Un grupo de científicos drogó a varios pulpos con éxtasis. Lo que ocurrió después no se lo esperaban

Ryan F. Mandelbaum
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Cuando los humanos toman MDMA o versiones como el molly y el éxtasis, normalmente se sienten muy felices, extrovertidos y particularmente interesados ​​en el contacto físico. Recientemente, un grupo de científicos se preguntó si esta droga podría tener un efecto similar en otras especies, específicamente en los pulpos, un animal muy distinto a los seres humanos. Los resultados del experimento, en el que siete pulpos tomaron MDMA, fueron descritos como “increíbles”.

Los pulpos, aparte de su impresionante inteligencia, tienen poco en común con los humanos. Nos hemos estado moviendo a lo largo de diferentes ramas del árbol evolutivo durante 500 millones de años. En lugar de un cerebro confinado en una corteza, o una capa externa muy doblada como nuestro cerebro, el sistema nervioso descentralizado de un pulpo incluye centros de control para cada brazo, además del cerebro en sí.

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Teniendo en cuenta lo diferentes que somos, Dölen y su colega Eric Edsinger se preguntaron si la química detrás de los comportamientos sociales humanos —el sistema que controla la molécula de serotonina— también existía en el pulpo solitario y asocial. Comenzaron analizando el genoma del pulpo y descubrieron que también tiene genes que parecen codificar transportadores de serotonina, proteínas responsables de mover moléculas de serotonina hacia las células del cerebro. La serotonina es la molécula que se considera responsable de hacerte sentir bien. Cuando los humanos toman MDMA, este se une a las proteínas transportadoras de la serotonina y cambia la forma en que viaj entre las células cerebrales, lo que te coloca y deshinibe.

La diversión comenzó cuando los investigadores administraron MDMA a siete Octopus bimaculoides dentro de los tanques del laboratorio. Esperaban comprobar si los animales se comportarían más socialmente tras recibir una dosis de MDMA, una señal de que el fármaco se une a sus transportadores de serotonina.

Después de pasar un rato en un baño que contenía éxtasis, los animales se trasladaron a una cámara con tres salas a elegir: una habitación central, una que contenía un pulpo macho y otra que contenía un juguete. Esta es una configuración frecuentemente utilizada en estudios con ratones. Antes del MDMA, los pulpos evitaban el pulpo macho. Pero después del baño de MDMA, pasaron más tiempo con él, según el estudio publicado en Current Biology. También lo tocaron de una forma que parecía exploratoria, en lugar de agresiva.

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Esto parece significa que, a pesar de las diferencias entre nuestros cerebros, el comportamiento social está integrado en las moléculas codificadas por nuestro ADN, explicó Dölen.

“Un pulpo no tiene corteza cerebral y no tiene un circuito de recompensa”, dijo a Gizmodo Gül Dölen, profesora asistente de neurociencia en la Universidad Johns Hopkins. “Y sin embargo, es capaz de responder al MDMA y obtener los mismos efectos con una organización cerebral totalmente diferente. Para mí, eso significa que la parte funcional de estas cosas está en el nivel de la moléculas”.

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Probablemente tengas curiosidad: ¿se desmadraron los pulpos? Los científicos no discutieron ese comportamiento en el artículo, porque es difícil de cuantificar sin antropomorfizar los pulpos. Dölen me advirtió que lo que diría a continuación es evidencia anecdótica y no observación científica. Pero sí, los pulpos actuaron como actúa un humano que toma éxtasis. Al principio, cuando recibieron un poco de MDMA, respiraban erráticamente y se volvían blancos. Pero en dosis más bajas, uno de ellos “parecía estar haciendo ballet acuático”, nadando con los brazos extendidos. Otra pasó parte del tiempo haciendo volteretas, y otro parecía especialmente interesado en sonidos y olores menores.

“Fue un trabajo increíble, con un resultado completamente inesperado y casi increíble”, dijo a Gizmodo Judit Pugnor, investigadora postdoctoral de la Universidad de Oregón que no participó en el estudio. “Pensar que un animal cuyo cerebro evolucionó de manera completamente independiente del nuestro reacciona de forma conductual de la misma forma que lo hacemos con una droga determinada es absolutamente increíble”.

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Hay limitaciones en el estudio, por supuesto. Dölen señaló que siete pulpos no es una muestra lo suficientemente grande como para mostrar diferencias entre cómo los machos y las hembras reaccionan al MDMA, y dijo que le gustaría probar más a fondo los cambios en el comportamiento, así como lo que sucede si bloquean el transmisor de serotonina antes de administrar el MDMA. Tal prueba convencería a Dölen de que realmente estaba viendo los efectos del MDMA en los transportadores de serotonina. Pugnor también quería probar si la droga tenía diferentes efectos en los pulpos de distintas edades, o si la educación de un pulpo cambiaba su sociabilidad.

Está claro que las drogas psicoactivas como el MDMA, el LSD y los hongos mágicos están pasando por un renacimiento científico —están siendo estudiados como posibles tratamientos para la depresión y el TEPT— y, a medida que disminuye su estigma, los científicos están más abiertos a estudiarlos, y hay más financiación disponible para su investigación. Esto podría ser importante para nuestra comprensión de los cerebros de animales y humanos.

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“La gente está empezando a reconocer que estas drogas son herramientas poderosas para entender cómo evolucionó el cerebro”, dijo Dölen a Gizmodo. “Son fuertes activadores de estos comportamientos. No es algo sutil”.

[Current Biology]

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