Imagen: René Heller/AIP

En 1995 descubrimos Belerofonte, el primer exoplaneta conocido. 22 años más tarde ya tenemos localizados más de 4000 (gracias, en buena parte, a los datos del telescopio espacial Kepler). Pero ¿qué hay de las lunas? Los satélites abundan en nuestro sistema y aún no hemos encontrado ninguno más allá de Plutón.

Siempre hemos dado por hecho que existen otras lunas aparte de las que orbitan los planetas de nuestro sistema solar, pero nunca hemos tenido constancia de la existencia de ninguna. Encontrar satélites lejanos ha demostrado ser una tarea muy complicada que incluso nos costó algún falso positivo en el pasado. Ahora un equipo de astrónomos de la Universidad de Columbia cree haber localizado la primera exoluna de verdad. Se llama Kepler-1625b I y está a 4000 años luz.

Tras analizar viejos datos recogidos por el telescopio Kepler, los investigadores creen que este gigantesco candidato a exoluna tiene el tamaño de Neptuno y se encuentra a una distancia de 1.300.000 kilómetros de su planeta, dentro de la denominada “esfera de Hill” de influencia gravitatoria. El planeta al que acompaña tiene un tamaño similar a Júpiter y diez veces su masa (lo que lo coloca cerca del límite entre planetas y estrellas enanas marrones). La pareja orbita a su vez orbita una estrella 1,7 veces más grande que el Sol.

Los investigadores planean confirmar el hallazgo usando el telescopio Hubble, que es mucho más potente. “Después de nuestro análisis más grande hasta la fecha, hemos detectado una fuerte señal candidata a exoluna en la curva de luz de Kepler-1625b”, escribieron en una solicitud de tiempo de observación del Hubble para el próximo 29 de octubre. “El planeta exhibe tres tránsitos en los datos de Kepler (periodo de ~287 días), en los que detectamos inmersiones de flujo fuera de tránsito consistentes con la presencia de una luna grande”.

El telescopio espacial Kepler mide el brillo de una estrella como si fuera su electrocardiograma: cuando un cuerpo pasa por delante de ella, causa una caída de luz que los astrónomos analizan para verificar la existencia y el tamaño de planetas y lunas, además de conocer su órbita. Hasta ahora hemos detectado más de 4000 exoplanetas con el método del tránsito, pero ninguna exoluna.

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“Los exolunas son difíciles de detectar porque las lunas suelen ser mucho más pequeñas que sus planetas huéspedes y normalmente no afectan a los cambios de luz durante el tránsito; a menos que la luna sea grande, como es el caso”, explica a Gizmodo Edward Guinan, profesor de astronomía y astrofísica en la Universidad de Villanova. “De hecho, una luna del tamaño Neptuno desafiaría nuestra comprensión centrada en el sistema solar de lo que es una luna”.

El descubrimiento de las exolunas es importante en tanto que los satélites naturales pueden proporcionar mundos habitables en sistemas solares inhóspitos, como la violenta enana roja TRAPPIST-1. Más cerca de casa tenemos las lunas Encélado y Europa, que además de océanos de agua líquida podrían albergar vida. Ya queda menos para que la NASA ponga en órbita el telescopio James Webb y podamos ver un poco mejor todos estos mundos desconocidos.

[Arxiv vía Naukas]