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Tecnología

Un ingeniero chino se cansó de los mosquitos y construyó una torreta con IA para cazarlos mientras duerme. Los detecta en pleno vuelo, los persigue por la habitación y los derriba con un disparo láser

Steven Cheng pasó cuatro meses fotografiando mosquitos, etiquetando imágenes y entrenando un modelo propio de aprendizaje profundo. El resultado parece un sistema de defensa antiaérea en miniatura: una cámara encuentra al insecto, la inteligencia artificial confirma el objetivo y una plataforma motorizada orienta el láser.
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Hay pocas cosas más frustrantes que escuchar un mosquito en mitad de la noche, encender la luz y descubrir que ha desaparecido. Steven Cheng decidió que una raqueta eléctrica, una trampa o un aerosol no eran suficientes. Su solución fue construir una máquina capaz de perseguirlos.

El prototipo tiene ruedas, cámaras, motores, una estructura metálica y un emisor láser. Puede recorrer una estancia, observar el aire y actuar cuando identifica un mosquito. Cheng asegura que lo dejó funcionando durante una noche y que, al despertar, todos los ejemplares de su casa habían sido eliminados.

No es todavía un producto comercial ni existe una prueba independiente que confirme esa eficacia. Pero el sistema funciona en las demostraciones publicadas por su creador y enseña hasta dónde puede llegar la combinación de visión artificial, robótica y un odio bastante profundo hacia los mosquitos.

Cuatro meses, una cámara réflex y una cantidad absurda de picaduras

Un ingeniero chino se cansó de los mosquitos y construyó una torreta con IA para cazarlos mientras duerme. Los detecta en pleno vuelo, los persigue por la habitación y los derriba con un disparo láser
© Bzigo.

La parte más difícil no fue conseguir el láser. Fue enseñar a la inteligencia artificial qué debía perseguir. Cheng utilizó una cámara réflex con un objetivo de gran aumento para capturar imágenes detalladas de mosquitos. Después tuvo que etiquetarlas y crear su propio conjunto de entrenamiento. Según explicó al presentar el proyecto, la recopilación de datos lo dejó con innumerables picaduras.

Con esas imágenes entrenó un modelo de aprendizaje profundo capaz de diferenciar a los mosquitos del fondo, otros insectos y pequeños elementos suspendidos en el aire. La cámara utilizada para producir los datos terminó convirtiéndose también en el principal ojo del sistema.

La versión más reciente incorporó visión térmica, servomotores, reductores armónicos y una plataforma de aluminio reforzado para mejorar la estabilidad del disparo. Cheng tardó aproximadamente cuatro meses en completar la construcción, según la descripción recogida por Tom’s Hardware.

Una defensa antiaérea diseñada para un dormitorio

El funcionamiento puede dividirse en tres pasos. La cámara escanea la estancia y detecta un posible mosquito. El modelo analiza la imagen y confirma que coincide con el insecto buscado. Finalmente, la plataforma motorizada calcula su posición, orienta el emisor y dispara un pulso láser.

Todo sucede mientras el mosquito continúa desplazándose. El verdadero logro no consiste únicamente en reconocer un diminuto punto negro, sino en mantenerlo localizado durante un vuelo rápido, irregular y difícil de predecir.

El sistema también incorpora una segunda cámara gran angular. Su función es comprobar que no haya personas, mascotas u objetos inflamables dentro de la trayectoria. Si identifica alguno, interrumpe la alimentación del láser y cancela el disparo.

El problema es evidente: una cámara de seguridad puede equivocarse. También existen espejos, superficies reflectantes, muebles, cortinas y movimientos inesperados. Un fallo en la detección podría convertir una herramienta contra insectos en un peligro serio para los ojos o provocar daños materiales.

Cheng no ha presentado certificaciones de seguridad, pruebas de laboratorio independientes ni planes para comercializar el dispositivo. Por ahora es un prototipo personal que funciona bajo su responsabilidad.

La idea parece ciencia ficción, pero lleva años saliendo del laboratorio

Cheng no fue el primero en imaginar una barrera láser contra mosquitos. El concepto de Photonic Fence lleva desarrollándose desde finales de la década de 2000 como una alternativa selectiva a insecticidas y trampas.

Una investigación publicada en Scientific Reports probó un sistema de 30 metros que utilizaba visión artificial, infrarrojos y pulsos de un láser de baja potencia. Con el láser desactivado se recuperó el 38% de los mosquitos liberados; al activarlo, la cifra cayó por debajo del 1%. El dispositivo también consiguió reconocer una especie de abeja y no dispararle.

La diferencia es que aquellas instalaciones funcionaban como barreras exteriores cuidadosamente delimitadas. Cheng trasladó la idea a un aparato móvil que dispara dentro de una vivienda. Quizá esa sea la parte más fascinante del proyecto. La tecnología necesaria para construir una defensa antimosquitos de ciencia ficción ya existe. El verdadero desafío no es conseguir que acierte. Es conseguir que nunca dispare al objetivo equivocado.

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