dominico Galvaneus Flamma. En uno de sus pasajes, relata que navegantes daneses y noruegos hablaban de Islandia, de una tierra llamada Grolandia y, más allá aún, de una región occidental conocida como Marckalada.

El fraile describe ese territorio como un lugar de bosques, animales abundantes y habitantes gigantes. Y, aunque suene fantástico, la identificación moderna es directa: la descripción coincide con América del Norte tal como era percibida por los nórdicos que la visitaron siglos antes.

El estudio, dirigido por Paolo Chiesa en la Universidad de Milán, confirmó que el manuscrito es la primera referencia mediterránea a esas tierras. Un dato que reescribe la historia del conocimiento geográfico europeo.

La huella vikinga que nunca desapareció del todo

Europa sabía más de lo que admitía. Un fraile del siglo XIV habló de gigantes y árboles verdes en una tierra occidental que hoy coincide con América
© X / GestasdeEspaNa.

Los hallazgos arqueológicos de L’Anse aux Meadows, en Terranova, demostraron que los vikingos llegaron a América hacia el año 999. Investigaciones genéticas posteriores revelaron una red de comercio que unía el Ártico, Groenlandia y los puertos europeos mediante marfil de morsa y otros bienes.

Esos contactos generaron historias que viajaron de boca en boca por los puertos del norte. Algunas, según muestra la Cronica universalis, llegaron incluso hasta los círculos académicos italianos mucho antes del Renacimiento.

La presencia de halcones peregrinos, aves árticas y descripciones precisas del clima refuerza la idea de que Galvaneus no inventó nada: simplemente recogió lo que circulaba entre los navegantes nórdicos.

¿Pudo Colón conocer estos relatos?

La pregunta es inevitable. Colón era genovés y se formó en un ambiente portuario donde transitaban comerciantes, marinos y estudiosos procedentes del norte. Chiesa señala que, aunque no existe una prueba directa, el contexto hace plausible que el explorador escuchara rumores sobre tierras occidentales antes de su travesía. Si eso ocurrió, el viaje del año 1492 no fue una intuición aislada, sino el capítulo final de un conocimiento fragmentario que venía circulando desde el siglo XIV.

El manuscrito de Galvaneus Flamma revela que la Europa medieval tenía más información sobre el Atlántico de lo que la historia tradicional reconoce.  Marckalada, la tierra de los gigantes y los bosques verdes, no era un mito: era la sombra lejana de América. Y su recuerdo, oculto durante siglos, demuestra que la exploración de 1492 fue el desenlace de una cadena de relatos que empezó mucho antes.

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