Imagen: Getty

Hay muchos superlativos que pueden usarse para describir a los militares de Estados Unidos. Representa la mayor parte del presupuesto federal. Es extremadamente bueno matando gente. Y también es un prolífico emisor de carbono y un usuario de aceite en serie.

Un nuevo informe del Instituto Watson de Brown examina la huella de carbono diaria del Pentágono, el uso de petróleo y la cantidad de carbono que ha emitido la interminable Guerra contra el Terror. Muestra que si bien los militares son progresivos en términos de reconocer la amenaza que el cambio climático representa para el mundo, también es una gran parte del problema. Y si bien esto representa uno de los análisis más exhaustivos de la cantidad de carbono que emiten los militares, es probable que no capte lo contaminante que es el Pentágono.

El ej√©rcito es notoriamente cauteloso acerca de su huella de carbono. El Protocolo de Kyoto, el precursor de 1997 del Acuerdo de Par√≠s, exig√≠a que los pa√≠ses desarrollados del mundo rindieran cuentas de sus emisiones, pero dejaron una laguna notoria para optar por informar o reducir las emisiones militares. (La laguna fue dise√Īada por EE.UU., que luego, por supuesto, no firm√≥ el tratado). El Acuerdo de Par√≠s cerr√≥ esa laguna, aunque no dice nada sobre la reducci√≥n de la huella de carbono militar de los pa√≠ses. El Departamento de Defensa tiene una enorme flota de veh√≠culos, gestiona aproximadamente medio mill√≥n de instalaciones y tiene un gran amor por el secreto, lo que crea m√°s obst√°culos cuando se trata de estimar su impacto ambiental.

El nuevo informe recorre los registros p√ļblicos del Departamento de Defensa sobre su uso de combustible, as√≠ como la Agencia de Protecci√≥n Ambiental y el Departamento de Energ√≠a, que rastrean las emisiones de carbono de todas las agencias federales. Los hallazgos muestran que desde el 11 de septiembre, los militares compraron un promedio de 120 millones de barriles de combustible f√≥sil por a√Īo. En 2017, emiti√≥ 59 millones de toneladas m√©tricas de di√≥xido de carbono. Si fuera un pa√≠s, los militares ser√≠an b√°sicamente Portugal.

Advertisement

‚ÄúLa m√°quina de guerra est√° sedienta de petr√≥leo‚ÄĚ, dijo a Earther Neta Crawford, cient√≠fica pol√≠tica de la Universidad de Boston que escribi√≥ el informe. ‚ÄúEso es as√≠ debido a su necesidad de movilidad y operan en √°reas con temperaturas extremas. Necesitan mucha energ√≠a. Bueno, ‚Äúnecesidad‚ÄĚ deber√≠a estar entre comillas‚ÄĚ.

En el frente de las emisiones de carbono, el informe estima que la campa√Īa Guerra contra el Terror que los militares de EE. UU. lanzaron a ra√≠z de los ataques terroristas del 11 de septiembre son responsables del 35 por ciento de todas sus emisiones en el siglo XXI. El informe se√Īala que el Comando Central de Estados Unidos, el centro de comando responsable de las operaciones militares en el Medio Oriente y, por lo tanto, librando una vasta franja de la guerra posterior al 11/9, ha sido una gran fuente de esas emisiones.

Advertisement

Pero incluso el promedio anual de emisiones de 59 millones de toneladas m√©tricas que Crawford estim√≥ no captura la imagen completa del gran problema de la contaminaci√≥n por carbono del ej√©rcito. Crawford observ√≥ qu√© porcentaje de la fuerza laboral industrial de EE. UU. est√° empleado espec√≠ficamente en el complejo militar-industrial (alrededor del 15 por ciento) y realiz√≥ un c√°lculo de la parte posterior de la cantidad del complejo industrial-militar emitido al construir todas esas bombas, drones predadores, humvees, y otras herramientas de guerra. El informe muestra que la huella del complejo militar-industrial promedi√≥ 153 millones de toneladas m√©tricas de contaminaci√≥n por carbono al a√Īo. Eso lo pone aproximadamente a la par con las emisiones de Pa√≠ses Bajos.

El informe no incluye las emisiones relacionadas con la reconstrucci√≥n despu√©s de los horrores de la guerra, la quema de campos petroleros en Irak o la cantidad de otros pa√≠ses involucrados en la campa√Īa militar internacional. Pero entiendes la idea: la Guerra contra el Terror no solo ha sido un desastre absoluto para los millones de personas asesinadas y desplazadas, sino tambi√©n para el clima.

Advertisement

El enorme apetito de las fuerzas armadas por el combustible y las emisiones deslumbrantes se debe en parte a las enormes ineficiencias inherentes a los equipos que utiliza. Un humvee, por ejemplo, obtiene menos de 12 kilómetros por 4 litros de combustible diesel, mientras que un bombardero furtivo obtiene menos de medio kilómetro por 4 litros de combustible de avión. De acuerdo con el informe, con un alcance de 10.000 kilómetros, cada vuelo completo emite 251 toneladas métricas de dióxido de carbono.

Todo esto est√° sucediendo incluso mientras el Pent√°gono se prepara para mares crecientes que inundar√°n sus bases y un futuro m√°s caliente y m√°s violento.

Advertisement

‚ÄúHay una iron√≠a y tensi√≥n entre estar tan preocupado por los riesgos del cambio clim√°tico para las operaciones e instalaciones y los conflictos, y ser uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero del mundo‚ÄĚ, dijo Crawford. ‚ÄúEs como si dos y dos no fueran cuatro aqu√≠. Si uno ve un problema en el futuro, tratar√° de evitarlo. Pero en lugar de tratar de evitarlo, Estados Unidos act√ļa como si los conflictos del cambio clim√°tico fueran inevitables. Nada sobre los peores resultados es inevitable, todav√≠a podemos prevenirlos‚ÄĚ.

Para ese fin, el informe de Crawford muestra algunas v√≠as para reducir las emisiones en el ej√©rcito, como la elaboraci√≥n de planes para que cada instalaci√≥n militar reduzca su uso de energ√≠a. Tambi√©n existen otras ideas como el plan recientemente lanzado de Elizabeth Warren para descarbonizar al ej√©rcito, incluida la cadena de suministro que es una fuente de emisiones a√ļn m√°s monstruosa. O bien, EE. UU. podr√≠a reducir su ej√©rcito y tal vez dejar de iniciar guerras. Pero en √ļltima instancia, algo debe suceder porque la manera en que los militares arrojan carbono ahora est√° en oposici√≥n directa a su misi√≥n.

Advertisement

‚ÄúTenemos fuerzas de defensa, as√≠ que nos protegen‚ÄĚ, dijo Crawford. ‚ÄúSi a largo plazo, estas fuerzas de defensa nos hacen menos seguros, entonces debemos reconsiderar lo que estamos haciendo‚ÄĚ.